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Domingo, 16 de noviembre de 2003

El quinto elemento

Quién es Phil Spector, el hombre que quedó afuera del disco.

Por Martín Pérez
A fines del año pasado, la noticia era que Phil Spector finalmente había decidido abandonar su mítica reclusión para producir el segundo disco de Starsailor, la banda británica sensible del momento. Por eso la gente del Daily Telegraph se atrevió a intentar el milagro de pedir una entrevista. Les dijeron que sí, y un periodista del staff voló a Los Angeles. “Casi como era de esperar, en el hotel me estaba esperando un mensaje anunciándome que mi encuentro con Spector, planeado para el día siguiente, había sido cancelado, y que debía esperar instrucciones”, escribió Mick Brown, el periodista en cuestión. Esperó casi veinticuatro horas, hasta que sonó el teléfono y le avisaron que un auto lo esperaba en la puerta del hotel. No un auto cualquiera: un Rolls Royce Silver Cloud modelo ‘64, con una chapa que decía Phil 500. Oculto tras sus cortinas, Brown fue llevado por la autopista hasta el exclusivo barrio de Alhambra, y apenas se cerraron las puertas de la inmensa residencia de su entrevistado, lo invitaron a bajar del auto. “Al señor Spector le gusta que sus invitados caminen un poco”, le dijo el chofer mientras le abría la puerta.
Brown atravesó un bosque de pinos, unas escaleras de piedra y dio con una casa con forma de castillo, cuya puerta principal se abría a un pasillo que describió como “cavernoso”, con alfombras rojas y paredes de madera, custodiado a cada lado por una armadura medieval. Después de esperar casi media hora escuchando música clásica, sentado en un salón donde un dibujo de Picasso colgaba junto a otro firmado por John Lennon, sonaron unos acordes de Händel y una pequeña figura bajó por las escaleras. Vestido con un pijama de seda negra con sus iniciales bordadas en plata, anteojos azulados y unas largas botas cubanas, Phil Spector tenía “un aspecto bizarro, pero al mismo tiempo curiosamente majestuoso”. Aunque le aseguró a su entrevistador que no le gustaba hablar del pasado, Spector aprovechó la entrevista para explayarse con ganas sobre numerosas anécdotas que ya son parte de su leyenda.
Brown cuenta que el productor se entusiasmó cuando le preguntó por la grabación de “You’ve lost that lovin’ feeling”, el tema de Barry Mann and Cynthia Weil que les hizo grabar en 1964 a los Righteous Brothers, aunque utilizando principalmente la voz de Bill Medley y reservando apenas una parte menor a la otra mitad del dúo vocal, Bobby Hatfield. Acostumbrado a compartir siempre la voz principal, Hatfield le preguntó a Spector qué se suponía que tenía que hacer mientras Medley cantaba. “Podés ir llevando el dinero al banco”, fue su legendaria respuesta. “Así fue como sucedió”, confirmó Spector en la entrevista publicada por el Telegraph, y precisó que ese tema había pasado a ser el más programado e interpretado de la historia, superando a canciones como “Always” de Irving Berlin y “Yesterday” de Los Beatles. “Pero sólo digo esto porque entre McCartney y yo hay cierto asuntito pendiente”, aclaró.
Considerado como el primer productor de la historia del rock que se transformó en una estrella por derecho propio, Harvey Philip Spector fue bautizado por el mismísimo Tom Wolfe como The Tycoon of Teen –algo así como “El magnate de la adolescencia”– en un memorable artículo de 1964 reproducido en el libro que acompaña la fundamental caja que compila todos sus éxitos, Back to Mono. Hasta que Roger Waters arreó a su grupo hacia aquel álbum doble donde se quejaba de lo alienante que era ser tan exitoso, el único muro de la historia del rock era The Wall of Sound de Spector, nombre con el que se conocía su producción musical, luego tan imitada, que consistía en sumar y sumar instrumentos hasta conformar una virtual pared de sonido. Un concepto que su propio autor definió como “una aproximación wagneriana al rock: pequeñas sinfonías para los chicos”. Aun cuando las voces femeninas de las Ronettes o las Crystals –e incluso las de los Righteous Brothers– no suenen muy rockeras para un oyente acostumbrado al rock actual, el fascinante trabajo de Spector con los mejores compositores del Brill Building fue el que mantuvo viva la llama de la música juvenil durante el páramo que se abrió para el género entre el ingreso de Elvis Presley al ejército y la llegada de los grupos de la invasión británica. Algo que, en su momento, supieron reconocer tanto Brian Wilson de los Beach Boys como Andrew Loog Oldham, el productor de los Rolling Stones, que siempre confesaron abiertamente que consideraban a Spector como su maestro.
Con el álbum como principal instrumento, el éxito y el predicamento del rock arrasaron con la industria del single y también con el imperio de Spector, que a los 21 años ya era millonario y a los 26, después del fracaso del monumental River Deep, Mountain High grabado por Ike & Tina Turner, casi una figura del pasado. Por eso hay algo de justicia en el hecho de que justamente los Beatles (o al menos dos de sus integrantes, John Lennon y George Harrison), iniciadores de la revolución musical que lo condenó al ocaso, fuesen los encargados de sacarlo del olvido al comenzar la década siguiente. Primero, entregándole las cintas de lo que sería Let it Be; luego, poniendo en sus manos el inicio de sus respectivas carreras solistas. “Dios te bendiga, Phil” es la última frase que Harrison escribió en el texto que acompaña la reedición, realizada muy poco antes de su muerte, de All things must pass, el álbum triple producido por Spector. Si McCartney nunca pudo perdonarle a Spector que hubiera agregado esa orquesta y esos coros a “The long and winding road”, peor debe haberle caído el hecho de que fuera él quien dirigió la sesión de grabación de “How do you sleep?”, en la que Lennon se despachó contra él con tantas ganas.
Más allá de la imagen de villano que le confiere esta reedición de Let it Be (comandada indudablemente por Paul), el reclusivo Spector tiene otras cosas de qué preocuparse: por ejemplo, el cargo de asesinato que pende sobre su cabeza tras el arresto que sufriera en febrero de este año, cuando descubrieron el cadáver de Lana Clarkson con una bala en la cabeza en la mansión que tan bien describió Mick Brown. Liberado casi inmediatamente bajo una fianza de un millón de dólares, Spector declaró en una entrevista publicada por la revista Esquire que Clarkson, a quien había conocido esa misma noche, besó la pistola antes de suicidarse. Pero la policía de Los Angeles insiste en que no fue un suicidio sino un asesinato, y entre los cientos de leyendas violentas que llevan décadas apilándose contra Spector, muchas incluyen el uso indiscriminado de armas de fuego. Una particularidad que forma parte del anecdotario de los últimos discos que alcanzó a producir: Rock and Roll de John Lennon, Death of a Ladies’ Man de Leonard Cohen y End of the Century de los Ramones.
En la entrevista del Telegraph, realizada pocas semanas antes de la tragedia y luego tantas veces reproducida, Spector confirmaba en parte su leyenda de genio loco, tiránico egomaníaco y control freak demencial al asegurar que había demonios que peleaban dentro suyo: “No me he sentido muy bien. Me sentí lisiado por dentro. Emocionalmente. Insano no es una buena palabra, no es que estaba insano. Pero digamos que no me sentía lo suficientemente bien para funcionar regularmente en la sociedad”, declaró Spector entonces. “La gente dice que me idealiza y que quiere ser como yo, pero yo les digo: créanme, ustedes no querrían vivir mi vida. Porque no ha sido una vida placentera. He sido un alma torturada. No he estado en paz conmigo mismo. Y no he sido feliz.”

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