radar

Domingo, 25 de julio de 2010

Todos podemos estar en todo

 Por Liliana Herrero

Hugo se expresa a través de su música. Cuando uno escucha sus composiciones comprende que algo hondo lo atraviesa, que es el resultado de una notable reflexión sobre la música, aunque nunca lo declare.

Cuando habla dice cosas como éstas: que las cosas le salen así nomás, casi en total ausencia de reflexión, que él es simplemente muy estudioso y que se maneja con ciertos acordes acotados pero no desarrolla un despliegue armónico exhaustivo.

Una especie de timidez o de disconformidad en aquello que él mismo hace lo caracteriza. Su música así parece una especie de travesura y de revancha de lo que es capaz de hacer alguien que la ama profundamente y que encuentra en ella su único modo de ser.

La búsqueda musical de Fattoruso, eminentemente integradora y sensual, me parece que está promovida por la idea que todos podemos estar en todo si estamos dispuestos al único amparo de la música que al mismo tiempo que nos permite eludir los acentos propios de cada género y de cada región, nos permite escuchar aquellos sonidos que nos caracterizan y que señalan con fuera un territorio cultural y artístico. Me parece que su música está siempre en esa extraordinaria tensión entre las maravillas de la música universal y un lugar propio que en él pueden ser tanto el bolero como el tango o el candombe, para citar sólo algunos géneros que lo conmueven.

Caio, Hugo, Osvaldo y Pelin: Los Shakers. Buenos Aires, 1964

Al escucharlo uno piensa que es factible expresar una relación musical fundada en la atracción que la diversidad de mundos culturales siempre despierta.

Por eso su arte es un extraordinario sacudimiento interno. Es de tal índole y de tal intensidad que en sus obras uno puede escuchar todo lo que Hugo ha recibido de su familia, de sus viajes y fundamentalmente de su propio país, pero sobre todo de los sonidos absolutamente populares del Uruguay. Por eso su obra no es un producto... es un debate y una honra extraordinaria al legado recibido. Ya sabemos que la herencia puesta en debate con los sonidos del mundo contemporáneo produce una gran renovación de toda identidad ya que toda identidad busca renovarse para renovar el mundo.

La música de Hugo Fattoruso no sólo renueva el mundo, renueva los públicos y los oídos del que escucha.

Por eso y regresando al inicio de este escrito. Hugo no necesita explicar nada. Su parquedad deja lugar finalmente a la conmoción que su música provoca en la que se halla toda entera la cultura de la que hablamos.

Compartir: 

Twitter

Al mando de una Suzuki 50cc en el Circuito del Cerro, 1961
SUBNOTAS
 
RADAR
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.