Mark Oliver Everett, ante el lanzamiento de The Deconstruction, un nuevo disco de eels
“Puedo contribuir a que no se sientan solos”
A cuatro años de The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, el hombre que se hace llamar E vuelve con un disco en el que parece plantearse más respuestas que preguntas. “El desafío más profundo reside en dar de baja las defensas: ¿de qué nos protegemos tanto?”
“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.”“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.”“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.”“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.”“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.”
“No soy muy fan de mezclar política y música. Lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario.” 

Encontrar al padre en su cama, muerto de un infarto. Recibir por teléfono la noticia del suicidio de su hermana. Acompañar a su madre en el largo y doloroso camino de un cáncer de pulmón hasta el final. ¿Cómo manejaría el lector una seguidilla de muerte, tristeza y soledad como la recién descripta? ¿Qué haría con una repentina orfandad, con la total conciencia de estar solo en este mundo? Hace más de veinte años, Mark Oliver Everett decidió convertir todo eso en canción. Once discos de su banda eels (así, en minúsculas), un libro con sus memorias, un documental de la BBC en el que va detrás de los pasos de su padre, un físico poco reconocido en su momento cuya teoría de los universos paralelos más tarde resultó un descubrimiento fundamental... toda esa producción estuvo destinada a aliviar el dolor a la vez que se volvía un tema en sí mismo. Para Mr. E, la música es su familia: esa constelación inagotable de ideas artísticas no sólo es un refugio, también es una razón de ser que con los años aprendió a explorar y explotar, a partir de un método creativo que consistía en ser siempre fiel a su instinto. Tildado por él mismo como huraño, poco sociable, con problemas para relacionarse, la música se transformó en ese elemento, esa solución que lo vuelve permeable a los demás. 

Hacía cuatro años que no sacaba un disco con eels. El último, The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett (2014), funcionó como una especie de culminación estética de lo planteado en su libro Cosas que los nietos deberían saber: un recorrido puntilloso y sin metáforas por su vida, una ventana hacia sus lugares más vulnerables y sensibles. Su familia, sus amores, sus muertos, sus canciones. Cuatro años después, y luego de recuperarse de lo dificultoso y doloroso que resultó el proceso de The Cautionary..., decidió dar un volantazo y hoy se despacha con un nuevo disco que plantea un cambio de relación tanto con lo que dice como con a quién se lo dice: el flamante The Deconstruction brinda, a través de quince tracks, una estrategia para la vida que reside, básicamente, en romperlo todo para encontrar la belleza escondida dentro / detrás de las cosas. 

“Creo que con mi música puedo contribuir a que personas que no conozco ni me conocen puedan sentirse reconfortadas, sentir como que no están tan solos en ciertas situaciones”, asegura E, en diálogo telefónico con PáginaI12. La propuesta podría sonar un poco como de autoayuda, pero en la voz de Everett esos temas adquieren otro tipo de cariz. Quizás es su historia, quizás es su manera de hablar, ese modo directo y sin recovecos de decir las cosas. El hecho es que su (nuevo) planteo es el de una deconstrucción personal que habilita la posibilidad de un cambio necesario para el desarrollo de todas las personas, de cada persona. 

–En The Cautionary Tales hay muchas preguntas. Parecería que en ese álbum usted se expuso a una especie de interrogatorio a propósito de cuestiones casi filosóficas (“¿Dónde estoy?”, “¿De dónde vengo?”, “¿Hacia dónde voy?”). The Deconstruction parece todo lo contrario, podría decirse que es un álbum de respuestas. ¿Existe un diálogo entre los dos?

–Nunca lo pensé de esa manera, pero es un buen punto. Creo que en el último disco traté de ser muy consciente, de evaluar mucho lo que hacía, y en éste me dije “Fuck it! Derribemos todo y tratemos de descubrir dónde estábamos en un principio”. Para mí, idealmente, el desafío más profundo reside en dar de baja las defensas: ¿de qué nos protegemos tanto? Creo que me di cuenta de que si derribamos esas defensas que fuimos construyendo, lo que queda es esa superficie inicial de dulzura e inocencia.

–¿La música es para usted una manera para conocerse mejor?

–Sí. Es algo en lo que trabajo permanentemente. A veces, cuando trabajo sobre una canción o cuando estoy con la producción de un álbum, siento que las canciones le hablan a alguien más, como intentando transmitir un mensaje, pero al mismo tiempo ese mensaje es para mí mismo. De algún modo, todo el tiempo estoy intentando recordarme a mí mismo eso que estoy diciendo. 

–La primera frase del texto de presentación del disco es “El mundo es un desastre”. ¿Cómo se lleva con la actualidad política de su país?

–Políticamente, estamos viviendo tiempos muy locos y oscuros en Norteamérica. Es  algo imposible de ignorar. 

–¿Piensa que esa realidad política influyó en su música?

–Espero que no. No soy muy fan de mezclar política y música. Creo que lo que usualmente ocurre en esos casos es que queda panfletario, como si quisiera imponer una opinión. Creo que la música sólo puede ayudar a las personas de modo personal. Es como si estuvieras en un avión que está por estrellarse: te ponés la máscara de oxígeno primero a vos y después podés ayudar a los demás.

–En todo el álbum sobrevuela la idea de encontrar lo positivo a partir de lo negativo. Sin embargo, la manera de expresar ese sentimiento siempre tiene un costado algo oscuro.

–La gente en general considera que los discos de eels son deprimentes, pero si prestaran atención al punto de vista opuesto verían que siempre tienen que ver con algo positivo. Creo que éste es un disco optimista y creo que justamente por mi costado oscuro y por las tragedias que me tocó vivir, poder encontrar algo positivo lo vuelve mucho más significativo. Es decir: si alguien que pasó por este tipo de experiencias todavía puede pensar positivamente, entonces no todo en la vida es una mierda.

–Otro concepto muy arraigado en The Deconstruction es el de “cambio”. ¿Qué es lo que piensa hay que cambiar?

–Creo que no soy muy claro a propósito de qué es eso que hay que cambiar porque lo que quiero es que el concepto aplique a cualquier situación. Quizás para alguien, el cambio necesario es, no sé, dejar de comer queso. Entonces, de lo que se trata es de incentivar que cada persona se anime a promover ese cambio que precisa para su vida.

–La canción “In Our Cathedral” habla de un lugar donde encontrar paz, seguridad y libertad, ¿dónde/qué es ese lugar?

–En realidad, ese lugar es un no lugar: es simplemente la posibilidad de elegir que está en todos nosotros. Y esa opción en definitiva siempre se trata de aceptarnos como somos y poder ser felices. No importa en qué situación estás: siempre podés elegir y eso será lo que te haga sentirte OK con eso.

–En esa canción, menciona un “nosotros” que implica un punto de vista colectivo. ¿Cree que existe una posibilidad real de una visión colectiva? 

–No. Es algo que cada uno de nosotros debe resolver individualmente, porque siempre se trata de una elección: la elección de ser felices con nuestras situaciones personales.

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