Panorama político
La inteligencia
Imagen: Archivo

El oficialismo confunde servicio de inteligencia con inteligencia, no es lo mismo. Investigación científica es pensamiento crítico, si no, no puede avanzar. Pero el oficialismo piensa que ser crítico no es inteligente, hay que ser “optimista y entusiasta”, según Marcos Peña. Otra confusión: Periodismo amarillista no es periodismo de investigación. Parecen ideas sueltas. Pero tienen una coherencia cuando se juntan. Todo de un lado: periodismo amarillista, negación del pensamiento crítico y servicios de inteligencia. De la suma salen muchas cosas, entre ellas, sale una campaña insólita contra la investigación científica, contra el desarrollo de la ciencia. Los servicios de inteligencia proveen al periodismo amarillista para que convenza a los conformistas, aunque en este caso se podría decir también a los ingenuos o a los malintencionados, a los reaccionarios y conservadores o con el objetivo más pernicioso aún de incorporar al sentido común dominante la idea de que la ciencia en Argentina es un negocio corrupto de algunos kirchneristas. 

   Hay un dicho que dice que la mentira tiene que ser grande para hacerla creíble. En este caso, la afirmación de esta campaña es tan tremendamente insensata que parece hecha a propósito para hacerla sensata. Cuando se desató el conflicto en el Conicet empezó una campaña en las redes sociales. El origen, obviamente es dudoso. Muchos apuntan al grupo de casi 80 operadores y hackers que funcionan en dependencias de la Jefatura de Gabinete del gobierno nacional. Por ejemplo, el señor o perfil Groncho M, que se identifica con una foto de Marx, dice: “Con investigaciones como ésta no entiendo como no somos una potencia mundial”. No se sabe quién es Groncho. No parece alguien interesado en la investigación científica y, sin embargo, se toma su tiempo para postear y facebookear como si fuera un gran epistemólogo. Por esos milagros del facebook, no es nadie para opinar sobre investigación científica en la Argentina, pero su texto aparece publicado en Clarín y el señor Groncho pasa a convertirse en un especialista de altísimo grado. El comentario de Groncho M no está solo, sino que alude al facsímil de un proyecto de investigación del Conicet que aparece junto a su frase despectiva. En las redes comenzaron a circular numerosos facsímiles similares, algunos verdaderos, otros fraguados, que motivaban conclusiones similares a las de Groncho: “Mugricio neoliberal, rajás a los cerebros del Conicet por hacer investigaciones sobre Anteojito y Billiken...”, “Sí, los “científicos” del Conicet se dedican a investigar al REY LEON! NO ES JODA! CIERREN ESE ANTRO!!!”, “La científica del Conicet que usa impuestos para investigar sobre las letras de Arjona. La que faltaba”, “Imprimite esto para cuando te vengan a hablar de recortes en el Conicet”, o: “Cosas que aprendí hoy en Tuiter: 1. Si escribiste un paper ya sos científico”, 2. “Sólo los becarios y Paenza pueden criticar al Conicet”.

 Todos los anteriores fueron publicados por Clarín, pero muchos otros mensajes llegaron directamente a los investigadores, con insultos y sentencias despreciativas y circularon masivamente por las redes. Para los ignorantes es más fácil ensañarse con los temas de las ciencias sociales. Investigaciones sobre fútbol o sobre comunicación fueron bastardeadas desde la ignorancia. Un portal de noticias ultramacrista titula de la siguiente manera: “Renuncia Isella Constantini a Aerolíneas”, y como la mujer cayó en desgracia en el universo Cambiemos, al lado anuncia: “Las últimas 30 fotos hot de Isella Constantini antes de renunciar”. Está el título, si uno clickea, ve que las fotos son comunes, no tienen nada de hot, pero la gente se queda con el título. Al lado hay otro más: “Las 20 peores ‘investigaciones científicas’ del Conicet” y otro que informa que Axel Kicillof  figura en el Conicet y no va desde hace seis años. 

  Está bien orquestado. Origen: los servicios de inteligencia incautan papers y proyectos de investigación del Conicet o los falsifican. Segundo paso: Los operadores de internet del oficialismo los hacen circular en las redes para crear un clima anticonicet y algún periodista amarillista aporta una supuesta investigación, tipo “los extranjeros que estudian con la plata de los argentinos”. Tercer paso: Clarín las publica para dar entidad a toda la basura circulante. Cuarto paso: ya instalado el tema aparecerá algún opinólogo oficialista, un “cuatro de cal y algo de arena”, que dirá: “bueno, no es tan así, pero habría que ver porque no puede ser...” para promover esa basura al grado de debate de fondo. Y chaupinela: resulta que los kirchneristas no sólo hacen corrupción con los derechos humanos, sino también con la investigación científica. Todo puede ser desvirtuado y envenenado. Ya lo han hecho con Milagro Sala.

 Una campaña inusitada por el tema y por la dimensión, para un objetivo también inusitado: lograr que la gente visualice a la investigación científica como una actividad de chantas, arribistas y corruptos. Duele solamente  enunciarlo, pero éste gobierno, además de enunciarlo, lo practica con entusiasmo. Es doloroso no solamente para el ánimo, sino también para la inteligencia. Ni por izquierda ni por derecha. La inteligencia es un capital invaluable. Es retrógrado en grado medieval atacar a la inteligencia o provocar que la sociedad la repudie y rechace para que los investigadores se sientan expulsados y se vayan del país.  

 No hay mucho para discutir. Es evidente que para el gobierno, la destrucción del Conicet es importante por dos motivos. El primero tiene un fundamento económico. El ajuste y el neoliberalismo prescinden del desarrollo de la investigación científica. Pero hay otro fundamento de carácter político que explica la desmesura de la campaña mediática, y que tiene un objetivo más estratégico. No puede dejar en pie nada de lo que haya hecho el kirchnerismo, sobre todo lo que hizo bien. Tiene que borrar de la faz de la tierra cualquier indicio de que el aborrecido populismo pudo avanzar contra la pobreza o emplear la inteligencia en beneficio propio. El primero es fundamental para demostrar que “la pobreza siempre va a existir” o que siempre va a existir si no se toman medidas que son imposibles de tomar, que es lo mismo. La pobreza tiene que ser naturalizada. Y ojo con la inteligencia. Una economía periférica, resignada a su dependencia de las economías centrales no requiere inteligencia propia. Nada de satélites ni de computadoras ni de remedios de producción nacional. Algunas sociedades valoran a la inteligencia por encima del éxito económico. Por ejemplo, ser científico es más prestigioso que ser empresario. Esa es una construcción cultural para lograr el desarrollo científico, muchas veces impulsado por los mismos empresarios. No es el caso actual.

 El macrismo se considera algo así como un héroe de época que pudo derrotar en las urnas al monstruo del populismo, asimilable al viejo comunismo cuco de la Guerra Fría. Necesita construir una épica de lo que considera su gesta. Y parece que destruir el Conicet equivaldría en esa visión heroica a algo similar a lo que fue derribar un busto de Lenin en los ‘80. La caída simbólica de lo que significó la Asignación Universal por Hijo y la reestatización de las jubilaciones, es la cabeza del populismo que cae rodando. Cuando dicen que es todo relato y que dejó tanta pobreza, para ellos es lo mismo que en los ‘80 fue derribar los símbolos del comunismo. Cuando equiparan esa pobreza que supuestamente dejó el kirchnerismo están diciendo que la estatización de las jubilaciones y la AUH son puro relato, que no sirvieron para nada. Cuando calificó de heladera o lavarropa, al satélite de comunicaciones que había lanzado Argentina y con lo cual entraba en el selecto grupo de ocho países con satélites propios, Mauricio Macri ponía en evidencia que, desde su mirada, ese satélite era un símbolo del populismo que era necesario extirpar. 

  El secretario de Ciencia y Técnica, Lino Barañao hizo la síntesis perfecta: “Un país que tiene un treinta por ciento de pobres, no puede gastar en desarrollo científico”. En una frase sintetizó la idea: muchos pobres y la ciencia, un gasto inútil. No sería de extrañar que los propagandistas del macrismo fueran los que le acercaron esa frase para que la repita. 

  En este esquema, el Conicet funciona como el Pulqui del primer peronismo, un símbolo que se debe destruir o debilitar. Y para coronar la escena consiguieron como actor principal que  dejará herido de muerte al Conicet, al mismo que lo había hecho crecer durante el kirchnerismo. El efecto es doble porque así, además de destruirlo, el mismo Barañao aparece como un arrepentido de todo lo que se hizo antes.