Un crimen político
En la octava audiencia del juicio por el asesinato de Diana Sacayán, llegó el turno del alegato de la abogada Luciana Sánchez, que expuso exhaustivamente cuáles fueron los indicadores de odio hallados en la escena del homicidio.
La abogada Sánchez disertó durante cuatro horasLa abogada Sánchez disertó durante cuatro horasLa abogada Sánchez disertó durante cuatro horasLa abogada Sánchez disertó durante cuatro horasLa abogada Sánchez disertó durante cuatro horas
La abogada Sánchez disertó durante cuatro horas 
Imagen: Gala Abramovich

Sala de audiencias repleta. Comienzan los alegatos en el juicio por el travesticidio de Diana Sacayán. Atmósfera cargada como en las primeras sesiones de este juicio oral y público. Las personas que quisieron entrañablemente a Diana deberán soportar una vez más el relato exhaustivo de las etapas del crimen. 

Abre la audiencia el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Nº4, Adolfo Calvete. Se procederá a incorporar prueba. El secretario del tribunal pronuncia un nombre y se hace completo silencio en la sala. A continuación lee la declaración de la testigo Lohana Berkins de la Cruz, realizada el 14 de octubre de 2015 (tres días después del asesinato). Lohana detalla el último contacto que tuvieron con Diana, para discutir las posiciones que llevarían al Encuentro Nacional de Mujeres (Mar del Plata, 10-11-12 de octubre de 2015). “Nos reunimos varias veces por esto. El último encuentro que tuvimos fue el martes 6. Diana no fue a Mar del Plata. Pensamos que estaba con un teje o con un chongo. El martes 13, cuando volvimos, me llamó Pao Lin para decirme que el portero del edificio le avisó que encontró abierta la puerta del departamento donde vivía Diana”.

La muerte de Diana Sacayán devastó a Lohana Berkins. Al final de aquella declaración, dejó un mensaje para este juicio: “Me importa que el hecho quede encuadrado como travesticidio. Y que se tenga en cuenta las condiciones que deben atravesar las travestis por la falta de espacios de sociabilidad”. Lohana falleció el 6 de febrero de 2016. 

El tribunal permite ingresar a fotógrafxs a la sala, brevemente. Salen las cámaras y comienzan cuatro horas de alegato por parte de la querella de Say Sacayán, a cargo de la abogada Luciana Sánchez. (El alegato completo está disponible en youtube, bajo el título “Juicio oral por el homicidio de Diana Sacayán”).

Luciana Sánchez realiza un repaso sobre la rigurosidad con que se aplicó el protocolo para casos de femicidios (resolución 438/2013) y los cuidados en la escena del crimen. Repaso obligado ya que en la audiencia anterior el acusado Marino negó haber estado en el hecho, contradiciendo lo declarado anteriormente. 

“La Unidad Criminalística Móvil completa trabajó (el día del hallazgo del cuerpo) desde las 16.30 hasta las 23.30. Destaco los procedimientos aplicados porque no son de rutina. Llegamos a este juicio con una impunidad total para este tipo de casos. Y parte de esa impunidad tiene que ver con que las investigaciones no son realizadas aplicando los protocolos. Y cuando estos protocolos se aplican, las testigos y los testigos son tratados de una manera que no se les cree. No es común llegar a juicio con tanta prueba y calidad de producción”. 

Cuando en la escena del homicidio la Justicia no actúa adecuadamente, se pierden los rastros del odio a la identidad travesti y de los autores del acto criminal.

“Los cuerpos de las compañeras travestis y trans son hallados muchas veces días después de haber sido asesinadas. Los lugares donde están estos cuerpos se hallan mancillados o el trabajo lo realizan los mismos oficiales de una comisaría y no la Unidad Criminalística Móvil completa. En cambio en este caso se intervino interdisciplinariamente para recoger esta prueba, lo que permitió obtener desde el inicio evidencia sobre la materialidad e identificar a Marino como autor, además de identificar los motivos del crimen”.

Cerca del final de su alegato, Luciana Sánchez detalló exhaustivamente los indicadores de odio hallados en la escena del homicidio y subrayó que el travesticidio de Diana Sacayán fue un crimen político, pero de una manera específica.

“La identidad travesti-trans funciona como marcaje para la praxis homicida. Diana circulaba por espacios oficiales, prohibidos para las travestis. Circulaba de día. Sin embargo, aun siendo una referente internacional de derechos humanos, Diana murió masacrada en su casa como cualquier travesti, en una escena más vinculada al morbo de la prostitución que a una referente de derechos humanos. El crimen de Diana es un crimen político, pero en su modo de comisión es político de manera diferente, por ejemplo, al crimen de Marielle Franco. Marielle era una bisexual, negra, concejal, asesinada cuando salía de una reunión política en la que se estaban discutiendo los derechos de las mujeres. Diana Sacayán es una referente travesti, sudaca y originaria, asesinada en su casa mientras tenía una reunión íntima y de ese modo fue fijada para siempre en esa posición. Fue humillada en vida por Gabriel David Marino, quien también pretendió seguir ejerciendo control sobre su cuerpo travesti una vez que Diana estaba muerta. Diana nunca pudo salir de su dormitorio ni de su cama, nunca pudo abandonar ese espacio doméstico”. Y describe en el alegato cada uno de los signos de humillación presentes en la escena del crimen. El odio travesticida se dirige a la persona que comete la rebeldía de negarse a ubicarse en los casilleros cisgénero (esto es: en el casillero sexual que se le asigna a cada ser humano al nacer). Y es doble la rebeldía de las travestis, porque se rehúsan tanto a encajar en el casillero cisgénero “varón” como a hacerlo en el casillero cisgénero “mujer”.

Cuarto intermedio hasta el lunes 21, con los alegatos de la querella del Inadi y de la fiscalía.

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