¡Cincuenta mil millones, argentinos, pagaremos el Mundial!

Madre, yo al oro me humillo/ 
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado/ 
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo/
hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero… es don dinero.


Don Francisco de Quevedo y Villegas
(España, siglo XVI)

 

Me preguntaba, durante el intervalo de Uruguay-Egipto, o puede ser que en el de Marruecos-Irán,  o en el de Serbia-Costa Rica (no recuerdo en cuál, pero era un partido fundamental), cómo es posible que nuestro mejor equipo contrario de los últimos 50 años, con nuestro ministro de Evasienda y el Dúo de Caputos a la cabeza, con todo lo que saben y pueden, deban pedirle un director técnico al FMI en su infructuosa lucha en el tema de la pobreza.

Seguramente, razoné, debe tener algo que ver con el Mundial, porque en estos días todo lo que importa tiene que ver con el Mundial. Y si no tiene que ver con el Mundial, es porque no importa.

Hasta es posible que provoquen un tarifazo, un blanqueo o una corrida bancaria al solo efecto de estimular a nuestra Selección. 

No nos ha tocado una zona fácil. Nunca lo son. Recordemos el Mundial 2014, los octavos de final contra Suiza. Algunos de nuestros pró-ceres de ésos que prefieren el guanaco a Rosas), se encontraban ante una difícil disyuntiva emocional: sus empresas estaban acá, pero sus capitales, allá. ¿A quién alentar? 

Nuestro actual gobierno, siempre atento a las necesidades de quienes menos necesitan, resolvió esa ¿podemos llamarla grieta? Y cuatro años después, los grandes empresaurios, ahora  de los dos lados del mostrador –y además dueños del mostrador– no tienen por qué declarar por quienes hinchan. Hasta pueden poner los goles a nombre de su cuñado. O decir que no alentarían a una selección que no es confiable, ya que los tiene a ellos mismos de ministros ( la línea Groucho del Gabinete, como ya lo hemos afirmado)

Igual, la cosa no es fácil. Contra Islandia, por ejemplo. Más allá de lo estrictamente deportivo, empezamos el partido perdiendo uno a cero ¡en serio! ¡Un primer ministro islandés renunció a causa de los Panama Papers en el 2016…! ¡Y de los nuestros. Cero, ninguno! Mire que teníamos como para ganarles por goleada en ese terreno… ¡Seis, siete, nueve… por lo menos! Pero no, nadie se jugó.

Reconozco que el Gobierno realiza sus esfuerzos para unir a los argentinos. En el fútbol, por ejemplo, cerraron la gran brecha: tenemos el primer presidente hincha de Boca que gobierna para los millonarios. En política, también. Aceptaron, en un acto de real compromiso democrático, darle todo el poder a la principal líder opositora: Cristina. 

Dirán ustedes que ella está algo cambiada, con el pelo blanco, el acento francés y la ideología derechosamente meritocrática. Que es una mujer que jamás le diría “machirulo”, a lo sumo le dirá “Deudorulo” a nuestro Primer Descansador ¡Tienen razón pero lo importante es el nombre! ¡Y es Cristina, aunque la llamen Christine!

Pero no son todos elogios. Nunca podría. Es un poco vergonzante que hayan llamado al FMI. Nuestros  Autoritarios Electos, con el Sumo Maurifice y Marquiavelo Desempeña en los puestos claves, la tienen clara. U oscura, pero mucha. Y saben que los pobres son los que tienen menos. Y como no son populistas, no nos van a mentir. 

Nuestro gobierno siempre supo que los pobres necesitan poco y nada para seguir siendo pobres, que los que de verdad requieren de un montón de prebendas, privilegios y facilidades son los ricos, para seguir siendo ricos. De hecho, en el 2015, muchas escucharon a medias la consigna preelectoral que fue top hit en los medios hegemónicos, y repitieron cual papagayos “pobreza cero”, sin escuchar ni asimilar la preposición y el artículo que daban contexto y consenso al tema “¡para la pobreza, cero!”

Sin embargo, pidieron ayuda. Porque tenían muy claro que la única manera de conseguir la ayuda del FMI era “no necesitándola”. Ustedes vieron, cómo funcionan estas cosas: muchas veces para conseguir un crédito, uno tiene que demostrar que no lo necesita.  Sadismo financiero, diría un psicoanalista venido a comentarista económico, o, en estos días, deportivo, para llegar a fin de mes. Bueno, si así funcionan las cosas para comprarse una licuadora en cuotas, imagínense para ayudar a un país a mantener dignamente su pobreza.

Pensemos que tal vez, en un arranque de sensibilidad social, el FMI destinaría dinero para que nuestros pobres volvieran a votar a nuestros  Autoritarios Electos. Una especie de efecto “Envojud”, o sea, Dujovne al revés, permitiría que, durante, pongámosle un par de años, los más humildes se tragaran el globo de que vivían en una mansión aunque vivieran en un baldío.  A las 12 de la noche  la mansión se transformaría en calabaza, Christine se llevaría la calabaza como parte de pago, y tendríamos 100 años para pagar la mansión que jamás tuvimos  con intereses  dignos de  un príncipe 

Pero no.

El crédito pedido lleva el ostentoso nombre de “stand by”, quizás sea porque sirve para “dejar las cosas como ‘estand’”. Hay quien lo llama “blindaje”, eso tiene sentido, si pensamos que en inglés ( que es el idioma de la economía), “Blind” quiere decir “ ciego”. LO que implicaría que hay que estar ciego ( con perdón  de los no videntes), o simular estarlo, para “no ver” que esta “ayuda” probablemente “aumente” la pobreza, caiga la imagen presidencial , que pasará a cotizarse en patacones, o en “pesos ley”  y lleve a la dolorización, a la chocobarización de la economía

Uno se sigue preguntando, si sabemos que son buenos generando sus propios pobres, para que llamaron al FMI. La explicación es mundial. Digo… es “El Mundial”

Los rivales de Argentina, a nuestros mauritócratas los tiene sin cuidado. Si ganan, aumenta su capital. Si pierden, saldrán a decir que “durante doce años nos hicieron creer que teníamos chances”. Todo bien mientras el verde (no la marcha, el billete, claro) siga alto en el cielo, cual águila guerrera que audaz se eleva en vuelo triunfal.

Pero en este Mundial juega Panamá.  La Patria Offshore de muchos de nuestros   re-pro-sentantes. Y juega contra Inglaterra, Bélgica y Túnez. Pocas chances de salir airosa, aunque seguramente venderá cara su derrota, el país caribeño que supo ser populista, pero, dirían Les Luthiers “ después se olvidó”. 

Así que, parte importante de los verdes, la mitad, o quizás más,  podrían utilizarse para ayudar a Panamá. Tan buenos son, que están dispuestos a que el resto del país ni se entere que son ellos  los que se están jugando por el pro-jimo.

“Es que si cae Panamá –diría un alto disfuncionario– ahí sí perdemos todos.” Y ya sabemos quiénes serían todos, en este caso.

Nos estamos viendo.

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