Desde Roma

Mientras las guerras internacionales, los conflictos internos, la inseguridad, las persecusiones y la violencia en general continúan en el mundo, la cifra total de personas obligadas a escapar de sus lugares de origen sigue aumentando. Según datos difundidos ayer por Acnur en su informe annual Global Trends, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados precisó que a fines de 2017 unos 68,5 millones de personas de todo el mundo habían sido  obligadas a abandonar sus hogares debido a alguna de las razones mencionadas. Las situaciones más críticas se verificaron en Sud Sudán, la República Democrática del Congo y Bangladesh.

Global Trends se publica cada año en ocasión de celebrarse el 20 de junio la Jornada Mundial del refugiado. El informe, precisó la misma agencia, no contiene el análisis de los casos de gente repatriada a la fuerza, del uso de los refugiados como chivos expiatorios, de refugiados encarcelados o privados de la posibilidad de trabajar y de distintos países que se han opuesto incluso al uso de la palabra “refugiado”. Estos casos –varios de los cuales están sucediendo ahora en Europa y particularmente en Italia desde que el derechista y racista Matteo Salvini ocupa en el ministerio del Interior– han sido analizados por Acnur en documentos separados.

Pero lo que queda claro gracias a los datos de Global Trends es que el 85 por ciento de los refugiados reside en países en vías de desarrollo, y no en países ricos de Europa o Norte América como muchos creen. Cuatro refugiados de cada cinco se quedan en los países límitrofes al suyo, precisó el informe, y la mayoría de los que escapan son jóvenes. El 53 por ciento son menores de edad y muchas veces viajan sin su familia.

A la grave situación que ya viven los refugiados en el mundo se agrega el cambio de actitud  de algunos países ricos que alojan una mínima parte de estos refugiados y que desde hace algunos años han visto aumentar considerablemente el número de migrantes económicos. Ciertos países se niegan rotundamente a recibirlos, como es ahora el caso de Italia y también de Hungría y Polonia, sólo por dar algunos ejemplos. También Estados Unidos se encuentra en esta lista negra desde que el presidente Donald Trump llegó al gobierno y ordenó construir murallas mientras separa de sus padres a los hijos de migrantes indocumentados. 

Refugiados y migrantes son dos temas de particular atención este año tanto en la Unión Europea (UE)  como en Naciones Unidas.  El primer ministro italiano, Guseppe Conte, acaba de hacer dos viajes importantes, a Francia y a Alemania, en busca de apoyo para llegar a un nuevo acuerdo europeo sobre refugiados y migrantes. Los presidentes de los dos países visitados se mostraron dispuestos pero habrá que ver qué sucederá en la reunión de los países UE prevista para el 26 al 29 de junio en Bruselas, que tratará el asunto migraciones a fin de encontrar, explicó la UE, “soluciones para las presiones migratorias”.

En cuanto a Naciones Unidas, para este año se esperan dos importantes acuerdos o pactos: el Pacto Mundial sobre Migración y el Pacto Mundial sobre los Refugiados.

El primero ha sido impulsado y negociado por la ONU, más precisamente por OIM, la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas. En la Declaración de Nueva York de 2016 sobre Refugiados y Migrantes https://refugeesmigrants.un.org/es/declaration, adoptada en septiembre de ese año, la Asamblea General decidió desarrollar un pacto mundial para establecer una migración segura, ordenada y regular. El proceso para desarrollar este pacto empezó en abril de 2017. Se espera que sea adoptado por Naciones Unidas en 2018. 

 Como continuación de la Declaración de Nueva York de 2016, el Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur) por su parte, propondrá un Pacto Mundial sobre los Refugiados en su informe anual a la Asamblea General de este año. Este pacto pretende mejorar la forma en la que la comunidad internacional responde a los grandes desplazamientos de refugiados.

 Felipe Camargo , abogado colombiano, es el actual Representante Regional de Acnurpara el sur de Europa.  Ha trabajado por 25 años sobre el tema refugiados en distintos países, entre ellos Afghanistán, Myanmar, Guatemala, Pakistán, Líbano, Camerún y Sud Sudán. Veinticuatro de esos años trabajó para Acnur. Nacido en Bogotá, estudió derecho en la Universidad Javeriana y luego hizo post grados en Gran Bretaña y Australia. Reside en Roma desde febrero.

–¿Están cambiando las reglas en materia de refugiados en la ONU?

–El marco de referencia de refugiados no cambia porque es una convención internacional de 1951. Lo que está cambiando es el momento político y la discusión sobre el tema migratorio y del asilo, pero no hay ningún cambio legal ni institucional en la ONU. Va a haber un Compact (o pacto) sobre refugiados a fines de este año, que busca fortalecer la respuesta a toda la problemática de refugiados a nivel mundial. Se trata de compartir responsabilidades, involucrar a otras partes de la sociedad civil como el sector privado y las empresas,  y a las autoridades locales en el proceso de repuesta a la situación de refugiados.

–Pero dada la situación actual y que a los refugiados se agregan miles de migrantes económicos     – incluso Argentina está recibiendo no sólo gente de América latina sino de Africa–, ¿no habría necesidad de cambiar ciertas normas en los países para mejorar la recepción? 

–Hay un Compact que se está preparando también sobre migraciones. Nosotros trabajamos mano a mano con la Organización Internacional de Migraciones de la ONU para que se cree también un espacio de protección a los migrantes.

–¿El pacto que se está preparando abarcará a todos los países miembros de la ONU?

–Sí, es un Pacto Global que firman los estados miembros de la ONU y en el que estamos trabajando desde hace dos años a fin de recomendar acciones más propositivas, más proactivas para abordar la situación de refugiados. Algo similar se está haciendo en cuanto a los migrantes.

–¿Es posible que estos nuevos acuerdos sean aceptados por todos los países de la ONU? ¿Sería obligatoria su aplicación teniendo presente que en Naciones Unidas sólo son obligatorias las decisiones del Consejo de Seguridad?

–Que lo acepten todos los países, sí es probable. Que lo implementen ya es otra cosa. Con todo  tenemos algunos ejemplos prácticos y positivos de algunos resultados, desde 2016, cuando empezamos a trabajar. Pero la idea es por lo menos crear una cultura positiva de implementación de algunas de estas acciones como respuestas más fuertes a los refugiados.

–¿Qué quiere decir usted con “cultura positiva”?

–Básicamente se trata de reconocer, en primer lugar, a la voz de los refugiados como actores centrales de una respuesta de protección. Reconocer la voz de los refugiados en todos los aspectos, desde el acceso al territorio hasta el sistema de recepción y la participación activa en un proceso de integración o de inclusión social. Y colocarlos en el centro de las recomendaciones que nosotros hacemos a los gobiernos y a la sociedad civil. Se trata de que ellos no sean objeto sólo de decisiones en las que no participan. Esta es una primera cuestión. La segunda es recoger algunos ejemplos de buenas prácticas y de casos positivos en los que ya estamos trabajando con el sector civil y privado y con organizaciones gubernamentales, tanto a nivel local como central, para decir:  si se puede dar protección, si se puede hablar de la integración y la insersión laboral, si se pueden resolver los problemas de los refugiados, por ejemplo en Italia.

–Pero esto vale para todo el mundo ...

–Sí, claro. Estos son los principios del pacto global que se está haciendo sobre los refugiados, que está siendo discutido por los países miembros de la ONU y que se va a firmar a fines de 2018 en principio.  La idea es crear una cultura de participación maœ activa que involucre a los actores que tradicionalmente no estaban involucrados.

–¿Se refiere sólo a refugiados o  estas particularidades estarían contempladas también para los migrantes?

–Para los migrantes hay un proceso internacional separado, pero que está muy relacionado con el de refugiados. Hay un Pacto Global sobre refugiados y un Pacto Global sobre migración. El marco legal es la convención internacional de 1951 pero para las migraciones no existe este marco legal. Nosotros no queremos que se tienda a generalizar que los refugiados son también migrantes. Los refugiados son migrantes pero que, por razones diferentes a las económicas, como la persecución política o por pertenecer a un grupo social determinado o por su orientación sexual,  o por persecución religiosa, se ven obligados a irse de su lugar de origen. Este marco legal no existe para los migrantes. Lo que nosotros estamos diciendo desde hace tiempo, junto con la OIM, es que el Pacto Internacional para los migrantes tiene que  tener en consideración,  además de la soberanía de los estados, una responsabilidad general en materia de derechos humanos respecto de los migrantes.

Y para mostrar en la práctica cómo funciona esa “cultura positiva” y el protagonismo de los refugiados, es que Acnur organizó en Italia un largo mes de actividades. La idea fue mostrar a los italianos, especialmente a aquellos muy temerosos, quienes son y qué sabe hacer esta gente que viene de otros mundos. El programa incluyó, entre otras actividades, un festival de cocinas de distintos países,  conciertos de música, un partido de fútbol del que participan jóvenes refugiados menores de edad que llegaron al país completamente solos, y la presentación de algunas películas referidas al tema, en especial una de la actriz y directora británica Vanessa Redgrave titulada El dolor del mar.