La Japatonic TV en el Japón ajeno
“El canal no busca ser viral, busca tener aguante”
Un grupo de nikkei criados acá volvió al país asiático para contarlo con inmediatez y humor argentos en un canal de Youtube que se convirtió en un cada vez menos pequeño fenómeno de culto. “La gente queda con cierto nivel de fanatismo. Es como la hinchada de Chacarita: son chiquitos pero se la bancan, cagan a trompadas a toda la hinchada de Boca”, dice el frontman Naka.

“Estamos haciendo un asado acá, en el barrio de Tsurumi, a diez minutos de casa. Nos encontramos un espacito al lado del río y estamos haciendo asado a lo argentino. ¿Alguien me pasa una Quilmes?”, dice Walter Nakandakari a cámara, mientras graba una sección de Japatonic TV, el canal de Youtube que lo sigue mientras muestra su vida en Japón. Gustavo Fuchiwaki, entre tanto, vigila muy serio la carne en la parrila, y Ricardo Firpo, fuera del encuadre, busca algo que tomar. Es el primer video donde aparece Jin Murato, quien trajo de sus vacaciones el T.E.G., un delantal para el asador y sal Dos Anclas para ponerle a la carne. En off se escucha a Lorena Tavani, quien acota y ríe detrás de cámara. “¡Culiaó! ¿Son argentinos o japoneses? Tienen la cara de un japonés, pero boludo, ¡hablan como nosotros!”, les escribe un usuario recién suscripto a su canal. El misterio no es muy grande; el equipo de Japatonic es un grupo de nikkei (emigrantes de Japón) criados en Argentina que volvieron al país para “hacer la América”.

El conductor, Walter Nakandakari –”Naka” para los amigos– es un pibe de la zona sur de Buenos Aires que se aburrió de ver videos mal hechos por hispanohablantes, se calzó la cámara y le propuso al portal gamer Checkpoint abrir un canal online para transmitir La japonidad al palo, Nihon Vlog y Random Japan, programas que exploran el universo oriental con humor porteño. Pero rápidamente el contenido nipón sobrepasó el portal y se independizó en Japatonic TV, el espacio YouTube donde el equipo tiene la constancia de estrenar tres programas por semana.

“La característica de los videos es que sea algo muy natural. Al principio intentábamos hacerlo como un programa de televisión, pero al irme acostumbrando a la cámara ya no fue ‘grabamos, digo unas cosas y corto’. Ahora dejo la cámara prendida, cuando sale una palabra sale otra, y eso se convirtió en característica de los programas”, explica Naka vía videollamada, 12 horas en el futuro.

“¿En qué idioma hablan entre ustedes cuando están fuera del programa?”, pregunta una espectadora en el grupo de fans de Facebook. Quizá un poco desconcertados, responden que en español, aunque también usan el japonés, pero solo cuando no existe traducción. La cámara es testigo de sus juntadas en casa de Lorena y Naka, donde el equipo debate entre cervezas Asahi, sake y, cuando se lo traen, fernet. Se conocieron por destino cibernético: Ricardo y Naka se contactaron por un grupo de Facebook argentino y cayeron en la cuenta de que vivían a cinco cuadras, en el mismo barrio nipón. Pronto, el conductor también invitó a Fuchi y Jin a las juntadas, pero sus participaciones se fueron haciendo tan usuales que se amalgamaron en lo que hoy es este mundo Japatónico.

La cámara actúa como espía del público en primera persona y es testigo de todos los debates: desde cómo se acostumbraron a los usuales terremotos y cómo son las mujeres japonesas hasta los relatos paranormales orientales. El público morboso también los sigue a bares para espiarlos comiendo pochoclos de roquefort, grillos caramelizados, carne de piraña o patas de cocodrilo.

“Muchas veces, lo que es Japón, su cultura y sus lugares quedan en segundo plano. Lo que más se destaca de los programas es que somos argentinos comunes y corrientes haciendo estupideces en la calle. No se trata de educar y enseñar acerca de una cultura. Japatonic TV se trata de que estoy en Japón y lo muestro como si fuera un turista”, define Nakandakari. Con La japonidad al palo, que es su versión de Por el mundo pero con mucho más rock, los cinco integrantes muestran festivales tradicionales, exposiciones otaku, convenciones porno y se animan a explorar barrios abandonados.

Naka medita unos segundos cuando se le pregunta cuál es el objetivo del canal. En sus NihonVlog admitió muchas veces que sus programas le cambiaron la vida y le permitieron conocer mucha gente. Repite que nunca termina de cuajar con la sociedad japonesa, y entre líneas se entiende que su proyecto le permitió combatir la nostalgia que le produce su raíz argenta. “Creo que me gustaría vivir de esto”, responde finalmente. “Sé que es un canal muy difícil de mantener solo, porque no busca ser viral, busca tener aguante.”

Con esa convicción, Japatonic TV se convirtió en un lugar de culto que se difunde a duras penas a través de sus redes sociales y el boca a boca de sus suscriptores. Aún así, la sección cuenta con 20 mil suscriptores y cada programa con un mínimo de 15 mil visualizaciones, rompiendo el mito de los fans fantasma que vuelven locos a los marketineros. “Lo que más me gusta de la gente que nos encuentra es que se queda con cierto nivel de fanatismo. No buscamos clicks vacíos, más bien fans. Y eso me da mucho orgullo, porque es como la hinchada de Chacarita. Son chiquitos pero se la bancan, cagan a trompadas a toda la hinchada de Boca”, medita Naka.

Sin embargo, el principal problema de Japatonic TV son sus gastos: “Resulta que, una vez, la gente quiso que fuéramos a Aokigahara, el bosque de los suicidios. El viaje fue muy largo y gastamos doscientos dólares sólo en peaje y nafta, todo por hacer un sólo video, cuando mínimo sacamos dos por semana”. Recién en abril pasado se animaron a abrir un Patreon, la página de recaudación para proyectos indie, para balancear su presupuesto. “No caigo mentalmente en que la gente nos dé plata, porque es algo que haríamos igual. Es muy raro que las personas quieran donar incondicionalmente cuando es algo que obtendrían igual.” Desde su apertura, su idea consiguió 82 mecenas (y contando) que donan un conjunto de 575 dólares por mes para que ellos viajen a lugares icónicos y muestren Japón. “Por eso lo que decía de la hinchada chica que se la banca, porque un canal de Youtube con veinte mil suscriptores no es nada, pero hay canales que con cientos de miles de seguidores no llegan a la misma cantidad de Patreon”, resume contento.

La hinchada Japatónica los sigue a todas partes. En su comunidad virtual, que cuenta con casi tres mil personas, los fanáticos se organizan el calendario para visitar Tsurumi y pasar un tiempo con los creadores. “Irse a Japón no es irse a la vuelta de la esquina; hay que respetar que alguien quiera ponerte en su agenda para conocerte”, comenta Naka, y explica cómo hacen malabarismos con sus agendas con todos los seguidores que lo contactan. “Es una persona que está de vacaciones, invirtió mucha plata para estar en el país y te quiere ver. Es admirable por parte del seguidor y está re bueno”.

Mientras terminan el asado, un hombre mayor se los queda mirando, a un par de metros, sin hablarles. “¿Hace rato que está el viejo?”, pregunta Naka. “No, no, antes había otro”, responde Lorena. Para los japoneses, los ritos argentos son una curiosidad: Naka comenta que no hay mucha gente en Japón que conozca Argentina. “Preguntan qué clima hace o qué idioma hablan, porque capaz no lo ubican en el mapa. Muchos conocen a Maradona y Messi, pero nadie te va a decir ‘Ah, sí, Ricardo Iorio’. Sólo una vez encontré a una barwoman metalera que conocía Rata Blanca.” El video del asado en Japón, con casi 100 mil visualizaciones, termina a la media hora. Luego de que se viera al anciano voyeur irse de la escena en el fondo, los muchachos terminan de enfocar una mesa donde comieron un porteño, un correntino, una coreana y este equipo nikkei. En primer plano, Naka cuenta los planes del canal para el siguiente año. Siéndole fiel a la naturaleza híbrida de Japatonic TV, lo hace con el paisaje de Namamugi, mate y un tango de fondo.