El kinesiólogo de José
Martín Petrelli, hombre del rugby, trabaja con Pekerman desde 2004 y es la persona en la que el DT confía para la rehabilitación de sus futbolistas: Messi, Heinze, Kompany, Van der Vaart y Olic, pasaron por sus manos; Rusia 2018 fue su tercer Mundial de la mano del técnico al que siente como a un padre.
Imagen: Carlos Sarraf

Era una de las figuras de San Albano, había sido clave en el ascenso a la primera división y se destacaba entre los mejores de la URBA. En el club de Corimayo, en el sur del conurbano bonaerense, incluso algunos se animaban a soñarlo en los Pumas. Martín Petrelli era un centro potente y con mucha llegada al try. Pero cuando José Néstor Pekerman lo convocó para sumarse a su grupo de trabajo en el seleccionado argentino en 2004, el rugby comenzó a quedar relegado. Apenas pudo sostener un corto tiempo eso de andar pensando en un maul o un ruck y se enfocó en ser uno de los kinesiólogos en los que la AFA confiaba para cuidar cientos de millones de dólares en piernas.

Casi siempre estuvo muy cerca de Pekerman, primero en la selección de la Argentina, después en Toluca y en los últimos años en Colombia. Apenas un puñado de días después de estar inmerso en Rusia 2018, retomó la rutina en su consultorio de La Lucila, donde recibe a Enganche. Sobre el escritorio hay dos medallas, una de Brasil 2014 y otra de Rusia 2018; son las que entrega la FIFA a los integrantes de cada delegación. En las paredes no faltan camisetas dedicadas y enmarcadas. Más tarde sacará de un armario decenas de acreditaciones.

 “Con José tengo más que una relación profesional. Incluso es más que una amistad: es como si fuese un padre para mí. Es humilde y sincero, una persona que está muy pendiente de todo y así es también con sus jugadores”, cuenta Petrelli. Y no se detiene en su discurso: “Pese a todas las experiencias que tiene es una persona que sigue pendiente de mejorar. Mira tácticas de otros deportes para aplicarlas al fútbol. Muchas veces me preguntó cosas de rugby, referidas a los sistemas del ataque y de la defensa”.

En 1999, con la tinta todavía fresca en su título universitario, a Petrelli se le abrió la puerta para desembarcar en Argentinos Juniors para trabajar en las divisiones menores. La oferta no era tentadora, ni mucho menos. “De entrada me advirtieron que iba a trabajar mucho y cobrar poco. Pero yo ahí pensé no en mi futuro sino en lo que quería hacer en ese momento, que era trabajar en el deporte, en la parte de rehabilitación. Era un buen comienzo. Quería aprender y se me abría esa posibilidad”, recuerda de aquel primer mojón desde el que partió hace casi dos décadas. Algunos años después, la invitación a sumarse a la Selección lo sorprendió, pero no la dejó pasar: “Querían armar algo nuevo, con gente joven y tuve la posibilidad de ser parte. Empecé en las eliminatorias apenas llegué, al año siguiente estaba en la Copa de las Confederaciones y después en el Mundial”.

Antes de Alemania 2006 le encomendaron una responsabilidad que luego volvería a asumir muchas otras veces. Con la Copa del Mundo muy cerca viajó a Europa para encargarse personalmente de las rehabilitaciones de Gabriel Heinze –era jugador de Manchester United– y de Lionel Messi. “Primero con el Gringo y después con Lionel, me tocó estar con ellos las 24 horas y eso genera un vínculo especial, porque además de la parte de rehabilitación y del tratamiento en sus clubes, se comparten charlas, mates y cenas con familiares”, explica.

“Heinze es como en la cancha, un tipo duro, serio y frontal; pero es una buena persona, que se brinda cuando hay amistad”, cuenta Petrelli sobre el actual entrenador de Vélez. “Messi en ese momento era un chico, muy introvertido y sencillo. Me acuerdo que me regaló un montón de ropa de Barcelona, incluida una camiseta suya, que no me la dio para que la tenga como recuerdo, sino para que la usase para jugar con mis amigos. En esa época él podía caminar por la calle. Una noche fuimos a un restaurante y terminé sentado en una mesa con Messi, Samuel Eto´o, Ronaldinho y David Nalbandian, que había viajado por un torneo”.

Ese trabajo de seguimiento individual lo llevó adelante varias veces más con otros futbolistas. Uno de los mayores desafíos fue el que afrontó con Camilo Zúñiga de cara a Brasil 2014. Después de una operación, su visión y la del cuerpo médico de Napoli eran opuestas. Pocos meses antes del Mundial el lateral no podía siquiera subir y bajar escaleras por los problemas en una rodilla, la misma que Petrelli logró recuperar. Un par de semanas después Zúñiga sacaría de la cancha a Neymar con un golpe durísimo, justamente con esa rodilla, sobre la espalda del brasileño.

Presentarse como enviado de una federación en un club europeo no suele ser fácil: “Yo viajaba solo, a negociar con técnicos como Frank Rijkaard, Fabio Capello o Rafa Benítez. Había que conseguir un espacio y un tiempo para la rehabilitación. Muchas veces la predisposición era ideal, pero otras no. Para el futbolista es importante que su selección envíe una persona para que lo trate, pero a veces los especialistas que trabajan en los clubes en esa misma tarea no lo ven de la mejor manera”.

Después del Mundial de Alemania fue contratado por Hamburgo y ahí trabajó en las rehabilitaciones de Vincent Kompany, Rafael van der Vaart e Ivica Olic, que hoy forma parte del cuerpo técnico de Croacia. Juan Pablo Sorín era parte de ese plantel multicultural que componían más de 15 nacionalidades. Petrelli recuerda el asombro que les provocaba verlo tomar mate y cómo los jugadores africanos se lo pedían mientras cantaban canciones de Bob Marley.

Hombre del rugby, el fútbol como espectáculo le era bastante ajeno; y esa distancia en buena medida lo ayudó para realizar su trabajo. A muchos de los jugadores argentinos apenas si los conocía de nombre, incluso sabía apellidos que no podía conectar con un rostro real. Entonces, sin deslumbrarse ante figuras públicas, sólo veía a un grupo de deportistas sin ninguna particularidad especial. “Los futbolistas son chicos normales”, repite una y otra vez.

El desconocimiento de los personajes hizo que en el Mundial de 2006 viviese una situación muy particular. Sin lugar en el banco de los suplentes, le habían asignado un asiento en una platea preferencial para en el entretiempo poder ir rápidamente al vestuario a realizar su tarea con los futbolistas. Sentado ahí, observa lo que sucedía dentro de la cancha y dialogaba en inglés con un hombre alto sobre las jugadas que se sucedían. Varios minutos después del encuentro, vio que ese hombre alto que charlaba con él estaba dando notas para distintos canales de televisión de todo el mundo. Se trataba de Franz Beckenbauer.

Petrelli es el único integrante del grupo de trabajo de Pekerman que no reside en Colombia; viaja unos días antes de cada concentración de los futbolistas, sea para un partido amistoso o un compromiso oficial. Durante los encuentros en Rusia le tocó cumplir una tarea especial. El VAR no fue la única novedad en cuanto a imágenes durante el Mundial, sino que en cada estadio se dispuso de una ubicación para los cuerpos técnicos y desde ese lugar, con múltiples posibilidades digitales, revisaba en detalle los golpes para informar al cuerpo médico y así diagnosticar la lesión con mayor velocidad y precisión. Colombia había designado a dos personas para esa posición: un analista táctico que informaba sobre cuestiones del juego y a Martín Petrelli, encargado de visualizar la gravedad de golpes y choques. Eso sí, en la definición por penales ante Inglaterra la tensión lo hizo bajar al campo de juego. “No hay nada más triste que un vestuario después de una eliminación de un Mundial”. La frase no dice tanto como lo que refleja su mirada cuando la pronuncia.

Pero la desazón que vio en Moscú contrastó con el recibimiento en Colombia. Una marea de gente con camisetas amarillas salió a la calle para recibir a los futbolistas. El trayecto desde aeropuerto de Bogotá hasta el Campín, colmado en cada una de sus tribunas, resultó una postal imborrable para la memoria de cualquiera. “Es muy bueno que la gente haya salido a la calle para valorar el esfuerzo del equipo. Es que es un grupo de jugadores que dio todo al máximo. Había una enorme energía positiva pese a la eliminación, y eso no siempre pasa. Acá en la Argentina no sucede”, se lamenta.

Otra vez Buenos Aires, disfruta los días de trabajo en ese consultorio en el que Pekerman también se rehabilitó luego de una operación de cadera. Después de haber estado en tres mundiales, recorrer el mundo y vincularse cotidianamente con futbolistas de renombre no sabe cuál será su próxima escala. Convive sin problemas con la volatilidad del fútbol profesional. “Hoy estás y mañana no. Es así”.

Le interesa buscar nuevos desafíos, incluso hasta otros destinos, aunque siempre dentro del deporte en el que se especializó. No sabe si José seguirá al frente de la selección colombina, pero el teléfono está ahí, a la espera del llamado del hombre con el que comenzó a trabajar hace casi 15 años. Una historia que no sabe de certidumbres pero que Petrelli aprendió a disfrutar.