Cori Bush es mujer, negra, madre soltera y enfermera. También ha sido víctima de un ataque sexual. Integra lo que en Estados Unidos se llama ahora el Brand News Congress, que traducido quiere decir un Congreso completamente nuevo. El espacio en crecimiento que aspira a conseguir bancas en el Senado y la Cámara de Representantes, desde el ala izquierda del Partido Demócrata. Simboliza con creces el perfil del candidato o candidata que se hizo desde abajo. Desconocida para el mundo de la política profesional, trabajadora, marginada, una militante que va camino a presentarse como opción de peso electoral después del éxito en Nueva York de Alexandria Ocasio-Cortez, la joven de 28 años de origen portorriqueño que se define socialista. Entre ambas se generó una corriente de empatía. La vencedora en las primarias del 26 de junio intentará empujar hacia el éxito a su compañera. La apoyará en la campaña para los comicios en Missouri del 7 de agosto. Pedirá el voto boca a boca, puerta a puerta.

La vida de Bush en Saint Louis, la principal ciudad del Estado de Medio Oeste, no es ni ha sido fácil. Madre de dos hijos, especializada en el área de salud mental, ordenada como pastora evangélica, es una activista social que empezó a consolidar su trayectoria después de la represión a la comunidad de Ferguson, un condado de Saint Louis. El mismo donde la policía asesinó al joven negro Michael Brown en 2014. No es la primera vez que Cori se presentará a una precandidatura demócrata. En las elecciones de 2016 perdió la interna con Jason Kander (69,9 a 13,3 por ciento) pero no se amedrentó. Su vencedor después perdería la banca con el republicano Roy Blunt. Un golpe que desde el Estado fortaleció la victoria de Donald Trump que lo llevó a la presidencia.

La aspirante a representar a Missouri participa también en el proyecto Ferguson está diciendo la Verdad (Ferguson Truth Telling Project). Pero aún con las expectativas que despierta su precandidatura entre los sectores postergados, el aval del Brand New Congress y el viento de cola que trae el fenómeno de Ocasio-Cortez, Bush no la tendrá fácil. Deberá derrotar a William Lacy Clay Jr, un demócrata negro que es hijo de un dirigente histórico del partido en Saint Louis. Ocupa una banca en el Congreso desde 2001. En un Estado que ha sido históricamente demócrata equivale a ser casi como un representante vitalicio.  

Bush en Missouri, Jess King en Pensilvania y Kerry Evelyn Harris en Delaware buscan conseguir una nominación por el PD desde esa porción del partido en continuo movimiento que siguió a Bernie Sanders en las presidenciales de 2016. La militante por los más pobres del Estado rechaza como todo el espacio del Brad New Congress, las dádivas de las grandes corporaciones que sostienen el sistema bipartidista. 

Estados Unidos se rige por una forma de financiamiento de la política y sus políticos —que no pone límite al lobby empresario— y profundiza las desigualdades económicas con fuerzas menores como la izquierda independiente o los verdes, de escasa representación electoral. El segmento en que participa Bush se fijó como meta encontrar unos cuatrocientos candidatos para desafiar a los propios demócratas igual que a los republicanos. Hicieron su campaña en las calles, organizaciones de base y lugares de trabajo para seleccionar docentes, personal de la salud como Cori, obreros en las fábricas, comerciantes en pequeños negocios, líderes comunitarios y, en general, personas que nunca habían ocupado cargos públicos. 

Ocasio-Cortez es la candidata que mejor expresa ese perfil de lo que busca el Brand New Congress. El día que le ganó la nominación demócrata al veterano Joe Crowley, algo nuevo parió en las bases del partido de los Kennedy. Ni siquiera es una política profesional como Sanders, el senador por Vermont que ocupa un escaño desde 2007 y puso en riesgo la candidatura de Hillary Clinton a la presidencia. La joven de Nueva York es menor que la enfermera Bush, quien tiene 41 años. La bocanada de aire fresco que ella representa necesita de Cori y otras compañeras para empujar hacia arriba las reivindicaciones de la clase trabajadora que fueron ninguneadas por los dos partidos omnipresentes de EEUU. El día que Ocasio-Cortez ganó las primarias tuiteó que serían más junto a la activista de Missouri. La respuesta no demoró: “Dios mío, mi teléfono, mi Facebook, mi Twitter, mi Instagram, todo está explotando ¡No puedo seguir el ritmo!”, dijo la por ahora precandidata.

Entre sus propuestas de campaña, Bush –a diferencia del clan más famoso con el que comparte solo el apellido– promete políticas que mejoren la salud de la población como un medicare para todos, la vivienda, el medioambiente, medidas que vayan contra el racismo y las desigualdades de género y que aumenten el salario mínimo. Una agenda que no cuenta ni para Trump ni para los conservadores que abundan entre los demócratas. Nancy Pelosi, líder de la minoría de su partido en la Cámara de Representantes, le restó importancia al triunfo de Ocasio-Cortez. Era aliada del derrotado Crowley y fue evasiva en la conferencia de prensa posterior a la interna. Los periodistas le preguntaban y ella buscaba cambiar de tema. Es evidente que se siente incómoda con el nuevo escenario que plantea la izquierda de su partido. 

  Bush, la Bush joven, negra y progresista, cuenta que Missouri nunca eligió a una congresista como ella. Está convencida de que podría replicar el próximo 7 de agosto la victoria de Ocasio-Cortez. “Lo que la gente acaba de presenciar en Nueva York, eso también es factible aquí si lo hacemos juntos”, se esperanza. “Es hora de dejar de mirarlo como si no pudiera suceder”, dice, como para dejar sentado que confía en su nueva estrella y la del espacio que integra. Para los estándares de EEUU, se trata del umbral de un torbellino político que amenaza su orden conservador tan emblemático.

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