Opinión
Ruina y derecho, en recuerdo de Alberto Pedroncini

Hace un año murió Alberto Pedroncini, un incansable luchador por los derechos humanos, amigo de mi abuelo Carlos Axat. Ambos abogados, coincidieron en la APDH en plena dictadura militar. Mi abuelo me lo presentó hace ya más de veinte años, yo andaba en el final de la carrera y Alberto era como un faro para muchos de nosotros que frecuentábamos HIJOS y pensábamos cómo salir del laberinto legal de la impunidad noventista. 

Recuerdo que, por entonces, Alberto juntaba firmas para una gran denuncia que había redactado con el patrocinio de grandes juristas de la talla de David Baigún y Beinusz Szmukler, y cuyo encabezado rezaba: “Querella por subversión económica”. Las víctimas directas que firmaban de puño y letra el escrito eran personas excluidas: cartoneros, villeros, personas en situación de calle, piqueteros, trabajadores desocupados, etc. Y encabezaba la firma de Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas, Arturo Blatezky. Se ofrecía como testigo al entonces cardenal primado Jorge Bergoglio, y un listado de obispos, reconocidos economistas, periodistas. Como moño final, la denuncia estaba dedicada a la memoria de los Obispos Jaime de Nevares y Jorge Novak. 

En un ejercicio de detective del pasado decido buscar y desempolvar aquella ruina del derecho, el documento que tengo guardado en viejos archivos de mi computadora. Similar a la denuncia de Alejandro Olmos sobre la deuda externa, en la denuncia Pedroncini aparece el coraje de “querellar al sistema” en su complejo fraude al pueblo. Se trata de una medulosa pieza de doctrina que colocaba en el mismo plano el concepto de genocidio económico social por rebajar a pobreza y eliminar a grupos sociales (cuando el concepto de genocidio todavía no era utilizado en los tribunales), la utilización del concepto de tratos inhumanos y degradantes para porciones de población que dolosamente reciben un tratamiento de crueldad al caerse en el abismo. Por último, la idea de subversión económica (ley 20.840) como organizadores de aparatos de poder que perpetran un plan criminal de vaciamiento financiero, a través de la especulación digitada. 

La relación conceptual se explica a través de la sistemática exclusión social como forma dolosa de genocidio económico:”... un sistema aparentemente impersonal que desplaza de hecho la soberanía nacional y suprimido el derecho de autodeterminación del pueblo argentino, abriendo así paso a la destrucción de los derechos individuales de gran parte de los habitantes del país (librados a su suerte por el apartamiento del Estado como garante de la existencia de tales derechos e impulsor de su realización)...”. Es decir, la denuncia ponía en tela de juicio toda la estructura del esquema neoliberal de los ‘90 y en ese entonces del gobierno de la Alianza, como “plan criminal” orquestado para producir un magnífico negocio que era el megacanje acordado con los organismos internaciones de crédito, con intermediarios (Pedro Pou, como presidente del BCRA) y destinatarios (Presidentes de los Bancos que participaron de la especulación). “... No existe ‘la fuerza ciega de los mercados’, dice Pedroncini, y sigue “... se trata en realidad de conductas transgresoras de agentes claramente individualizables, que persiguen fines incompatibles con la efectiva vigencia de la Constitución Nacional y de los derechos humanos. La ilicitud de los fines perseguidos y/o de los medios empleados como fuente de responsabilidad penal...”.

La leo y releo y no puedo dejar de pensar que “la querella Pedroncini” debe estar perdida o cajoneada en algún osario de Comodoro Py, durmiendo el sueño de los justos; como Alberto que nos dejó hace un año, pero que nos mira desde algún lado. Y no puedo dejar de comparar los sucesos que se querellan con los que vivimos en el presente; en realidad me pregunto si –a la larga– tendrán el mismo tratamiento de impunidad. Si en el futuro existirá una derogación como la de 2002 que dejó sin efecto la Ley de subversión económica como cumplido del FMI, para lograr la impunidad de Pou, Escazany y compañía. Lo que queda de aquella debacle orquestada de 2001, los restos de la complicidad civil económica de la dictadura de 1976/83, capas tectónicas superpuestas al desfalco actual. 

El filósofo Theodor Adorno decía que “solo en los vestigios y las ruinas existe la esperanza de encontrar una realidad genuina y justa”. Hay ruinas del derecho que nos llevan al presente: ¿Cómo enjuiciar al sistema? ¿Es impotente la justicia ante semejante ardid? ¿Qué ingeniería se necesita para sentar en el banquillo a todo un esquema de vaciamientos y vaciadores? De la misma manera que cuando veíamos de lejos la ingeniería para juzgar los procesos de memoria, verdad y justicia. Nada es descabellado aun. Las ruinas abren el derecho a la esperanza.

* Poeta y abogado.

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