PáginaI12 En México
Desde Ciudad de México

Hastío, desesperanza, enojo… Esto es lo que ha impulsado nueve días consecutivos de manifestaciones por todo el país, no el llamado “gasolinazo”, en vigor desde el 1 de enero, que ha resultado el catalizador de una creciente tensión que encontró salida en el incremento y virtual privatización del mercado de los combustibles, que dentro de un par de meses sufrirán otro par de aumentos dictados por la administración del priista Enrique Peña Nieto, antes de quedar sujetos al juego de la oferta y la demanda, lo que implicará ajustes diarios a los precios.

Lo único que comparten la sociedad mexicana y la presidencia de Peña Nieto es la desesperación. Los muchos, en las calles, por la corrupción y la impunidad generalizadas; los pocos, por conseguir una legitimidad perdida para gobernar. 

Y el miedo.

A la descomposición social por el derrumbe del sistema y su paulatino desplazamiento por el crimen organizado se añade la cada vez más evidente incapacidad para administrar lo poco que queda.

“La gente está en el límite y muy sensible”, dice el sacerdote y defensor de derechos humanos Alejandro Solalinde, uno de los convocantes a varias de las marchas organizadas en la capital del país. “Ahorita cualquier pretexto es bueno para un estallido social. La sociedad está muy desesperada ante una clase política tan corrupta, tan insensible y tan ciega que no alcanza a calcular la dimensión de un estallido social”, advirtió en declaraciones a la prensa.

Solalinde tiene razón, no es el “gasolinazo” lo que incendia las calles. Éste es un fenómeno que ni siquiera es nuevo para los mexicanos: de 1982 a la fecha, la gasolina ha aumentado 92 mil por ciento y el diésel 174 mil por ciento, según los registros de la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex). Tan sólo en los cuatro primeros años de la administración de Peña Nieto, la gasolina subió 48%. En contraste, este año, el salario mínimo de los trabajadores aumentó solamente 7 pesos diarios. Hoy un trabajador gana 80.01 pesos, es decir, 32.25% más que hace cuatro años.

En todo caso, el malestar no es sólo por el aumento de la gasolina y el diésel: es también el alza del gas licuado de petróleo (LP) en no menos del 17% y hasta 30% en algunas zonas del país, en los últimos días; el de la electricidad, que ha rebasado el 30% en un año para consumo industrial y comercial, así como uso doméstico de alto consumo;y de la tasa de interés interbancaria que el Banco de México recién fijó en 6.11%, contra el 3.29% que tenía en noviembre de 2014. Ya no se diga el dólar, que al cierre de esta edición se cotizaba hasta en 21.40 pesos en algunas casas de cambio, después de haber roto el techo de 22 pesos por dólar hace unos días, lo que implica una devaluación de 83% desde mayo de 2013. Todo junto disparará la inflación anual arriba de 5%, según estiman analistas financieros. 

En los últimos 34 años, la inflación acumulada en México es de 56 mil por ciento.

El incremento a los combustibles seguirá inevitablemente tan sólo por los efectos devaluatorios del peso, pues gran parte de la gasolina y el diésel son de importación: en 1982, México producía 348 mil barriles diarios de gasolina y 231 mil de diésel; hoy apenas produce 254 mil y 160 mil barriles diarios, respectivamente.

La desesperación de Peña Nieto se ha expresado en tres discursos en menos de cinco días, uno de ellos por radio y televisión en cadena nacional, apelando no sólo a la comprensión de la sociedad mexicana sino incluso justificando el “gasolinazo” con un “¿ustedes que hubieran hecho?”, una semana después de imponer el alza en los combustibles.

Ayer, Peña Nieto anunció un “acuerdo para el fortalecimiento económico y la protección de la economía familiar”, firmado por un puñado de empresarios y dirigentes sindicales con los que aún puede acordar algo, con el que se pretende evitar “aumentos indiscriminados de precios”, pero en el que no participó la Coparmex, la principal organización empresarial del país, que además lo descalificó por tratarse de un pacto “improvisado, incompleto e insuficiente” (ver recuado).

El presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, consideró que el acuerdo no es resultado de un diálogo social sino más bien una estrategia de comunicación.

De hecho, el capítulo más relevante es el velado anuncio de represión de las protestas que cumplieron nueve días consecutivos por todo el país, ante lo cual “los firmantes” -que no se identifican-condenan la “violencia, rapiña y vandalismo”.

Pero no han sido los manifestantes quienes han incurrido en saqueos. En varias de las marchas realizadas hasta ahora en el marco del “gasolinazo”, Solalinde atribuyó los actos de vandalismo de los últimos días a estrategias del propio gobierno para criminalizar la protesta social.

En cualquier caso, “no es justo que vivamos jodidos”, dice el coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del episcopado mexicano y fundador del albergue para migrantes centroamericanos “Hermanos en el Camino”,quien ha lanzado un reiterado llamado a la unidad pacífica contra el gobierno de Peña Nieto, del que “todo México es víctima”.


“Improvisado e incompleto”

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, volvió a defender ayer los aumentos al precio de la gasolina que generaron fuertes protestas en el país y anunció compromisos generales para evitar el encarecimiento en cadena de otros productos. Peña Nieto afirmó que el gobierno vigilará que no haya aumentos injustificados en los precios de productos de la canasta básica y dijo que se autorizará su importación preferencial “cuando se detecten grandes aumentos en sus precios”. Sin embargo, uno de los gremios patronales más importantes, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) calificó el documento presentado de “improvisado, incompleto e insuficiente”.

EFE
Peña Nieto anunció un “acuerdo para el fortalecimiento económico”.