En esta entrevista Edgardo Castro reflexiona acerca de su novela, Como en la noche
Solos en la madrugada
Su ópera prima, el largometraje La noche, obtuvo el gran premio del jurado de la 18 edición del Bafici. Al terminar de filmar, muchas historias se quedaron afuera. Y son esos relatos de soledad, sexo y drogas los que conforman Como en la noche (Planeta). En esta entrevista Edgardo Castro reflexiona acerca del sentido de esta novela de áspera ternura y sobre una nocturnidad que, contra cualquier mirada moralista, es reivindicada como un modo de aprendizaje.

“Todo empezó con la idea de hacer algo en la noche, con explorar lo que la noche hacía en mí, la forma en que la noche vivía en mí. Empecé a escribir después de una salida, y algo pasó. Cuando escribí otra, y otra, decidí parar. Surgió el deseo de hacer La noche, la película. Y de buscar que la ficción se instalara en el centro de una realidad muy concreta, sin modificarla ni juzgarla”, escribe Edgardo Castro a modo de epílogo en Como en la noche, novela que dialoga íntimamente con su ópera prima, un largometraje que dirigió y protagonizó y con el cual obtuvo en 2016 el Gran Premio del jurado del 18· Bafici. “Al terminar de filmar, muchas historias quedaron sin contar. Algunas son las que aparecen en este libro”. Quince salidas se repliegan  hasta transformarse en una sola noche para un hombre que carga con una soledad tan antigua como el miedo. Puede comenzar en el bar de Charly, cuya densidad en el ambiente resulta para el narrador tan peligrosa como la quietud, y dar la impresión de que termina en un cumpleaños en Villa Crespo, mientras el amanecer amenaza con llevarse algo más que el efecto de la droga y dar comienzo al desamparo. “Estoy solo otra vez, tomando una cerveza en la barra y viendo qué se puede hacer. Son las siete de la mañana del domingo en Transformation, el after de travestis. El lugar abre hasta las dos de la tarde y siempre tiene la misma clase de gente: travestis, putos, colgados, trasnochados y yo”. No importa el lugar: el alcohol, la droga, el sexo no son otra cosa que pasajes donde se cruzan el humor, la ternura, el deseo de lo inconfesable y el límite como un abismo donde espera el vértigo, la promesa del conocimiento de uno mismo. No se sabe nada del protagonista, ni siquiera su nombre. Somos como los demás nos ven, decía Sartre. Y ahí está el narrador, entrando y saliendo de la noche infinita, en la mera contingencia. Y en esto consiste el hallazgo narrativo de Edgardo Castro: narra como quien se desviste mientras corre desesperado de de un deseo a otro. Irreparable. “Mi deseo nunca fue llegar a ser un director de cine o un escritor, y tampoco lo tengo ahora. Después de muchos años entendí que lo más importante es el recorrido de los procesos creativos que puede tener una persona. La película, por el modo en que está planteada, fue quien me entrenó bastante para poder escribir la novela de esta manera. Como en la noche es muy visual, más allá de las estructuras narrativas y todas esas cosas. Esto último no lo digo desde un lugar de soberbia, para nada. Simplemente yo quise hacer algo personal, algo que fuera muy honesto”. 

En Como en la noche aparece de manera frontal todo un universo relacionado con el sexo y la droga. Pero es la soledad uno de sus grandes temas. 

  –Es cierto lo que decís. Solamente cambiaría la enumeración. Te digo esto porque vivimos en un mundo donde lo primero que se ve es la enumeración que vos hacés. Y yo avanzo  de atrás para adelante en la novela. Para mí lo primero es la soledad, que fue lo que más me impactó de la noche y me impacta en la vida. El sexo y la droga son elementos narrativos que yo uso para atravesar la soledad, el alma en pedazos, o si se quiere, esta cosa descarnada que se sufre en la contemporaneidad donde el fin es justamente paliar esa soledad y lograr que alguien te quiera, sentir un abrazo, un beso. Cuando hablo de la soledad me refiero a una soledad existencial, que es algo que uno trae desde muy chico. Podría hablar de lo mismo estando en pareja con alguien. Hay cierto vacío que uno lleva tan metido adentro suyo que nadie puede ocuparlo. La idea, tanto en la película como en la novela, del sexo y el consumo de drogas constante tiene que ver con la decisión de mostrarlo todo de entrada para que te pudras de la repetición y lo naturalices. 

Para el narrador de la novela pareciera que todo ese universo de la noche no es más que un modo de acceder a cierta clase de conocimiento. 

  –Es algo que compartimos con el personaje, me refiero a él y a mí. Cuando yo viajo a otro país a trabajar como actor lo primero que hago es ir a tener sexo con personas de ese lugar. Muchos dirán que soy un promiscuo. No. Me parece, y así lo vivo, que el sexo es una puerta de conocimiento que tiene que ver con otro orden. Nunca desde una perspectiva banal. Para mí los encuentros sexuales son un intercambio de energía enorme entre las personas. Un espacio de libertad como no existe otro en el mundo. Por eso lo respeto mucho. Vivimos en un país donde el sexo está mal entendido. Si las personas fuéramos responsables con el deseo sexual de cada uno, el mundo sería otro sin duda. Estoy convencido de que sería mucho mejor. La violencia sería otro lugar, nos conectaríamos con otra cosa más verdadera. Y en el fondo nos conectaríamos con el amor. Para mí el amor tiene que ver con una posición con respecto a la vida. Luego vienen las relaciones de amor, que son relaciones que uno construye. Puede parecerte una pavada lo que estoy diciendo pero, a los cuarenta y ocho años, yo lo vivo de esta manera.Me costó  un trabajo enorme. Yo no nací así. Soy hijo de padres de los 70, en un contexto político y social tremendo en nuestro país, donde todo esto que estamos hablando no está permitido. Trabajé mucho y sigo trabajando porque no soy el estandarte de la libertad, ni mucho menos. La libertad me cuesta muchísimo. 

Tu personaje necesita seducir para sentirse vivo.

  –Si no seduce está muerto. Pareciera entrar en la noche a través de la seducción, y la mayoría de las veces le sale mal. Porque no obtiene lo que quiere, no lo encuentra. Tal vez nunca lo va a encontrar. Si bien el motor del narrador es la seducción, una bitácora muy importante, también hay otras cosas, mucha ternura y, al mismo tiempo,una manera de sentir la pulsión hacia la muerte que hay en los demás. Eso me pasa mucho a mí. Pienso en determinada gente que conozco que ya está muerta. Tienen  mucho dinero, éxito, una hermosa casa, la parrilla y el perro pero están muertos. Al momento de estar trabajando en la novela, pensaba que lo único que no quería era perderme en ese lugar común del imaginario colectivo de alguien arrojado a la noche, atrapado por las drogas y la promiscuidad. El personaje tomó la decisión de ir ahí, buscó por otros lados. Y así se construye, como sucede en la vida, a partir de las decisiones que toma fuera de las aparentes seguridades que te ofrece el sistema de vida que nos imponen.

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