Una obra de teatro en Londres aborda el tema de las offshores
Las escenas de una guarida fiscal
La recientemente estrenada Haven presenta al mundo offshore como un escenario de la lucha de clases del siglo XXI. Con humor británico, los cinco actores de distintas nacionalidades exponen una realidad patética, entre multimillonarios y una conciencia social maltrecha.
El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop.El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop.El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop.El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop.El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop.
El autor de Haven es el argentino Luis Gayol, uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop. 

Desde Londres

Los Paraísos Fiscales se están incorporando a la larga tradición del teatro político y didáctico que revolucionó Bertolt Brecht en el siglo pasado. En un teatro de magna historia en el underground londinense, el Calder Theatre and Bookshop, la recientemente estrenada obra Haven presenta al mundo offshore como un escenario privilegiado de la lucha de clases del siglo 21. En vez de la fábrica, la confrontación de Haven (Guarida, en inglés) es un evento internacional y globalizado entre multimillonarios, militantes y unos pobres alucinados con el celular en unas islas paradisíacas llenas de contadores y abogados.

Los Panama papers, que tienen a maltraer a Mauricio Macri, expusieron claramente un problema global. En clave didáctica un elenco de cinco excelentes actores de distintas nacionalidades (dos ingleses, una española, una italiana, un argentino) usan gráficos, discusiones teóricas y una canasta de huevos para explicar los malabarismos que hacen los ricos y las multinacionales para evadir impuestos, desfinanciar al estado y pauperizar a la población.

El teatro político usa con frecuencia figuras alegóricas para personificar los grandes temas, una metodología muy usada por el teatro religioso medieval. En el Medioevo las figuras eran la Virtud o el Pecado. En el Siglo 20 estaban el Capitalista, el Explotado, la Plusvalía simbolizados muchas veces en un patrón de fábrica, un obrero, una hucha. En Haven está la millonaria que defiende los paraísos fiscales y explica su mecánica (interpretada por la inglesa Annabel Rutherford), la sirvienta (la italiana Anna Constantino) que la asiste en la tarea, de impecable cofia y uniforme, el Saber, representado por Wikipedia (la española María Estévez Serrano) que suministra las definiciones que requiere un tema tan complejo, el proletario (el argentino Diego Ludicissa) que no saca los ojos de la pantalla de su celular, y el más alegórico quizás de todos, la “Conciencia Social” (el inglés Daniel Kelly), malherido por las derrotas de los últimos 30 años, que transita el escenario vendado y en muletas pero todavía desafiante, intentando alertar sobre los peligros que suponen los paraísos fiscales para el mundo.

La obra tiene varios hallazgos que le permiten dar un preciso cuadro de situación. En una excelente decisión la principal voz narrativa es la de la millonaria que desde el principio advierte que el mundo está dividido en dos. “Un lado es oscuro, lluvioso, miserable, lleno de gente que hace cola para obtener sus necesidades elementales, de bancos de comida para los que no tienen nada. Pero por suerte tenemos el otro lado que es soleado, brilloso y libre, iluminado por nuestro más preciado bien, la Libertad”.

La millonaria se burla del Pobre y la Conciencia Social que “solían ser una y la misma persona, pero que hoy están separados gracias a la invalorable labor de nuestros “think tanks” y fundaciones. La Conciencia Social que era fuerte y saludable, hoy es esto que ven ustedes, una piltrafa que todavía quiere alzar la voz, pero los pobres están tan distraídos que no les interesa nada de lo que les dicen”

En este contexto la Conciencia Social ya no pregona revoluciones: se conforma con un capitalismo más igualitario. “Todos tenemos derecho a que se atiendan a nuestras necesidades básicas. En las sociedades modernas esto se alcanza con impuestos progresivos. El que más tiene más paga para que el estado redistribuya estos ingresos invirtiendo en salud, educación, infraestructura. El impuesto progresivo reduce la desigualdad”, le explica a la audiencia y tiene su pequeña venganza cuando menciona a John Maynard Keynes, el economista inglés que en la posguerra representaba a una derecha astuta para neutralizar los aires revolucionarios de la época y que hoy es la gran esperanza de reforma de un capitalismo desbocado.

Con solo escuchar el nombre de Keynes y la breve reseña biográfica de Wikipedia, la millonaria se desmaya como si su mera mención representara el retorno de una pesadilla que creía haber domado y aniquilado. Rápidamente la millonaria se recupera y vuelve al ataque. “El impuesto no puede ser obligatorio. Si lo fuera estaría atacando nuestro principio más preciado: la Libertad. Está bien pagar para mantener las carreteras que transportan nuestras mercancías, la policía que las cuida y para la investigación que aumenta el valor de nuestros productos. Pero el resto, la educación que le damos a nuestros hijos, la salud, qué tipo de tratamiento médico recibimos es cosa de cada uno. De la misma manera es una decisión personal cuánto vamos a pagar de impuestos y, sobre todo, dónde vamos a pagar”, dice dando entrada al mundo offshore.

Wikipedia aporta una definición irónica de “offshore” como lugar situado en el océano a cierta distancia (off) de la costa (shore) que es utilizado por “bancos, corporaciones e inversores” para la elisión fiscal (actividad legal, aclara: pagar la menor cantidad de impuestos aprovechando las regulaciones existentes) o la evasión fiscal, “actividad ilícita como lavado de dinero y evasión de las obligaciones fiscales”, es decir, los dos delitos de la demanda judicial impulsada por el diputado del FPV Darío Martínez contra Mauricio Macri a raíz de las revelaciones de los Panama Papers. La millonaria acusa de “innecesariamente complicada” a Wikipedia cuando el Saber le recuerda que los paraísos o guaridas fiscales son “lugares donde hay baja o nula carga impositiva y máximo secreto bancario para que los usuarios puedan esconder sus activos o sus ingresos a fin de reducir el impuesto que pagan en su lugar de residencia”.

La Conciencia Social aprovecha esta definición para recordar que el secreto bancario no es nada nuevo, pero que a partir de los 70 se inició una competencia global para desregular en la que el Reino Unido “compensó la pérdida de su imperio colonial con un nuevo imperio financiero formado por las islas Caiman, las Islas Vírgenes británicas, las Bahamas, Jersey y fue muy pronto seguido en esta ruta por Estados Unidos con estados como Delaware y Nevada”. La revelación no parece perturbar mucho a la millonaria que, con la ayuda de su sirvienta, explica cómo hacer para evadir impuestos con un gráfico y una canasta  llena de huevos (de goma). “Si uno tiene un poco de dinero, hay que crear un fideicomiso en un lugar que no tenga regulación y con fuerte secreto bancario, las Bahamas, por ejemplo. Esto es algo que puede hacer su banco. Recuerde que una vez que el dinero está en el fideicomiso técnicamente no le pertenece del todo, así que el siguiente paso es crear una compañía offshore para gerenciar el fideicomiso y luego una compañía limitada en el Reino Unido para que el fideicomiso le transfiera el dinero en pago de supuestos servicios. Y lo mejor es usar muchos paraísos fiscales a la vez”, explica la millonaria.

La criada entonces reparte huevos entre los espectadores para ejemplificar la metodología. “Hay que dividir la empresa en partes. Tener una Unidad de Compras asentada en las islas Caimán”, dice la criada al entregar a un espectador supuestamente en las Caimán el primer huevo de la evasión fiscal. Los Servicios Financieros van a otro espectador situado en Luxemburgo, la Sede Central es para alquien más de la audiencia que representa a Londres, los Servicios de Transporte de la Compañía a un cuarto miembro en la Isla de Mann, los servicios gerenciales van a Jersey y los de Seguros a Bermudas: seis espectadores, seis huevos, seis compañías, seis lugares distintos. “Ahora díganme. ¿Dónde se generan las ganancias finales de la compañía? ¿En Londres, Jersey, Luxemburgo? Yo se los digo. En el lugar que tenga menos impuestos. Es fácil. Londres y Luxemburgo tienen, por ejemplo, un huevo cada uno. Luxemburgo le presta un huevo a Londres a una tasa de interés tan alta que Londres termina debiéndole los dos huevos que tiene a Luxemburgo. Como tiene deuda y no tiene ganancias, no paga impuestos en Londres porque la empresa que tiene ahora los huevos es la de Luxemburgo. Pero Luxemuburgo es un paraísos fiscal, así que tampoco paga impuestos allí. ¿No es fabuloso?”, dice la millonaria.

Como para que no queden dudas que esto está sucediendo bajos nuestras narices y con los productos que consumimos diariamente, la criada bautiza a este método de evasión impositiva como “GASS”, acrónimo de Google, Amazon, Apple, y Starbucks, que operan en todo el mundo, pero pagan poco y nada de impuestos. No se trata de una metáfora o licencia poética-teatral. En noviembre se reveló que Google, que tuvo ganancias de más 25 mil millones de dólares en Europa, el Medio Oriente y Africa en 2015, solo pagó unos 50 millones de dólares (un 0,25% de carga impositiva) gracias a sus acuerdos con un paraíso fiscal en la Unión Europea: la República de Irlanda.

Feliz y airosa como está, la millonaria no es ciega a los peligros. “Los pobres votan. Es una pena, pero es la realidad. Por suerte también para eso tenemos una solución. Es cosa de convencerlos de que cualquier votación que vaya contra el libre mercado es peligrosísima y contra natura. Convénzanlos de que la política es inútil y que los líderes de izquierda no son carismáticos, no son elegibles y son corruptos. A los pobres les encantan los cuentos de corrupción. Bombardeénlos con propaganda, háganlos envidiarnos, inúndenlos con historias sobre abusos del sistema de seguridad social, de adolescentes embarazadas para cobrar planes sociales, díganles que los extranjeros vienen a robarles sus trabajos y sus mujeres. Y ya está. Problema solucionado”, dice la millonaria antes de saludar a la audiencia y dejar el escenario con un gesto triunfal.

La última escena revela un obstáculo que viene desvelando al pensamiento de izquierda. La Conciencia Social intenta explicar al Pobre lo que está pasando, trata de llamarle la atención, desesperado termina tocándole la pierna con su muleta. Todo en vano. El Pobre no saca los ojos del celular.

El autor de Haven, el argentino Luis Gayol, es uno de los dueños del Calder Theatre and Bookshop y alma mater del grupo “Boiler suits” (Mamelucos) que representó en 2014 Vultures (“Buitres”) sobre los fondos que buscaron arrinconar al gobierno de Cristina Kirchner y lograron finalmente el pago que exigían del de Mauricio Macri. Al igual que Vultures, Haven termina con un debate con el público y se representará en escuelas con la intención de diseminar el mensaje sobre los paraísos fiscales ya bastante extendido gracias a los Panama Papers. Señal de esta nueva presencia del mundo offshore en la agenda pública, la obra contó con el apoyo de Tax Justice Network, la Red de Justicia Fiscal, que lucha contra los paraísos fiscales y la evasión a nivel mundial, y sus dos programas mensuales de radio y podcast: Justicia Impositiva (en español) y Tax Cast (en inglés).

La historia del teatro Calder es tan aventurera y romántica como este intento de conectar el teatro con la realidad social. John Calder es una figura emblemática de las editoriales y el teatro alternativo que a partir de los años 50 promovió y publicó las obras de Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, William Borroughs, Eugene Ionesco, Alain Robbe-Grillet entre otros. En 2010, con 83 años y residencia en París, la librería y teatro Calder, que se encuentra a pasos del Támesis y la estación de Waterloo, estaba por ser vendida a “Pret a Manger”, una cadena de comida al paso, operación muy al tono de los tiempos actuales: una compañía multinacional de servicios ocupando el espacio de una institución cultural. La alianza de cuatro fanáticos del teatro –dos ingleses y dos argentinos– con el mismo Calder consiguió salvar este espacio que sigue apostando al teatro alternativo con fuerte mensaje político.

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