Desde El Cairo (II)

¡El regreso de la raya asesina!

Numerosos científicos habían afirmado que la temida y sinuosa raya configuraba una especie casi extinguida en nuestro río Paraná. Sin embargo, meses atrás, una vieja historia acuñada por los isleños volvió a circular llenando de pavor a marinos y bañistas: “Espinilla” había sido vista nuevamente. De esta forma, reflotaba una leyenda del Litoral, la que cuenta de una inmensa raya asesina que emerge todos los años terminados en “2”.

De cualquier manera, Prefectura consideró que el rumor podía ser producto de una confusión con las corrientes del artero Remanso Valerio o bien un abuso alcohólico de los lugareños Pero las peores predicciones se cumplieron. Y fue un amigo de la casa, el arquitecto Fernández Nardi (Pitufo) el principal damnificado. En efecto, el domingo último, Nardi, tras anclar su nave en la vecina orilla y disponerse a trasegar una piña colada, fue atacado por el gigantesco pez marino del orden de selacios.

La bestia, sin duda, apuntó su venenosa lanceta a la garganta del Pitufo, pero dada la confusa disposición anatómica de la víctima le acertó en el tobillo. Resultado: hoy por hoy el desafortunado arquitecto se moviliza con muletas y ha prometido vender su yate y mudarse a las sierras, olvidando el peligro latente del intolerante chivo.

¡Atención bañistas! ¡La raya asesina aun anda suelta y, ahora, sedienta de sangre!

 

A bailar y a gozar

Uno de los máximos expertos en música popular de la "Mesa de Galanes" es el cantautor latinoamericano (retirado ya, a pedir del público) Ricardo Centurión. Centurión, junto a su compañera de baile, la portorriqueña boriua Ester Stekelberg (más conocida como "La Reina del Merequetengue") han lanzado al aire, por Radio Río (en el 96.9 de su dial) el trepidante programa "Sunderland en su Salsa", que obviamente abunda en este tipo de música. La selección de los temas está en manos de otro conocedor exhaustivo del cancionero colombiano, el barranquillero Claudio Tedeschi (el bien llamado "Demonio de Cucuta") quien, como es sabido, ha debido refugiarse en nuestra ciudad tras unos confusos negocios con un par de amigos en Medellín. Es así que todos los sábados, desde las ocho de la noche hasta las diez, la ciudad se sacude convulsivamente al conjuro de "Bovea y sus Ballenatos" y otros ídolos de la canción.

 

Hombres de ley

Días atrás, la ciudad despertó impactada por la publicación (en una matutino de nuestra ciudad que no es Rosario/12) de la fotografía del prestigioso abogado (e integrante conspicuo de la Mesa de Los Galanes) Chiquito Martorell. Su expresión reconcentrada, su mirada perdida en el horizonte y el férrea contextura de su mandíbula mostraban, en forma incontrastable, al hombre consustanciado con los problemas de su tiempo, en una actitud profunda y sabática (por Ernesto Sábato, el célebre narrador). Pero, pronto, el rosarino medio pudo tranquilizarse. Lo adusto en la figura de la señora y señera del doctor Martorell no obedecía tanto al desvelo propio del hombre de las leyes ante el difícil momento que atraviesa la Justicia nacional, sino a que se avecinaba el Sexto Torneo Nacional de Fútbol de Abogados, justo del saber en la cual Chiquito jugaba importante rol, como organizador y actuante. Dejando de lado el resultado final de la noble porfía (ganaron los tucumanos) existe ahora otro motivo de satisfacción para el lector rosarino: la foto, aquella foto inquietante de la mirada de águila salteña, se puede adquirir desde hoy en todas las buenas casas de posters y bijouterie. Es más, las ampliaciones (15 x 38) sobre papel satinado) serán firmadas por el mísmisismo leguleyo, todas las tardes, en el Bar El Cairo, a eso de las ocho de la noche.

 

19 de diciembre

Todos los años, religiosamente, para esa fecha la organización fundamentalista confesional (OCAL) recuerda aquel memorable gol de Aldo Pedro Poy en el estadio Monumental de Núñez en 1971 frente al rival de todas las épocas.

La ceremonia, si bien empezó limitada y recoleta, ha comenzado a abrirse al público con el paso del tiempo para llegar a convertirse (por ejemplo, ese año) en un festejo popular y masivo. A este ritmo no es difícil imaginar el futuro. Posiblemente dentro de 50,  70 años, curiosos turistas europeos y japoneses verán aparecer en sus tours por Sudamérica la cita ineludible de Rosario para mediados de diciembre. Cientos de miles de extranjeros vendrán a nuestra ciudad para la fecha (o bien quedarán desde la Feria de las Colectividades, directamente) con la intención de comer palomitas de maíz, lucir sombreros extrañamente azules y amarillos, o bien disfrazarse con la sola aplicación de un frondoso bigote sobre los labios. Sin duda, la mayoría de nuestros hijos o nietos ignorarán la respuesta. La atribuirán a algún episodio religioso, a algo relacionado con la cosecha, a la iniciación sexual de los indios querandíes.

Sin embargo, pese a lo endeble de la memoria, al año siguiente, a mediados de diciembre, habrá de nuevo suelta de palomas y pintadas auriazules.

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