Subsuelos, un recorrido por el arte local del siglo XXI
Algunos problemas del arte argentino
En la Argentina hay pocos premios dedicados a textos críticos sobre artes visuales. Aquí se anticipa un fragmento del ensayo ganador del último premio ArteBa-Adriana Hidalgo editora.
Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle).Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle).Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle).Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle).Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle).
Escombros flotantes, 2006, de Marcelo Pombo. Esmalte sobre panel, 70 x 100 cm (detalle). 

El Premio Ensayo Crítico invitaba pensar problemas que recorran el arte argentino durante los últimos años, también sobre un corpus de obras o exhibiciones realizadas por artistas argentinos en los últimos quince años; estas eran unas proposiciones abiertas que no podría emprender sin meditar antes sobre otras variables que exceden al arte e implican algo más grande. Algo que indecorosamente podría ser llamado mundo. Quería pensar a partir de esa noche que la escatología cibernética había bautizado Y2K, es decir desde el inicio del siglo.

También, percibiendo como André Breton que la sensibilidad jamás cambia radicalmente, otra pregunta disparó este ensayo, ¿cómo se filtra la Modernidad en el arte contemporáneo?. Una Modernidad entendida como un sistema heterotópico, hecho de manifiestos, vanguardias y retaguardias, técnicas, voluntades subversivas.

Creo que en el grupo de obras de Diego Bianchi, Laura Códega, Provisorio Permanente, Rosana Simonassi, Marcelo Pombo, José Luis Landet, y el Archivo Oral de Arte Latinoamericano, curado por Fernanda Pinta y Federico Baeza, se condensan y superponen varios tiempos. Creadas y exhibidas entre el 2003 y 2015 son obras que nacieron en esta fractura del capitalismo, y algunas están hechas con sus síntomas. Uno de los más evidentes es la disolución de lo humano en mercancía, tecnología o residuo. También hay otro espíritu en ellas y es el de la modernidad que se adhiere a través de restos flotantes, espectros, resquicios. Subsuelos no es un diagnóstico sobre el arte argentino de los últimos años, es sobre un zeitgeist, está un poco acá y otro poco en otro lado.(...)

La armada de Vilma Tunconi. Tierra adentro. El pasado brota en el arte contemporáneo en Buenos Aires. Archivos desenterrados, obras compradas en mercado libre y pesquisas sobre acervos postergados, generan permanentemente nuevas exhibiciones. La recuperación de gemas amohosadas, resplandores extintos y lados B del canon modernista forma parte del trabajo de una generación de artistas-curadores activos en el presente. 

La obra de Marcelo Pombo ha sido fundadora de esta discursividad, su sostenida investigación sobre artistas marginales y campos estéticos excéntricos ha resultado una vía de acceso a los subsuelos de las colecciones para las generaciones posteriores. Las intervenciones de Pombo sobre un capital cultural contra-canónico se definen con claridad programática desde 2008, cuando fue curador y artista de “Nuevos artistas del Grupo Litoral”. En el museo Macro de Rosario conectó su obra “Los sin techo”, con las de Domingo Candia, Emilia Bertolé, Manuel Musto, activado en un “creciente interés por las operaciones híbridas y decorativas de la pintura moderna de los márgenes, la estéril ilusión de no repetir el pasado y la riqueza de la necesidad de reinventarlo”. Posteriormente, en el Museo de Arte Contemporáneo de Santa Fé exhibió “Los duendes del campo decoraron el patrimonio durante la noche”. Allí intervino con moños, stickers y choclos pintados los muros de la sala y las obras de Mele Bruniard, César Fernández Navarro, Carlos Fossatti y Vilma Turconi. Los choclos adornados con piedras preciosas de bijouterie disparan una asociación ineludible. Las mazorcas maquilladas se desparraman en el museo como una fiesta callejera latinoamericana; las gotas de brillantina y los moños tienen algo de los parangolés de Hélio Oiticica: son vestidos de carnaval. Más tarde, el Museo Argentino de Arte Regional que Pombo creó en el sitio flickr.com fue un espacio de imágenes intervenidas con photoshop destinado a “los artistas del pasado que quedaron excluidos del canon modernista” . Pombo produjo un corte: registró la existencia de un Pasado sin Historia, al mismo tiempo que habilitó la construcción de narrativas históricas escritas fuera de la academia. Esta escritura, en adelante no será una prerrogativa de los historiadores de arte y los agentes de la teoría.

Las operaciones estéticas de Pombo no son repentinas. Conforman un sistema dentro de su propio cuerpo de obra  -central en el arte argentino desde la década del 90- hecho de la fascinación por imágenes y objetos devaluados. Fenómenos masivos de la televisión y la música, como Xuxa, Loco Mía, Michael Jackson y los Ramones, se articularon en una iconografía devota del consumo industrial. Gran parte de sus obras de los años 90 fueron realizadas con cartones: los paisajes suburbanos de San Francisco Solano, las cajas de Cepita y Skip identificaron en ese material la potencia de una mercancía residual factible de transformarse en objeto valioso. No mucho tiempo después Buenos Aires se pobló de carros de cartón llevados por tracción a sangre. 

Las operaciones estéticas de Pombo no son ex nihilo. Se inscriben dentro del horizonte trazado desde el Rojas en el crepúsculo de los 80. Con el “modelo curatorial doméstico” de  Jorge Gumier Maier establecido allí,  las manualidades, artesanías, bordados ingresaron al arte contemporáneo. La sensibilidad de Gumier Maier se encandilaba con artistas como Ziliante Musetti de circulación periférica en el pasado, los hilados en ñandutí de Feliciano Centurión, los ensamblajes hechos con lámparas y palanganas de plástico de Omar Schiliro. 

También en la década del 90 se articuló una inmersión profunda en el pasado abstracto de la pintura argentina. En las obras de Pablo Siquier, Graciela Hasper, Fabián Burgos y Gumier Maier se encontraban diseccionados el Perceptismo, el Arte Concreto Invención, el Madi, la última abstracción argentina del siglo XX  que delineó una identidad forjada en la apropiación de movimientos estéticos rezagados internacionalmente. Carlos Basualdo planteó en el prólogo de la exhibición The rational twist: “resulta notable comprobar que, más de cincuenta años después de su aparición en la escena artística sudamericana, el mundo del arte ‘internacional’ apenas si se entera de que alguna vez existió algo como el Neo-Concretismo en Rio de Janeiro o la Asociación Arte Concreto-Invención en Buenos Aires”.

En la corporeidad de las obras de la primera mitad de los 90 podemos identificar una vía que se articula en torno a la explotación de la pequeña escala hecha con materiales baratos y en espacios domésticos. Al mismo tiempo se expandió el empleo de técnicas artesanales como el bordado y tejido crochet, las manualidades escolares  -recortar, pegar, hacer maquetas, usar brillantina y stickers-, y el uso de productos seriados e industriales. En ese momento nació un lenguaje que inscribió  en el campo del arte y su sistema de circulación específico  a los procedimientos menores y desjerarquizados. La estética gestada en el Rojas abrió las compuertas de la periferia y Pombo, en el desplazamiento del metro cuadrado al museo provincial inventó un procedimiento.

* Licenciada en Historia del Arte. Curadora, docente e investigadora. Ganadora del premio de Ensayo Crítico Arteba Adriana Hidalgo editora. Fragmento del ensayo ganador que será publicado próximamente en edición electrónica bilingüe.

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