Un vuelo alrededor de Nidos: concursos, irreverencia, pianos y pop cuentrapropista
"El dolor no es tan malo"
Ahora trío, el combinado abraza la balada y suelta las penas en un disco collage que recibe la influencia de su escena.
"La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro"."La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro"."La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro"."La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro"."La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro".
"La trampa" cierra la trilogía debut del joven grupo. O no: "Quedamos tan manijas que vamos a hacer otro". 
Imagen: Cecilia Salas

“Pop agorista” podría rotularse La trampa (2018), lo nuevo de Nidos. Y es que aparte de ahondar en un sonido del que ya dio luces en su disco anterior, Un avión para cruzar la puerta (2015), el hoy trío convirtió la grabación de este trabajo en una suerte de réplica de la teoría de Samuel Edward Konkin III. En el alba de los ‘80, el escritor estadounidense propuso que para alcanzar una sociedad anarquista de mercado había que apelar por la contraeconomía y el autoempleo. “La idea era hacerlo con cero pesos, por lo que nos metimos en la Bienal de Arte del Gobierno de la Ciudad. Si bien pensamos que el premio era nuestro, se lo llevó El Zar”, evoca Julián Ares, cantante y guitarrista de este grupo creado en 2013. “Ahí nos avisaron que estábamos en la semifinal de Camino a Abbey Road y terminamos ganándoles la final a La Femme D’Argent y Phonalex.” Aunque el bajista Fausto Aguirre, también desde la terraza de su estudio, detalla sobre esa edición 2017: “En realidad, ganó La Femme. Nosotros llegamos por el voto de la gente, que pesa más. Fue feo que se definiera de esa manera”.

El malestar no acabó ahí. “Tuvimos una reunión con el Ministro de Cultura y le propusimos que usaran el dinero del concurso para algo más sólido y que valiera la pena para todos”, explica Fausto. “Nos sacaron cagando.” Mientras Julián completa: “Nos dijeron que el próximo lo íbamos a grabar en el campo… Si lo que querés es generar cultura, ¿para qué mandás a unos pibes a grabar a Londres? Acá tenés estudios que están técnicamente a la misma altura. Terminamos un poco raro con todo eso... no queremos seguir robando con lo del concurso”. Entonces el baterista Rodrigo Humeres interviene: “Todo gira en torno a un show que arma el gobierno de la ciudad: los estudios Abbey Road son como un museo”.

Al regresar a Buenos Aires, tras pasar poco más de una semana en Londres, Nidos volvió a rearmar el repertorio de su tercer disco. “Porque somos irreverentes, lo que hicimos allá lo tiramos en el Ableton Live”, repasa el bajista acerca del material producido por ellos mismos. “No podíamos tocar eso. Así que cortamos y pegamos.” Y a pesar de que un tema como No existe, una de las odas al pop de La trampa, pareciera ser un guiño al disco Tango in the Night, de Fleetwood Mac, es producto de la sugestión. “Escuchamos lo que pasa alrededor. Más que lo de afuera, miramos acá, que es de lo que somos parte”, expedita el frontman. “Vamos a shows de bandas amigas, que son re grosas, y vemos lo bueno que hacen.”

El mayor acto de riesgo de este trabajo radica en Los pies y en el último track, Puerta, en el que, a punta de piano y voz, el grupo enfrenta los prejuicios de una escena que olvida por momentos que Viernes 3 AM no sólo es una de las mejores canciones del rock argentino sino también una balada. Furiosa, sí, mas balada al fin. “Puerta surge de no saber qué va a pasar, y de jugársela”, comparte Ares, su autor; a lo que Aguirre adhiere: “Tratamos de tocarlo en banda hace un montón de años, pero estaba bien así. Y Leo Sujatovich, el padre de Mateo de Conociendo Rusia, terminó grabándolo. El disco tiene que ser pop y concebir determinados sonidos, y luego te tomás ciertas licencias y te relajás”.

Al igual que sucede con otro grupos argentinos afines, como Bandalos Chinos, El Zar o Barco, Nidos puede darse el lujo de, más allá de su juventud, comenzar a presumir de una identidad. “Tratamos de alimentar ese imaginario”, se atreve el vocalista y violero, que en La trampa ya no cuenta con el aporte de Alejandro Saporiti, otrora guitarrista que se abrió para dedicarse a su laboratorio solista (Bröder) y a su rol de DJ de la fiesta Bresh. “Alguien dijo que la química tiene que andar en todos los aspectos de la vida. Si no tuviéramos la misma búsqueda, no hubiera pasado nada.”

Y en esa sintonía se encuentran las letras de su flamante álbum: “Hay un universo presente todo el tiempo. En el primer disco hablamos de la música eterna, de la falta de tiempo y de que estamos juntos para algo. Si bien ahí prevalecen las expectativas, en el segundo el mundo ya fue y no me importa nada. Mientras que La trampa es darte cuenta de que no es tan así y de que hay que dejar ir. El dolor no es tan malo. Pensamos que era una trilogía, pero quedamos tan manijas que vamos a hacer un nuevo disco”.

* Nidos toca el viernes 12 de octubre a las 20 en el Teatro Margarita Xirgu-Espacio Untref, Chacabuco 875.

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