Comienza en el Celcit Mujeres a la obra, Primer Ciclo de Teatro y Feminismo
“Estamos generando otro paradigma”
Mariela Asensio, Claudia Quiroga y Carolina Guevara hablan de las urgentes razones para idear el ciclo. “Estas obras cuentan la coyuntura y las urgencias desde nuestros cuerpos”, señalan.
“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.”“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.”“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.”“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.”“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.”
“En espacios de decisión nuestra presencia es muy menor.” 
Imagen: Bernardino Avila

Para que resuene fuerte la voz de las mujeres, un grupo de dramaturgas, directoras y actrices se unieron para crear Mujeres a la obra, Primer Ciclo de Teatro y Feminismo en el Celcit (Moreno 431). Entre hoy y el lunes habrá obras hechas por mujeres y con perspectiva de género. “Con distintos lenguajes y estéticas, cuentan la coyuntura y las urgencias desde nuestros cuerpos”, resume a PáginaI12 Claudia Quiroga, una de las artistas involucradas. Están lloviendo hombres, con texto y dirección de Mariela Asensio, abre el juego hoy a las 20 con un mundo en que “todo lo que no sea un hombre corre peligro”. También hoy, a las 20.30, se verá Esa niña, delicada pieza de Lucila Quarleri sobre Eva Perón. Mañana será el turno de Rosa del desierto, obra de Quiroga sobre la lucha feminista (a las 20), y de Rayito de sol, de Natalia Villamil (a las 22.30), definida como “una travesía femenina de amor”. El domingo a las 22 se verá Maldichas, respuesta de Daniela Carballo, Lara Hernaiz y Lena Zapata a la desigualdad y la opresión. Descansa, de Pilar Ruiz (a las 18), aborda el embarazo no deseado; y Los golpes de Clara, con destacada actuación de Carolina Guevara, cruza violencia machista y coyuntura política (a las 20).

Son varias las razones del ciclo. Que, como dice la directora de Rosa del desierto, “ojalá no existiera”. “No es lo que queremos. Nos vemos en la necesidad, para poder estar con nuestras historias. La historia la siguen contando los varones”, se lamenta. Como telón de fondo están las denuncias de abusos y violencia machista en el teatro, con Omar Pacheco como reciente caso emblemático. “Estamos en otro país, otro cuerpo de mujeres, con la sororidad a flor de piel. Ya no nos callamos”, remarca Quiroga. “El marco posibilitó que la situación fuera denunciada colectivamente. Antes las mujeres se iban solas de los espacios”, analiza Carolina Guevara.

“Me he ido de clase muy enojada porque querían generar impacto y te violentaban físicamente”, revela la actriz. Es moneda corriente: “Tuve muchos profesores que eran un asco”, dice Mariela Asensio. “Siempre doy el ejemplo de los masajeadores. Soy docente hace muchos años. ¡No se me ocurriría masajear a nadie! Me entero de colegas que se acuestan con alumnas, que en la primera clase eligen cuáles les gustan. Todo esto se sabe. Pero no conozco antecedentes de mujeres que se acuesten con alumnos, los toqueteen o hagan chistes sobre su cuerpo”, expresa la directora. Y advierte: “Hay grandes popes y directores de escuelas a los que todavía nadie escrachó. Son como unos capos, pero son altos maltratadores”.

En este contexto emerge esta iniciativa urgente que busca cuestionar la legitimación a la que los varones acceden con mayor facilidad. En estos años es notable el crecimiento de producciones con perspectiva de género. “Hay muchos varones que salieron a hacer obras sobre nosotras”, sugiere Guevara. “Y ganan premios, los editan y representan sus trabajos no sé dónde... es muy loco. Hay compañeras que abordan ciertos temas hace años, y sale un chabón haciendo una obra y lo editan a él y gana premios. He visto obras con perspectiva de género, hechas por hombres, alucinantes. Pero lo fenomenal, en el mal sentido, es la inmediata legitimación de la que ellos gozan”, contrasta Asensio. Es una problemática no sólo de construcción de imaginario, sino también laboral. “En espacios de decisión y/o discursos, en dramaturgia o dirección, nuestra presencia en cualquier espacio no autogestionado es bochornosamente menor”, añade la directora. Y no es que haya menos mujeres escribiendo. Asensio lo comprobó en Argentores: “En el último año casi el 50 por ciento de los registros son de mujeres. Históricamente accedimos a lo que accedimos conquistando derechos. Para mí el arte no es sagrado: trabajo de esto. Todo bien con los ciclos, pero quiero igualdad en otros espacios”, argumenta la dramaturga. 

Asensio y Quiroga, de extensa trayectoria, no tuvieron oportunidad de dirigir en el teatro oficial. “¡Susana Torres Molina nunca fue programada!”, dice la directora de Mujeres en el baño. Las creadoras del ciclo –que en la jornada inaugural incluye una charla junto a elencos y la socióloga María Pía López, de Ni Una Menos– decidieron que la dramaturgia fuera de mujeres. “Puede haber un elenco que necesita de varones en su historia. No es que no queríamos varones. De hecho a mí me dirige uno. Pero queríamos que la voz fuera de las mujeres”, explica Guevara.

“En el teatro de todos los tiempos, y sobre todo en el de los popes varones, los personajes femeninos son cuerpos en la ignominia de la vida. Se abren paso como pueden o se suicidan, como Ofelia”, desliza Quiroga. “Muchas nos estamos apartando de estos cánones. Entramos en poéticas diferentes, en otra manera de hilar lo que contamos, todavía en transformación. No sé si vamos a un lugar más matriarcal, pero estamos generando un nuevo paradigma”, completa. “La escritura de las mujeres parte del territorio del cuerpo. A todas en algún momento nos atravesó una situación de violencia. Las dramaturgias de los varones no tienen esa vivencia. Hay una subjetividad distinta, y vamos a bregar para que se vea”, compara Guevara. “Nuestros cuerpos son territorios heridos por los abusos en el ámbito teatral, nuestras casas y con maestros de otras índoles, pero estamos volviendo a poblarlos”, concluye Quiroga. 

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