Menos blanquitos, menos bien vestidos

En el video de la moto, el intercambio entre “los muchachos de Avon” más bien gira en torno del temor que el acoso produce y del dolor que genera, en consecuencia, en otra persona. Es una mirada a la que podría contraponerse al argumento “le gusta que la mire” o inclusive a que “es normal, está acostumbrada”, y por eso pienso que es desacertada por ser muy parcial. Hubiese sido preferible un fundamento en torno al respeto por y entre las personas como sujetos de derechos y sujetos de deseo; premisas que, por ejemplo, orientan a la educación sexual integral.

Por el contrario, creo que hay una frase interesante dicha un poco al pasar (y es una pena) “¿qué sos?, ¿un animal, que no te podés controlar?”. Sobre todo porque el otro muchacho no contesta nada. ¿El silencio reflexivo tal vez? Es sugerente que se ponga en cuestión esta dimensión, tan propia del patriarcado, que entiende a la juventud y sobre todo a lo masculino como “tomado” por las hormonas o el impulso sexo-genital ingobernable.

Ahora bien, el video circuló y se comentó. Hay una forma de deliberación que se produce en los encuentros domésticos; el desayuno, el almuerzo, la cena cotidiana, esos espacios donde a veces se habla de temas rutinarios y otras, se discute con vehemencia. También se debate en los encuentros informales, entre amigas, amigos, amigues, en las pausas laborales, en “la sala de profesores”, o el vestuario. Cuando una publicidad llega a esos lugares, con una idea que se recuerda más que la marca que la generó (imagino efecto no deseado por la agencia responsable), evidentemente está hablando de un tema de interés social. Inclusive, creo, cuando las personas que debaten no están de acuerdo, en parte o totalmente, con el contenido. Y hubo mucho de eso. Me pregunto, sin embargo, ¿entre quiénes y en qué hogares fue tema de conversación? 

Me parece que es un recurso que puede ser interesante, por ejemplo, para conversar en clase. Y en este sentido, entiendo que puede ser fructífero en las escuelas, para poner en cuestión lo que dice y sobre todo lo que no dice. Porque ya casi no se habla del origen comercial de los fondos que lo financiaron. Casi. ¡Porque tampoco imagino a Avon tirando la plata! Tampoco dilapida sus recursos L’Oreal al entregar el premio a las mujeres científicas y el premio es ya una suerte de “clásico” celebrado y potente en la difusión de las producciones de las mujeres. Obviamente, las empresas no pueden nunca reemplazar la inversión sistemática en educación en general y en educación sexual integral en particular. Por ejemplo, para profundizar la campaña hablando de y a otros muchachos, menos blanquitos, menos bien vestidos y con un lenguaje menos académico. 

¿Habrá más videos en esta dirección? ¿Habrá videos que hablen contra la violencia de género hacia las mujeres trans o lesbianas? ¿Habrá videos que interpelen a la enorme comunidad de inmigrantes latinoamericanxs que viven en Argentina? Mientras el mercado decide si vende o no vende, esa campaña que incluya la intersección de las formas de la violencia y la desigualdad de las mujeres, debe ser planteada desde el Estado. Y en un contexto de ajuste, difícil que suceda. 

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