Panorama político
Bolsonarizados
Imagen: Noticias Argentinas

El permiso de Patricia Bullrich a las fuerzas de seguridad para disparar a la espalda de las personas anunció la bolsonarización de Cambiemos y su eje de campaña para el 2019. El nombre de la ministra de Seguridad, que tiene la imagen más alta del gabinete entre los votantes macristas, resuena como posible compañera de fórmula de Mauricio Macri. El camino que eligió el oficialismo muestra una sociedad que se embrutece referenciada en los fenómenos políticos más regresivos que está produciendo la crisis de la globalización neoliberal.

La directiva con el nuevo protocolo tiene pocas posibilidades de aplicarse porque se contrapone a leyes nacionales y pactos internacionales, por eso su difusión solamente puede relacionarse con la sobreactuación permanente del oficialismo sobre el tema de la inseguridad. El escenario de esa sobreactuación son las próximas elecciones y la contradanza de candidaturas en el oficialismo.

Cambiemos descartó la posibilidad de que María Eugenia Vidal fuera la candidata y Mauricio Macri ya definió claramente que quiere reelegir. Decide su candidatura y busca decidir sobre la de la oposición. Todas las encuestas lo hacen competir con Cristina Kirchner aunque la ex presidenta no ha dicho nada en ese sentido y en todo caso se ha mostrado hasta reacia.

El desastre de la economía postergó el lanzamiento de su candidatura y el comando de campaña eligió la realización de la reunión del G-20 como su punto de largada. Había previsto el precalentamiento con la Copa Libertadores, pero esa idea naufragó por la ineptitud de los responsables de la seguridad. La prensa en general, pero más las corporaciones oficialistas, celebraron esa reunión que no aportó casi nada para la Argentina, como si se tratara una victoria trascendental.

Una parte del periodismo mostró su faceta más mercenaria al celebrar con una efusividad inusitada esa épica de la nada. No hubo nada importante de lo que el presidente pudiera pavonearse porque hasta hubo errores gruesos en el aspecto ceremonial. Clarín y La Nación mostraron la foto de Macri llorando en el Colón y hubo titulares como “Macri tocó el cielo de la Cumbre con las manos”.

Los desplantes del presidente norteamericano se sucedieron. Macri lo recibió con un agradecimiento por haber facilitado el préstamo del FMI. Y en ese momento se mostró a Donald Trump cuando arrojaba al piso el aparato traductor con un gesto despreciativo. The Independent, de Gran Bretaña, y otros medios del mundo colgaron en sus portales el video donde Trump vuelve a hacer un desplante dejando solo a un Macri servicial que queda haciendo gestos sobre el escenario pidiéndole que vuelva. Y se escucha a Trump exclamar “¡Sáquenme de aquí!” y las risas de los periodistas extranjeros por la situación ridícula del mandatario argentino.

El gobierno argentino soportó sin protestar la prepotencia del norteamericano cuando lo incluyó en una declaración que hablaba de la coincidencia para frenar el avance “depredatorio” de China en la economía mundial. No hubo crítica ni protesta por la prepotencia y deslealtad de difundir en esos términos y en forma inconsulta el contenido de esa reunión. Fue otra actitud despreciativa de Trump como las que aplica cuando maltrata a sus subalternos, en este caso el presidente argentino.

Por supuesto que en la reunión le apretó las clavijas a Macri sobre China. El comunicado aclaratorio de la cancillería local no negaba que se había hablado del tema, solamente decía que no se había utilizado la calificación de “depredatoria”. Hay muchos sinónimos. Y Macri reaccionó en consecuencia porque se echó para atrás la construcción de dos centrales nucleares, una con los rusos y otra con los chinos.

La excusa fue que la situación económica y los recortes establecidos en el acuerdo con el FMI impedían abordar las obras. Pero tanto los chinos como los rusos ofrecían una financiación favorable que comenzaría a pagarse recién cuando estuvieran las centrales en funcionamiento.  El presidente Xi Jinping no se fue contento y se trata del principal comprador de la soja local. Se dijo que Macri había mostrado muñeca política al hacer equilibrio entre chinos y norteamericanos y lo que pasó en realidad fue que hizo todo lo que le pidió Trump en su estilo de amo que ordena.

Se exhibió como trofeo de este G-20 porteño la supuesta tregua entre chinos y norteamericanos. Pero en el mismo momento que se decía eso, la directora financiera de Huawei, la principal electrónica china, era detenida en Canadá con una orden de extradición para Estados Unidos. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau se apresuró a afirmar que la detención de Meng Wanzhou, no había sido por causas políticas.

Es difícil de entenderlo de otra forma ya que se la acusa de haber violado las sanciones comerciales impuestas por Washington contra Irán. El diario estatal chino Global Times publicó ayer que “obviamente, Washington está recurriendo a un enfoque despreciable y canalla, ya que no puede detener el avance del 5G de Huawei en el mercado”. No parece una tregua consistente.

Dicen que el mundo respaldó a Macri. Pero fue todo de palabra, sin hechos concretos y en declaraciones a medios locales. El francés Emmanuel Macron le palmeó la espalda pero le advirtió que no habrá por ahora tratado entre la Unión Europea y el Mercosur.  En general la repercusión mundial no fue buena. El BBC Mundo se preguntaba antes de la reunión la razón por la que Argentina pertenece al G-20 “si no está entre las primeras 20 economías mundiales y además presenta la segunda inflación más alta del mundo y con una de las mayores caídas del PIB en el planeta debió recibir el rescate más grande en la historia del FMI”. Son registros de un desastre difícil de empardar con ningún otro país del mundo, de Africa o de Asia, por nombrar dos regiones muy golpeadas. El desastre de la economía tiene un costo también a nivel internacional. Y es de una envergadura imposible de ocultar.

Los medios oficialistas se congratulaban porque los mandatarios extranjeros “se sintieron seguros”. Buena para Macri. Los mandatarios se sintieron así, pero a costa de la seguridad y tranquilidad de los argentinos en una ciudad tomada por miles de efectivos armados hasta los dientes, con cortes por todo el centro y caravanas blindadas. Miles de porteños abandonaron la ciudad amedrentados por la campaña de miedo lanzada por el gobierno.

Hubo detenciones de dos muchachos a los que se acusó de terroristas sin pruebas, hubo atentados sospechosos, más ruidosos que peligrosos, pero que motivaron allanamientos y más detenciones, hubo amenazas y advertencias de la ministra Bullrich y hasta se presionó al juez Gustavo Lleral para que emitiera poco antes de la reunión un fallo que exculpó a las fuerzas de seguridad por la muerte de Santiago Maldonado en el contexto de una fuerte y desigual represión de una protesta mapuche.

Esa escalada estatal de amedrentamiento también fue sobreactuada aunque efectivamente la realización del G-20 en Buenos Aires se produjo sin sobresaltos en ese aspecto. El tema de la seguridad fue el único relevante para el gobierno que así lo destacó: la única ministra que nombró Macri en la conferencia de prensa que ofreció al cierre del encuentro, fue a Bullrich.

La ministra de Seguridad viene desde antes lanzada a una campaña de aparentes exabruptos que ahora, en un mundo dislocado por los exabruptos, se revelan como una estrategia coherente que, sin provenir del riñón del PRO, la colocó en un escalón candidateable para vice del presidente en el 2019.

La reivindicación del policía Chocobar que remató a un ladrón en el suelo, sus declaraciones antidemocráticas en defensa de la represión a la protesta social, el protocolo que facilita la tenencia de armas a los civiles y ahora esta directriz que amplía las facultades de los efectivos policiales para disparar sus armas de fuego son eslabones de una cadena.

Y desde el otro lado, en el plano internacional, esa misma cadena fue creciendo con los Bolsonaro, el triunfo de la derecha en Andalucía, el gobierno derechista en Italia y hasta el mismo Trump, como expresiones de ese mundo de exabruptos. En ese contexto, el Estado Mayor del PRO, decidió que la seguridad será el eje de su campaña para el año próximo, lo cual posiciona a la ministra de mano dura. Estas referencias internacionales anuncian que será una campaña mucho más a la derecha que el falso centrismo que quiso mantener el oficialismo.

El tema es que Cambiemos gobierna el país desde hace más de tres años y no puede exhibir ningún logro en el plano de la seguridad. Los índices y registros sobre niveles del delito no bajaron e incluso aumentaron. El ciudadano común percibe que la delincuencia aumentó y nadie se siente más seguro. Cambiemos no puede hacer campaña amplificando la inseguridad con la ayuda de las corporaciones mediáticas, como hacía durante los gobiernos kirchneristas, pero realizará campaña negativa sobre lo que haría la oposición si derrota a Macri y la culpará por “atarle las manos”.

Tiene para eso un ejército de 4500 “voluntarios territoriales” a las órdenes del jefe de Gabinete Marcos Peña y del publicista Durán Barba, más “unos 15 directivos, community managers, programadores y creadores de contenidos”, según informó La Nación. Y cuenta también con acceso a la información de la ANSES. Han diseñado una aplicación que usan estos voluntarios para operar en las redes. La aplicación ubica a las personas por sexo, preferencias de consumo, culturales o deportivas, edad, nivel económico y demás, para enviar los mensajes diseñados para cada uno de esos nichos o tribus.

Tienen a las grandes corporaciones de medios y además inundarán las redes, sobre todo Whatsapp que fue la que usan Trump y Bolsonaro. Brasil lleva la punta y Argentina se bolsonariza.

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