La manodura invisible del mercado
¡Pegame y llamame negro!
Imagen: EFE

Estamos en diciembre, deudólar. Es hora de deseos de felicidad para el año que viene, a ver si se cumplen. Porque si una cosa buena tienen los deseos, es que por ahí se cumplen. Aunque parece que los chinos tienen una frase que dice (una vez traducida): “Tené cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir.”

Claro que los chinos son muchos, y ¡qué sabrán ellos de deseos que se cumplen! o si saben, saben de si se cumplen o no, pero en China. Y ya se habla de “desear a tasas chinas”.

Pero cuando vienen acá, hacen cada cosa. Por ejemplo, obligan a nuestros encargados de recepción a meter la pata hasta el cuadril. Porque cuando se bajaron delo avión del G20, el primero que se bajó no era el presidente, y fue confundido y recibido como si lo fuera.

¡Culpa de ellos! Cómo no tenía puesto un cartel que dijera: “Yo no soy el presidente de China”, escrito en perfecto castellano. ¡Cómo pretenden que nuestros funcionarios, que no saben distinguir un baldío de una mansión, o una empresa con un ministerio, puedan reconocer al presidente de China de cualquier otro de sus más de mil ochocientos millones de compatriotas!

No quiero caer ahora en el argumento mitad xenófobo mitad racista de que son todos iguales. Eso ya lo hizo un periodista de un medio hegemónico. Tampoco en la actitud de decir que la mitad son iguales y la otra mitad igualas. No, lo importante es que reconozcan que estuvieron mal, los chinos, y para compensarnos, nos compren miles de millones de toneladas de soja, que le paguen una beca de aprendizaje de chino a la Vicemauricia, lo que sea más caro.

Los chinos podrían aducir que si nuestro mejor equipo contrario hubiera mandado a un funcionario de carrera a recibirlos, capaz que se hubiera tomado el laburo de reconocer a las autoridades. Pero ¡no estamos en tiempos de “hubiera”, deudólar, estamos en tiempos de “debería” “debe” “deberá”. No hubiera nada, más bien se debe todo.

Y después encima hay que aclarar que hasta que aclarar que no se les dijo lo que no se les dijo que se les dijo: “Depredadores”. Y ellos, como buenos psicoanalistas, anotan todo. Y si se enojan van a terminar siendo depredadores. Porque si no nos compran más soja, nos van a dar una buena depre. O sea, van a ser “depre dadores”

Por otra parte, ¿qué sentido tendría tenido una actitud correcta con los chinos, que  desentone con los papelones varios y diversos, que, sin premeditación pero con alevosía, llevaron a cabo nuestros Autoritarios Electos durante estos días tan gevéinticos con todo el mundo?

Ahora bien, lo de la cena de gala merece un comentario aporte, o bien, aparte. ¡Un mozo para cada invitado! Lástima que solamente había algunos funcionarios, y de algunos países. ¿¡Se imagina deudólar idolatrada, si hubieran venido todos los funcionarios de primera y segunda línea de todos los países!? ¡Más o menos dos millones de comensales!

A un mozo per cápita, hubiéramos resuelto, o como dijo el Maurífice cuando recién ascendió “Resolvido” el tema del desempleo. Bueno, quizá se hubieran toooodos los puestos de trabajo que se perdieron, pero algo es algo.

Quizás usted me diga: Bueno sí, pero la cuenta de esa cena la pagábamos nosotros. Sí, pero ante eso surgen dos alternativas. 1) sumarla a la deuda externa 2) hacer el pagadiós, que vendría a ser más o menos lo mismo.

Pero ahora ya pasó el G20 y se viene el D24, el 24 de diciembre, Nochebuena. Suponemos, damos por sentado que el gobierno está dispuesto a hacer con los compatriotas al menos lo mismo que hizo con los visitantes extranjeros: no digamos un mozo, pero por lo menos, un Papá Noel para cado argentino y cada argentina.

Qué menos podríamos pedir.

El problema, querido deudólar, no es lo que nosotros pidamos, sino a quien. Porque este es un gobierno de ricos, y hasta un niño sabe lo que ocurre con los ricos.

Hay un viejo cuentito al respecto.

“Tres niños están cerca de un lago, y escuchan de pronto gritos de auxilio. Se acercan, y ven que el rico del pueblo se está ahogando.

Rápidamente el primero extiende su brazo y le dice:

-“¡Dame tu mano!”. Pero el rico nada, como si no hubiera escuchado…

Entonces, el segundo: -“¡Rápido, dame tu mano!”. Pero el rico nada de nada.

Entonces el tercero: -“¡Toma mi mano!”, y ahí el rico velozmente se aferra al brazo del niño y es rescatado.

Los dos primeros niños se miran extrañados, y el tercero les sonríe. Hasta que le preguntan sobre lo ocurrido, y el niño, sin dudarlo le dicen: -Es que ustedes no lo entienden, a los ricos no se les pide, a los ricos se les da”.

Y éste es un gobierno de, para, por, con y varias preposiciones más de ricos.

Pero eso no quiere decir que no nos vayan a dar nada. La Patrix Recargada de Seguridad sabe que si nos dan nada, todo se hace más difícil a la hora de los votos.

Ya nos dieron “excusas”, “chivos expiatorios”, “culpables universales”, “lopezybaez”, ”mantras acerca de PBI”, “persecuciones originarias y anárquicas”, “miedos diversos”, “papelones de diversa índole”, “deudas”, “golpes y palazos”, y varios etcéteras.

¿Y ahora qué?

“Mano justa”, dice la campaña oficialista de 2019, según se rumora por ahí. Y parece que la mano va a ser tan justa como la misma justicia de estos tiempos macrificiales. O sea, para aquellos que no pueden sostenerse de ninguna manera y necesitan un aporte urgente del Estado, una de las “ayudas” que pueden llegar a darle es “balas”, si el policía en cuestión decide según su libre albedrio que es esa la ayuda que el ciudadano merece.

Es “la mano dura invisible del mercado” deudólares y deudólaras.

La seguimos.

@humoristarudy

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ