Exclusivo: John Lydon, los años de Sex Pistols y el documental de PiL
“Yo soy el que nunca les mintió, y aún estoy aquí”
El cantante que hizo explotar la escena británica a fines de los 70 tiene un aspecto bien diferente, pero su lengua sigue igual de filosa. En este encuentro en Los Angeles tuvo tiempo para demostrarlo, sin ahorrar términos para la prensa... y los políticos.
Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller.Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller.Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller.Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller.Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller.
Lydon estuvo trabajando en un documental durante cinco años junto al director Tabbert Fiiller. 

Desde Los Angeles

En una de sus tantas llegadas al aeropuerto de Los Angeles, la ciudad en que vive desde los 80, su imagen, una vez más, causó revuelo. Ya no quizás por la superposición de capas de ropa, sus pelos y sus múltiples aros, ganchos, cadenas. Ocurre que ese día de septiembre en que regresaba a casa tras una agotadora gira de tres meses y 36 shows por Inglaterra, Europa y Japón, se mostró tal como se lo ve en estos días. Extremadamente gordo, envuelto en la ropa deportiva XXL que puede contener su nueva y voluptuosa fisonomía. Una imagen anti glamorosa, si es que el look punk alguna vez tuvo algo de glamour. ¿Pura decadencia o severos problemas físicos? Las especulaciones de los medios y la crueldad de Twitter no esperaron por su respuesta. Pero finalmente fue posible escuchar de su propia boca las razones de su inesperada actualidad. 

–Cometí un gran error. Pensé que podía llevar conmigo de gira a mi mujer, mi Nora, el amor de mi vida, y ella en este momento tiene Alzheimer. El stress, y la medicina que estoy tomando me tuvieron un mes entero sin dormir... y eso me destruyó internamente. Tengo un mes para reponerme, ahora que acabamos de terminar la gira por Estados Unidos. Dios mío. Me dan ganas de llorar. ¿Entienden lo que significa ver que la persona que amás se está desmoronando? Y con ella, todo en mi vida. Tengo dañados el hígado y el páncreas, no puedo dormir, y aun así acá estoy, todavía estoy. Soy Johnny. Me siento trastornado y débil, pero no quiero sentir lástima por mí mismo ni quiero que nadie me tenga lástima. 

En un inusual pregunta–respuesta compartido con Tabbert Fiiller, el director del documental The Public Image is Rotten que, como la gira, también celebra los 40 años del debut de PiL, su banda post-Sex Pistols; John Lydon se desnudó ante la audiencia que llenó la sala y lo interpeló.

A los 62, su carácter sigue siendo indomable. No se priva de rigorear a quien con aires de periodista pregunta por el legado de Sex Pistols, por la música que “inventaron” en esos casi dos años que quedaron en la historia. Y tampoco se reprime chistes e ironías cuando quien pregunta es una chica muy joven, con una voz muy chiquita y más temor que otra cosa. No puede ni quiere evitarlo, lo hace, se ríe y pide disculpas, pero después encara con toda seriedad la respuesta a la pregunta más profunda de todas. “¿Te sigue preocupando la clase trabajadora? ¿Cómo la ves hoy?” La hizo la misma pequeña temerosa que acababa de recibir su ironía. Ambos fueron muy aplaudidos.

Antes de revisar el intercambio, que incluyó marcar su posición en el tema Trump, la película de Queen, Michael Jackson y Sex Pistols, conviene verlo aparecer en la sala del cine ArcLight, en el barrio de Sherman Oaks. Sus primeras palabras, tras entrar con los brazos extendidos cual Cristo gordo: “¡For fuck’s sake!” gritó al micrófono cuando se detuvo frente a la silla de director que le habían asignado. Hizo el esfuerzo. Se sentó. Apenas si pudo acomodar su humanidad en la pobre silla que ya estaba acusando dolor de espalda y pidiendo sentarse en la primera fila del teatro, junto a la audiencia. Rápidos movimientos en bambalinas produjeron sillas anchas para artista y director. Su advertencia para todos: “tengamos una charla decente, ¡pero sean serios!”.

Acto seguido, John Lydon puso en marcha el ida y vuelta con la referencia al documental en que el director se dio el lujo de entrevistarlo exhaustivamente durante 5 años para componer una pintura que apenas si se detiene en unos pocos hitos de Sex Pistols antes de la implosión en su primera gira por Estados Unidos, en 1978. Gran parte de los 105 minutos están dedicados a contar la historia de PiL, una banda con múltiples cambios en su formación, traiciones miserables, cintas robadas, dineros robados y una constante pelea con el sistema, los medios y la industria. Los testimonios de famosos como Flea (RHCP), Thurston Moore (Sonic Youth), Ad Rock (Beastie Boys) y Moby confirman el impacto entre la comunidad artística estadounidense. Las palabras de ex integrantes, los que hicieron cosas buenas y los que hicieron cosas malas por la banda, confirman que el camino es muy largo cuando se lo encara montaña arriba. Pero el espíritu de Lydon-Rotten es más fuerte emocionalmente de lo que podría presumirse.

–¿Les gustó lo que acaban de ver? Dios los bendiga por bancarse esto, sé que es difícil, pero es la verdad. En estos 5 años con Tabbert nos hicimos muy amigos... en los últimos 20 minutos. Hay que actuar con la verdad, pero uno se da cuenta que es realmente difícil en esta industria. Particularmente cuando hacés todo para oponerte a la tormenta de mierda. Esperás que la gente que se te acerca sea anti sistema, y lo primero que descubrís de la gente es su avaricia. Pero saben qué... al final hemos conseguido mantener la que para mí es la mejor formación de PiL en la historia. Me tomó 40 años llegar al punto de poder confiar en la palabra de la gente que me rodea.

Lydon se refiere a la banda que lo ha venido acompañando desde que en 2009 rompió un silencio de 17 años. PiL ya va por diez discos de estudio grabados entre 1978 y 1992, el año en que visitó Argentina por primera vez para enfrentar en Obras fans y escupitajos por igual. Tras el largo parate, retomó su rumbo con giras y discos en 2012 y 2015. Este último lanzamiento, What the world needs now, fue pagado con los ahorros del cantante y publicado por su discográfica PiL Official; tal como sucederá ahora con el disco que está preparando para 2019 y que fue financiado con el dinero que recaudó haciendo un gracioso comercial televisivo para Country Life, una marca de manteca británica. 

En vivo, PiL se apoya en la guitarra del peludo Lu Edmonds –a quien los que saben de esto le celebran sus “sonic lines”–, en el bajo de Scott Firth y en la batería de Bruce Smith. Lydon ya no puede moverse espásticamente como en sus años de Sex Pistols y hasta entrados los 90, pero le pone onda al módico bailecito que su nueva estructura corporal le permite. En el Fonda Theatre de Hollywood, donde encararon uno de los últimos tres shows de la gira por Norteamérica que concluyó en el DF mexicano, PiL retribuye el entusiasmo de su público. En el show no faltan “Death Disco”, el gran tema que –según revela en el documental– le cantó a su madre en el lecho de muerte, y “Rise”, su canción mas popular, publicada en 1986 y grabada con el virtuoso Steve Vai en guitarra, pero con su campo de acción severamente limitado por Lydon. Los eternos solos de guitarra no tienen lugar en PiL. Los músicos demuestran que llevan mucho tiempo tocando juntos y la sensación de verlos en vivo es mucho más contundente que en los 90, cuando Lydon se dedicaba a pelear con los aspirantes a Rotten que se agolpaban en las primeras filas de sus shows.

–Creo que este último PIL es muy bueno para mí. Amo a esta gente, confío en ellos y ellos confían en mí. Somos incansables. Cuando escuchamos que otras bandas dicen “nos hemos quedado sin ideas” me pregunto: ¿cómo puede ser que te quedes sin ideas en tanto y en cuanto estás vivo?

El director Tabbert Fiiller asocia la mención a los 40 años de PiL con una reciente frase de Lydon. “Has dicho que mucho de tu trabajo era tratar de mantenerte joven, ¿seguís pensando igual?”.

–Joven no, inocente. Hay una diferencia. No quiero crecer, no veo nada bueno en lo que los adultos se convierten. Miren sus elecciones. Siempre pensé que mis peinados eran feos. Incluso he dicho que Donald Trump era el Johnny Rotten de la política. Pienso que siempre se puede aprender de lo que uno ve. Odio a los políticos. Son mentirosos profesionales. Ahora tenemos un muy buen mentiroso.

Primera reacción de la audiencia. Desde lo profundo del teatro alguien grita: “¡Es un fucking nazi!” la respuesta de Lydon viene cargada de bilis contra los tabloides que desde hace mas de un año vienen resaltando lo que consideran su apoyo para Trump y el Brexit. Hace poco Lydon, siempre dispuesto a darles de comer a las fieras, se dejó fotografiar con una remera roja pro Trump, esas que dicen Make America Great Again (Volvamos a hacer grande a –Norte– América).

–No creo que sea, para nada, lo que estás diciendo, salame. Todo el tiempo estamos tratando de ponerle etiquetas a las cosas. Y esto me lleva al documental. La mía es una carrera basada en un concepto: “Por favor no me pongas en ninguna categoría”. Yo soy el que nunca les ha mentido. Y todavía estoy aquí. 

Resulta gracioso descubrir que un inglés use ese insulto tan argento: Salame. Sausage. La cosa sigue. Pero esto pasa cuando lo quieren acorralar.

–¿Pensás que apoyo a Trump? He visto todo lo que hay escrito en internet, la mayoría promovida por los gacetilleros del periodismo británico. Te digo esto: me hace feliz que haya calzoncillos de mi tamaño.

Su irreverencia lo exime. El espíritu peleador circa Sex Pistols le gana la pulseada al tono sombrío que rodeó el recuento de sus problemas físicos y emocionales. En pleno modo combate decide revisar sus inicios como músico.

–De chicos sabíamos que si íbamos a Top Of The Pops íbamos a tener novias y serios problemas con todos los que nos iban a querer “ayudar” con nuestra carrera. Gente peligrosa. Igual nos los encontramos años después. Al mismo tiempo en que nos prohibían por representar valores anti familia, en la industria musical estaban molestando a chicos jóvenes. ¿En qué clase de mundo vivimos? Cuando acusaban a Michael Jackson, me asqueaban. Sigo convencido de que ese pobre tipo era inocente. Escribió varias muy buenas canciones y no hay vaginas de jovencitas en ellas.  

La brava periodista de la voz bajita tomó impulso tras superar los primeros chistes de Lydon y le hizo la pregunta de la clase trabajadora.

–Acabamos de estar de gira por Europa y Estados Unidos y para mí la gente es gente, no importa donde estés. Me asombra cuántas “ciudades carpa” hay en EE. UU. Todos estos lugares diferentes, comunidades enormes. Llegando a Los Angeles es lo primero que notás. ¿Por qué no se menciona eso en las noticias? Miles llegando de Guatemala es lo importante. Al menos se están ofreciendo para trabajar... lo de las carpas en la calle es asqueroso, vergonzoso, indignante. Hay una enorme tasa de desempleo en Estados Unidos. Nadie quiere buscar la verdad de este tema, y hablan de cómo está la economía. ¿Viniste a escuchar las verdades de Sex Pistols? Bueno, te doy una: Johnny Rotten nunca hubiera tenido un corte de pelo tan horrible.

Hablando de corte punk, una foto de otros tiempos, como para entender lo difícil que debe haber sido entrevistar a este hombre 30 años atrás: intentar sacarle reflexiones sobre el legado de Pistols representado por diferentes bandas, con o sin pose de periodista, no es una estrategia saludable para quien se anima al micrófono.

–Podes llamarlo punk rock, o equis, pero no lo es. Todas somos bandas diferentes, en la industria hay una mezcolanza... ¡Callate y no me interrumpas! ¡Vos sos el problema! Asumís que las cosas pasaron “al natural”. Y no es así. En este mundo de la música en que vivimos es todo corrupción. Están los Sex Pistols con un manager corrupto (Malcom McLaren) al que ignoramos... Y un montón de estos grupos de mierda que se suben al carro. Nunca los compares conmigo. No hay ninguna canción en ninguno de ellos que haya hecho de este mundo un lugar mejor.  

Imposible retrucarlo. Ante el intento, la frase: “ya no te estoy escuchando”. El director va al rescate de la armonía e intenta terciar sosteniendo que Sex Pistols son respetados por haber inspirado muchas bandas. Para Lydon lo que inspiraron fueron pensamientos libres. Fiiller le dice que puede haber una contradicción entre decir que todos somos iguales a la hora de hacer música, o algo creativo... y al mismo tiempo hablar de que lo que debemos aportar son las cosas que nos diferencian. 

–Tenemos que educarnos nosotros mismos. El mensaje es estúpido. Pero eso es culpa de ustedes, no mía. Todos tenemos el potencial de decir la verdad. No sé si la religión alguna vez va a encontrar la respuesta verdadera. Para mi debería ser individual, buscarla uno mismo, eso es lo que nos ha dado Dios. El potencial de ser nosotros mismos. Lo que quiero de ustedes es que me digan lo que piensan. No una opinión basada en cosas de la TV. Las acepto si vienen de films o de libros, pero no de la TV. Para cuando una película llega a la TV deja de tener sentido. Esto le va a pasar a este documental también. Supongo que así son las cosas. Hemos mirado documentales de rock durante años. Nos hemos reído de ellos. Pero debo decir que el de Queen parece interesante, el trailer es muy bueno, lo he visto en AeroMéxico viniendo para acá. ¿Por que querrías hacer un documental sobre Freddie tan rápido? No hace tanto que murió. 

–¿Ustedes grabaron y coincidieron en el mismo estudio que Queen, verdad? –dice el director.

–Años atrás, cuando estábamos haciendo Bollocks me preguntaron si cantaría algunas líneas en un disco de ellos. No tuve los dientes como para hacerlo... Pero ojo, habrá quienes piensen que son mis enemigos, y no lo son. No extraño a los periodistas tratando de dividirnos, nunca nos vimos como el enemigo. A la mierda con eso. Para mí, todo aquel que es creativo es fantástico. Tengo muchos amigos en la industria, deben pensar que no es así, pero no es mi problema. 

–¿Te siguen escupiendo?

–Noooo, por suerte se han ido quedando sin mocos.

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