De semejanzas y parecidos

Roberto Arlt contaba con veintiséis  años, en el mes febrero de 1927, cuando asistió a la redacción del diario Crítica de Natalio Botana a pedir trabajo. Durante ese año y hasta el mes de diciembre, todos los viernes publicará  un artículo sobre un crimen, un robo, un accidente o algún suceso bizarro. Martin Licata, con veintisiete años era periodista y estudiante de Filosofía y Letras de la UBA. Informaba en esa afluencia de medios que es el espacio virtual. Su última nota bien pudo costarle la vida en el hotel alojamiento donde encontraron su cuerpo. Un homicidio a la medida del narrador y dramaturgo. 

El encuentro entre Arlt -que ya había escrito El juguete rabioso- y Botana se desarrolló bajo una entrevista laboral, aunque propiciada por el mismo director del periódico, lector voraz de la nueva literatura. La actuación del escritor como cronista del crimen, no solo fue una experiencia profesional sino que estuvo ligada, en buena medida, a sus dos novelas venideras, Los siete locos y Los lanzallamas. Las crónicas policiales contienen de forma embrionaria  material literario, en ellas perfiló ambientes, situaciones y personajes; continuando en el diario El Mundo, lugar  donde terminara  sus días. En el ejercicio de la tarea cubrió el asesinato de una madre a sus hijos por medio de una mamadera de cianuro, también  al suicida que antes de matarse avisa a la prensa, el caso del reducidor de autopartes de automóvil, y el de un hombre fugado de su familia, escondido en un hotel de Flores con una chiquilla de quince años, a la que luego de amar, mata; situación inscripta en Los lanzallamas  entre Erdosain y "La Bizca".

Martín Licata, crédito de los medios alternativos al poder hegemónico actual, traía una investigación entre manos que vinculaba a personalidades del periodismo y la política con las estructuras más exquisitas de las finanzas internacionales. No está aquí valorar sus fuentes, ni nominar; pero sí recordar que el estudiante de filosofía se encontraba maniatado con medias y signos de haber sido ahorcado en el hotel alojamiento "Obsesión", sito en la calle Ramón Falcón 3065 de la ciudad de Buenos Aires; decir sobre el tufillo que emana el hecho, las versiones, el silencio.

¿Clima de época?; tal vez. El que vivió Arlt, a sus veintiséis, en los umbrales de la Década Infame, con  la restauración  de los dueños de la tierra al poder, acompañados por Natalio Botana y su emporio periodístico, una certeza; hoy, nos falta el distanciamiento del análisis histórico, pero sobran las analogías. Mientras tanto un joven muere en circunstancias que el reportero del crimen, noventa años atrás, bien pudo narrar, y luego novelar. 

 

     

 

 

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