Entrevista a Gabriel Arias, el arquero del Racing puntero de la Superliga
Quiere ser Gardel en Avellaneda
El guardavalla dio el salto de Unión La Calera a la selección chilena y a la Academia, donde Eduardo Coudet le confió la titularidad. Presente, futuro y expectativas propias y del club con el que quiere ser campeón.
Imagen: Alejandro Leiva

Racing terminó el semestre como claro puntero de la Superliga. Y para lograrlo tuvo varios puntos altos. Entre ellos el de Gabriel Arias, el arquero argentino naturalizado chileno al que la Academia apostó para reemplazar a un proyecto del club como Juan Musso, que se fue demasiado rápido al Udinese italiano. Arias llegó desde un equipo trasandino con poco renombre como Unión La Calera. Desde esa institución se proyectó a la selección de Chile, y sus actuaciones despertaron el interés de la Academia de Avellaneda, a la que llegó a mitad de año. A partir de su contratación, muchos se preguntaron por sus kilates para ocupar un arco con historia, por el que pasaron ídolos de la hinchada racinguista como Agustín Mario Cejas, Ubaldo Matildo Fillol y últimamente Sebastián Saja. En silencio, las actuaciones de Arias tranquilizaron a los hinchas y a Eduardo Coudet, que lo transformó en titular, una posición que debió ceder en las últimas fechas de este primer tramo de la Superliga, al lesionarse su mano derecha. Aunque para volver a la titularidad deberá esperar a fines de enero, cuando se reanude la Superliga, Arias sabe que sus atajadas lo consolidaron en el arco de Racing, desde donde repasa su presente y su futuro.

–En sus comienzos tuvo un corto paso por Independiente.

–Estuve en el 2004. Fue mi primera experiencia en Buenos Aires. Era muy chico. Me sirvió para saber cuán diferente era a estar en mi ciudad, en Neuquén. Conocí mucha gente nueva, chicos con los que me sigo hablando. Recuerdo haber convivido con Oscar Ustari, Fabián Assmann, Hernán Fredes, Diego  “el Ruso” Rodríguez, entre otros muchos que después llegaron a Primera.

–La etapa siguiente transcurrió en Olimpo.

–Me llevaron a hacer una prueba y quedé. Jugué bastante en el torneo local, en Bahía Blanca, alterné en reserva e integré varias veces el banco de suplentes. E increíblemente, cuando me tocó debutar en Primera, ya siendo arquero de Defensa y Justicia, el rival de turno fue Olimpo.

–Su paso por Defensa y Justicia lo mostró en crecimiento, y su apellido sonó en equipos de mayor renombre. Sin embargo, eligió otro destino.

–Estaba cómodo en Florencio Varela, no tenía problemas, todo era muy llevadero. Entonces sentí la necesidad de cambiar para mostrarme más y tener chances de ser considerado para la selección chilena. Ahí se abrió la puerta de Unión La Calera y la tomé. Y desde que llegué me tocó destacarme y esas actuaciones me valieron la convocatoria del seleccionador chileno.

–¿Por qué optó por jugar en la selección chilena?

–Siempre vi la posibilidad más cercana de jugar para Chile antes que para Argentina. A pesar de haber tenido buenos partidos acá, nunca se me había mencionado con chances de ser convocado a la selección. Ante eso me decidí por pelear por un lugar en Chile. Y tuve suerte porque al llegar a La Calera disputé catorce partidos en un gran nivel y el entrenador confío en mí.

–Más allá del paso por la selección chilena, su trayectoria dio un salto grande al pasar de La Calera a Racing.

–Es cierto que fue un paso gigante, pero estaba seguro de que iba a estar a la altura. Sabía que venía a un club grande, pero me sentí totalmente capacitado para el desafío. Más allá de la falta de experiencia de haber atajado en clubes de gran renombre.

–¿Tiene un arquetipo de arquero?

–Cada uno posee su estilo y trata de potenciar sus fortalezas. Yo no soy un arquero de hacer locuras, intento estar siempre bien posicionado, mantener la calma.

–¿Cuán decisivo es en el fútbol que el arquero sea habilidoso en el juego con los pies?

–La prioridad del arquero es atajar. El juego con los pies es un complemento que le da muchas opciones al equipo pero hay que saber usarlo cuando la jugada lo requiere. Si veo que la cosa está complicada no puedo intentar una jugada que complique a mí y a mis compañeros. Cuando el arquero debe devolver la pelota con los pies es importante que los compañeros generen opciones de pase.

–¿Cuál es su mayor virtud como arquero?

–Creo que tengo muy buenos reflejos, y con el correr de los partidos voy progresando en parar varias pelotas desde la ubicación. En los entrenamientos uno va para trabajando los defectos y tratando de fortalecer las virtudes. Pero siempre se mejora a partir de las experiencias que se suman en los partidos. Cuantos más partidos se juegan, mayor acumulación de experiencias y más opciones de mejorar.

–¿Por qué se les hace tan difícil a los arqueros salir a cortar los centros, por falta de timming o porque es tanta la lucha cuerpo a cuerpo en las áreas que siempre hay alguien con quien chocar y la salida se transforma en una aventura que puede costar cara?

–Tienen mucho que ver los pateadores y la pelota. Hay pelotas que no toman vuelo y cuando caen en el área no conviene salir,  hay que tratar de bloquear el arco. Es muy distinto cuando los centros son llovidos y le dan tiempo al arquero para armar la salida.

–¿Son determinantes los cambios que se les hacen a las pelotas?

–El fútbol es un deporte gol. Entonces se busca que los arqueros tengan cada vez más dificultades para atajar. Hoy las pelotas, cuando los futbolistas la agarran de lleno, viborean mucho y son difíciles de atrapar, pican alto y producen otras dificultades que siempre complican.

–Sería un fracaso para Racing no salir campeón de la actual Superliga.

–Sabemos que la mayoría de las expectativas están puestas en nosotros, porque venimos haciendo una campaña muy buena y que se nos escape el título no sería lindo. Pero de no ganar el título a hablar de fracaso hay un trecho largo. Esa palabra está de moda en nuestra sociedad y no es bueno que así sea. Un equipo puede hacer un gran torneo, ganar 28 partidos, perder el 29 y perder el título y acá se dice que eso fue un fracaso. No es bueno que se piense así. Creo que hay que fijarse en el proceso más que en el resultado final del mismo. Y Racing tuvo un semestre en el que fue muy competitivo, ahora mismo sigue creciendo día a día, la gente  se identifica con el equipo porque va al frente. Entonces, no conseguir el título no sería un fracaso. Aunque les aseguro que nosotros vamos a seguir entrenando  y aportando lo máximo para que dentro de seis meses todos estemos felices y en la camiseta de Racing haya una estrella más.

–¿Practica algún deporte para mejorar como arquero?

–Hoy se habla mucho del aporte del vóley para mejorarnos, pero yo creo que ayuda nada más que en la cuestión del timming en los remates. Igual, continuamente se incorporan variantes que se toman de otros deportes, como entrenar con pelotitas de tenis u otras para potenciar los reflejos. Pero para los arqueros el objetivo es siempre atajar la pelota, por eso no cambiar la esencia del trabajo del arquero.

–Se destaca siempre que los arqueros deben tener como atributo esencial una gran fortaleza mental.

–Que no le queden dudas. Los arqueros convivimos con el error. Uno  va trabajando desde siempre esa característica. A mí me ha tocado estar mucho tiempo sin jugar, ser suplente, y esa situación me llevó a fortalecerme mentalmente, a trabajar esperando mi oportunidad. No tomé ayuda profesional externa, no fui a psicólogos. Siempre me apoyé en el diálogo con mis compañeros y con gente conocida. Creo que es uno el que entra en la cancha y vive la situación, es una experiencia individual que hay que resolverla desde uno.

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