Postales del odio

Regresó el fascismo, o nunca se fue. Entonces no está de más recordar a aquellas nenas que luego de la muerte de sus padres se la pasaron huyendo hasta el fin de la guerra. Se llamaban Elizabeth y Denise Epstein. Huían escondiéndose en colegios católicos, buscando disimular su condición de judías. Si los nazis o los franceses colaboracionistas merodeaban, alguna monja caritativa las subía al primer tren que pasaba para enviarlas a otro colegio. Así lograron sobrevivir. Una vez, al pie de un tren, una monja les dijo: "Escondan la nariz", para evitar que los perseguidores descubrieran su origen al semblantearlas. Elizabeth y Denise eran las hijas de Irène Némirovski, nacida en Kiev en 1903, en una familia de banqueros que huyó de la revolución bolchevique y se instaló en París en 1919, después de vivir un tiempo en Estocolmo. Irène se licenciaría en Letras en la Sorbona. Si bien era ucraniana, había recibido la educación de una rusa de clase alta. Hablaba ruso, francés, polaco, inglés, vasco y finlandés. Su primera novela fue David Golder. La envió a una editorial sin agregar su nombre por miedo a que ser mujer o judía jugara en su contra. El editor tuvo que publicar un aviso en un diario para encontrarla. David Golder, publicada en 1929, fue un éxito literario y luego una película. A eso le seguirían las novelas El baile y Las moscas de otoño. Mientras el padre reconstruía su fortuna ella se volvía una típica joven de la belle époque, como si buscara olvidar la desatención de su madre Fanny. En una fiesta conoció al ingeniero Michel Epstein y al tiempo nacieron Elizabeth y Denise. Y llegó la guerra. Michel ya no podía trabajar y a Irène no le estaba permitido publicar. Igual lo hizo, pero con seudónimo. En un intento de escapar del antisemitismo, los Epstein se convierten al catolicismo en 1939. No fue suficiente. Cuando los nazis toman París, la familia se refugia en Issy-l´Éveque, un pueblo de la Borgoña. Allí Irène comienza la Suite Francesa. Su técnica era escribirlo todo, rellenar cuadernos y cuadernos de ideas, que luego elegiría o desecharía o reescribiría. Había imaginado un libro de mil páginas divididas en cinco partes, bajo el modelo de la Quinta Sinfonía de Beethoven. En algún momento se declara asustada del desafío: escribir "La guerra y la paz" del siglo XX. No lo lograría. De esas cinco partes, sólo escribiría dos. Un día intuye que ya no le queda demasiado tiempo. No intenta huir. El 3 de junio de 1942 redacta testamento a favor de la institutriz de sus hijas. El 11 de julio le escribe a su editor Albin Michel: "Querido amigo… piense en mí. He escrito mucho. Supongo que serán obras póstumas…". El 13 de julio la detienen. No los alemanes, sino gendarmes franceses que la entregan para que la deporten a Auschwitz. Como fecha de su muerte figura el 17 de agosto. En una biografía novelada escrita por su hija Elizabeth (que en ese momento tenía cinco años), asegura que Irène habría muerto de tifus. Mientras tanto, el marido le pide al director literario de Albin Michel que haga gestiones para que lo intercambien por ella. No serviría de nada. Michel Epstein es detenido en octubre y ejecutado en Auschwitz el 6 de noviembre del mismo año. Las niñas huyen, ayudadas por una maestra y por la institutriz que descose la estrella judía de sus ropas y las oculta en sótanos y conventos. En la huida arrastran una maleta con fotos, recuerdos familiares y el manuscrito de la Suite Francesa. Al finalizar la guerra les queda el dolor final: esperar en vano la llegada de sus padres en una estación de tren de París, junto a otros sobrevivientes de los campos de exterminio. Recién allí sabrían que habían sido asesinados. Intentan pedir ayuda a su abuela Fanny y reciben (a través de la puerta) un grito: "si son huérfanas deben dirigirse a un orfanato". El editor Albin Michel se hace cargo de ellas. Elizabeth dedica su vida a la literatura, se vuelve traductora, editora y escritora. Denise forma una familia y se hace documentalista. Es ella, la mayor, la que conserva las anotaciones de su madre, pero no se atreve a leerlas por temor a que sea demasiado doloroso. A finales de los años setenta Denise aborda al fin la lectura del manuscrito. Dijo: "Porque cada cosa llega en su debido momento y eso no lo podemos cambiar". Las hermanas transcriben el manuscrito de la Suite Francesa, a veces con ayuda de una lupa. En ese libro se narra la desbandada francesa ante la llegada de los alemanes. "Lo más importante aquí, y lo más interesante, es lo siguiente: los hechos históricos, revolucionarios, etc., sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva, y sobre todo, en la comedia que eso ofrece", escribe Irène en sus apuntes. La novela sería publicada en 2004 con gran impacto. Elizabeth no pudo verla editada; murió en 1996. En cambio, Denise sí. En ocasión de un reportaje volvió a Issy-l'Évêque. No sabe cómo, pero en un momento se vio de pie esperando un tren en el mismo andén donde vio como deportaban a su padre. Murió en 2013. El resto de la obra de Irène se fue conociendo sin orden. Se destacan El ardor en la sangre y La vida de Chejov, una biografía novelada del escritor ruso. La edición en español de Editorial Salamandra de la Suite Francesa contiene dos apéndices que incluyen cartas y anotaciones sobre el proceso de escritura de Irène, que, para sorpresa de cualquier lector agudo, son las mismas preocupaciones que tienen todos los que desean escribir, por geniales que sean, por doloroso que sea el parto del texto. El odio había acabado con los cuerpos pero no con el recuerdo ni con la obra. Denise lo resume mejor: "Antes tenía rabia, durante la lectura también, pero hoy el sentimiento es de victoria porque he logrado que mi madre vuelva a vivir y a recuperar el prestigio". Una historia de odio, el de entonces, el de siempre, el de hoy, el del fascismo que vuelve o que nunca se fue.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ