El fantasma chino

UNO

Bo Ya (Wu, en nuestra historia del súper chino de Tablada), estaba tocando el instrumento en el desierto, y el leñador, Zhong Ziqi (el vecino de enfrente del chino de calle Ayolas, Esteban), presintió que esa música era como "las montañas altas y el agua que fluye". Bo Ya (Wu) se sorprendió y dijo: "mi corazón resuena en el tuyo". Los dos, un chino y un rosarino, se hicieron buenos amigos. Cuando Esteban murió, más tarde, Wu quedaría devastado de perder su amigo argentino, que realmente podía leer lo que estaba en su mente escuchando su música. Entonces Wu, la mañana después del entierro de Esteban, rompió el instrumento guqin y nunca más volvió a tocar en la vida. La palabra china Zhi Yin (confidente), significa literalmente, conocer la voz, conocer la voz de otro, y eso, también se originó desde esta historia.

Lo recordaré bien y siempre, porque fue la primera vez que vi y oí cantar a Wu. Era un sábado de diciembre que desde temprano bullía esa falsa expectativa de la Navidad. Sobre todo para los comerciantes; especialmente en un país devastado por una política económica de saqueo a los trabajadores, jubilados o empresas pequeñas. Serían las 9 y crucé por mi pan fresco, mis frutos secos, leche descremada, cereal y manzanas verdes. Wu barría vigoroso y al este como todas las mañanas, pero esta vez agregaba a la onomatopeya de la escoba el sonsonete de una melodía y el murmullo de un estribillo.

高山流水 Gao Shan Liu Shui, cantaba, "las montañas altas y el agua que fluye, mientras estés vivo las montañas seguirán siendo verdes. Mientras estés vivo tus pies correrán el viento y el pájaro trazará tus ojos y el mundo seguirá girando...". Pero al acercarme, bajó el volumen como si fuera una radio y empezó a seguirme al interior del salón, pero allí se me cruzó Nancy, la hija, la dueña, la madre de Mo Yan, que notaba mi nuevo furor por las ensaladas chinas: las legumbres, los frutos secos, la leche de soja, los cereales.

-Adelgaza... -dijo. Y a su parquedad habitual agregó una sonrisa pícara. -Enamorado adelgaza...- y lo repitió para ver si Esteban lo confirmaba.

En cambio él le replicó: -Adelgaza vos.

-No. Yo no enamorada. Yo, los bebés... Vos adelgaza, como gweilo (鬼佬), forastero, en China, un fantasma de hombre de pelo rojo, pálido y ojos verdes. El fantasma europeo de la mujer china. Gwailo. El hombre que nunca estuvo. Quien se va como fantasma siempre fue un fantasma.

-¿Qué está cantando tu papá...?

-Himno de Casa de Sol Feliz. Himno contra invasión japonesa. Himno contra invasión alemana. Himno contra invasión inglesa. Himno de Mao. Himno para Xia.

-¿Para Xia...? ¿Por qué para Xia...?--Xia perdió novio -dijo Nancy.

-¿Tenía novio?

-Claro, por eso vino aquí. Pena de amor. En Beijinj. Jingtong, profesor, sabio, escritor. Como vos, pero serio. Verdadero.

-¿Y qué pasó?

--Desapareció.

-Ja, lo verdadero era fantástico.

-No burle. La dejó.

--Bueno, nada del otro mundo. Siempre uno deja al otro.

-Aquí no. Jingtong desapareció. Ni un mensaje, ni una llamada, ni carta. Ni palabra. Un fantasma. Hombre que nunca estuvo.

-El fantasma de la canción de Wu.

-Sí, "mi corazón resuena en el tuyo". Gwailo. Resuena pero nunca llega a ser confidente. Nunca llega a estar del todo. Nunca hace casa. El amor es la casa de los dos. Fantasma no hace casa.

-¿Gwailo o gweilo? ¿Con A o con E?

-Con A, porque es fantasma chino. Con E es fantasma europeo. Rubio y pálido, como ustedes.

-Jingtong es gwailo.

-Un fantasma que perdió la voz. Y entonces no puede avisar. Fue fantasma mientras no estuvo y un fantasma que no puede irse. No tiene voz. No puede decir me voy. No pudo decir sí, no puede decir no.

-Nevermore -dijo Esteban-. Nunca más.

 

DOS

-And what does that have to do with Mallarmé? (Y qué tiene que ver esto con Mallarmé?), dijo Xia esa noche en la vereda de El Riel.

Al principio, el Amargo Obrero con naranja Crush le había parecido astringente, picante, pero después del tercero dijo que le recordaba el greenteawhiskey (té verde con whiskey). Cuando fue al baño le dijo a Beltrán en la barra que deberían servir el trago, el greenteawhiskey, en vaso largo, con una hoja verde en la cima y mucho hielo. Después me dio celos que se quedara mucho rato hablando en la barra con Gustavo Postiglione, que esa noche ponía los discos. Deben haber discutido diez minutos sobre versiones de Velvet Underground, si Nico sí o no, si Patti Smith o Warhol y Lou Reed, mientras yo en la vereda parecía el Señor de Swann esperando a Odette: sólo con los fantasmas: el de su novio chino que había desaparecido, Jingtong, y el de Mallarmé y la muerte.

Cuando regresó la esperaba mi emboscada: --And what does that have to do with the ghost, Jingtong...? (Y qué tiene que ver con el fantasma, Jingtong?)

Su expresión cambió a lúgubre y hermética. Quizá ofendida. ¿Cómo sabía yo su secreto y quién era para meterme con lo más sagrado de alguien, sus fantasmas?

Pero yo ya había metido la pata y también estaba un poco enojado, más bien celoso y subí la apuesta:

--Es ghost o gwailo?

--He is a sun of bitch (un hijo de puta). And you... (y vos)

--Yo qué...

--You haven´t understood nothing sun of bitch. (No has entendido nada hijo de puta).

....

Joderse. O peleábamos del todo, y era mi culpa, o aguantaba que ella siguiera coqueteando en la barra con Beltrán Ruiz, Postiglione, Lou Reed y toda la factoría de Warhol, hasta que yo tuviera mi merecido y ella regresara, como hacía Odette todas las noches, recorrer París hasta la madrugada, pero volver a dormir con Swann.

-Bueno, ¿...y Mallarmé ? -dijo ella que ya estaba muy borracha-, ¿qué tiene que ver Mallarmé con todos los hijos de puta de este mundo? Porque Mallarmé era puro. No debería mezclarse.

-Sí, sobre todo cuando uno bebe alcohol.

-Oh, Swann, así serás mi padre... y en China el incesto se castiga con pena de muerte. Pene de muerte, ja. (pero se estiró y me dio un pico rabioso en la boca).

-Mallarmé supo mejor que todos del fantasma amoroso -dije.

-Sí, pero por la muerte de la hijita... arruinarás la noche. Dejá los fantasmas.

-Cualquier amor. No importa cuál, es la muerte persiguiendo a la vida. El que no reconoce la muerte, no valora la vida.

-Pufff... no puedo hablar de Mallarmé con un litro de Kügöng苦工 encima.

-¿Qué es kügöng....?

-Amargo Obrero. Ja. En cantonés.

-Bueno, caminemos mejor. Vamos.

Y salimos a caminar por el Parque Scalabrini. Un rato en silencio, tarde en la noche estrellada, un instante sereno iluminado por la lejanía que proponen el río y las islas. De algún modo se iluminaba el horizonte, una especie de inminencia como si el alba fuera algo eterno, y cuando íbamos llegando por el Macro, se quebró la ensoñación y Xia preguntó:

--¿Pensás en la muerte? ¿En tu muerte?

-No. Bah... a veces pienso, sobre todo después de la muerte de mis padres.

-¿Y qué pensás?

-Que estoy feliz por mi vida. Que moriría satisfecho por lo vivido.

-¿Tierra o cemento?

--Cenizas -dije-, y este río. O el campo, una huella cualquiera en Pueblo Esther.

-¿Y mientras tanto? ¿Qué haremos con los fantasmas?

-Mallarmé: aférrate a lo real.

-¿Adónde?

-A mi casa.

 

 

 

 

 

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