Escrache a Brusa, condenado a 23 años de cárcel y hoy en libertad domiciliaria
El único lugar es la cárcel
"Si no hay justicia, hay escrache. Lo dijimos hace 20 años en esta misma calle y frente a esta misma casa", recordó Hijos. "Y lo volvemos a repetir: si no hay justicia, hay condena social", agregó la organización.
Imagen: Gentileza Cooperativa La Masa

Desde Santa Fe

El escrache al ex juez Víctor Brusa, condenado a 23 años de cárcel y hoy en libertad domiciliaria cuando cumplió la mitad de la pena, se pareció a una cápsula del tiempo. Muchos de los convocados no habían nacido cuando los Hijos y el Foro contra la Impunidad y por la Justicia lo escracharon por primera vez hace 20 años. Era el 22 de octubre de 1998, Brusa estaba en su apogeo en la Justicia Federal y el juez Baltasar Garzón acababa de imputarlo en España por "genocidio, terrorismo de estado y torturas". El principio del fin. El segundo escrache siguió casi dos años después, el 9 de marzo de 2000, para exigir su destitución en el jury que lo había suspendido porque atropelló con su lancha a un nadador en la laguna Setúbal y se fugó. El 7 de diciembre, cuando la Cámara de Casación Penal (Sala 2) le otorgó el arresto domiciliario, prometieron volver. Y volvieron por tercera vez. "Si no hay justicia, hay escrache. Lo dijimos hace 20 años en esta misma calle y frente a esta misma casa. Y hoy lo volvemos a repetir - dijo la abogada Lucila Puyol, referente de Hijos-. Si no hay justicia, hay condena social. Desde que recuperamos la democracia, nuestro pueblo dijo: Nunca más al terrorismo de Estado, al genocidio y a los represores, torturadores y asesinos que caminen por nuestras calles junto a sus víctimas".

A las seis de la tarde, la columna comenzó a marchar desde la plaza del Soldado hasta la casa de Brusa, en 9 de Julio 1741. A media cuadra está el Juzgado Federal, en frente la Fiscalía Federal Nº1 y al lado, operaba la Escuela de Policía, donde hace 20 años filmaron el escrache del '98, que fue el primero en Santa Fe y el primero en el país a un juez federal. "El silencio y la complicidad santafesina comenzaban a resquebrajarse", recordó Puyol. La abrazaba una pequeña multitud con la bandera que encabezó la marcha: "El único lugar para un genocida es la cárcel". Y delante de todos, la madre de Plaza de Mayo, Otilia Acuña.

El documento que leyeron los Hijos fue un alegato. Repasó las tres condenas a Brusa, la de 2009 a 21 años de cárcel por "apremios ilegales" a ocho militantes políticos (Ana María Cámara, Stella Vallejos, Anatilde Bugna, Alba Sánchez, Daniel García, José Schulman, Mariano Millán y Roberto Cepeda). La de 2014 a siete años de prisión por "asociación ilícita". Y la de 2017, en el juicio de La Casita, a tres años por "apremios ilegales" a otro militante, Daniel Gatti. Las tres suman 31 años de cárcel, pero los jueces tienen otro método para "unificarlas" que les dio 23. Cumplió 13, le faltaban diez y ya volvió a la casa.

Puyol remarcó que en el juicio de 2009, "un montón de compañeros" señalaron a Brusa, entre ellos Patricia Traba, Orlando Barquín y Silvia Abdolatif.  Y en el juicio por el martirio de Silvia Suppo, en setiembre de este año, su hija Marina Destéfani contó que su abuelo "se entrevistó dos veces con Brusa mientras recorría organismos públicos en la búsqueda de su hijo, Jorge Destéfani, y sólo recibió maltrato y negativas de parte del juez". Lo mismo ocurrió en el juicio histórico que reconoció a la cárcel de Coronda como un "campo de concentración", allí "lo denunciaron José Cettour y Alberto Raúl Chiartano, entre otros".

"Hoy, Brusa tiene un cuarto juicio en trámite -recordó Puyol- en el que lo acusan" otros tres presos políticos: Francisco Klaric, Eduardo Baffico y Carlos Chiarulli".

"Hasta el 7 de diciembre de 2018, Brusa estaba preso en la cárcel de Las Flores. Ya tenía privilegios" como las visitas a la familia y a su terapeuta. Sin embargo, no fue suficiente". La Sala 2 de Casación (con los votos de Angela Ledesma y Guillermo Yacobucci y el rechazo de Alejandro Slokar) resolvió darle más privilegios y le otorgó la domiciliaria para que tengamos que convivir con la impunidad a la vuelta de la esquina", agregó.

"Si no hay justicia, hay escrache. Lo dijimos hace 20 años en esta misma calle y frente a esta misma casa. Y lo volvemos a repetir: si no hay justicia, hay condena social". "No podemos tolerar que los juicios a los genocidas que fueron un orgullo para la Argentina y ejemplo para el mundo terminen frustrados con decisiones judiciales como éstas. Justicia sin impunidad ni privilegios. Basta de excarcelaciones y prisiones domiciliarias para los terroristas de Estado, cárcel común perpetua y efectiva. Ni un solo genocida por las calles argentinas. ¡No olvidamos. No perdonamos. No nos reconciliamos", cerró Puyol.  

 

 

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