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Basada en hechos reales

En 2011, la policía de la ciudad de Michigan junto con la DEA detuvieron a un hombre de 87 años llamado Leo Sharp mientras trasladaba unos cien kilos de cocaína en una camioneta. Así, caía la “mula” favorita del cartel de Sinaloa. Sharp fue condenado a tres años de prisión y finalmente murió en 2016. Basado en esta historia tan real que parece al borde de la ficción y en este personaje que también parece hecho a su medida, Clint Eastwood consumó el retorno a la pantalla como director y actor después de diez años, y con 88 de vida encima. La mula, que se estrena el primer jueves de enero 2019 en Argentina, no es en manos del más clásico de los directores contemporáneos un mero thriller de acción o la picaresca sobre un anciano de insospechado oficio. En el rompecabezas que armó Eastwood junto a su guionista Nick Schenk –la misma dupla de Gran Torino, última incursión con doble rol de Clint–, hay un sutil ensamble de los vínculos familiares, sociales y hasta raciales que ya son marca registrada de sus últimas películas. La mula está basada en hechos reales, pero llega para apartarse de la literalidad sin por eso dejar de indagar agudamente en el mundo de lo real.