Opinión

Gracias, Osvaldo

No encuentro otra manera de escribir sobre Osvaldo que reconstruir algunos de sus aportes en clave personal. A modo de agradecimiento y porque tengo la convicción de que mi cruce con Osvaldo Bayer a través de su obra o mis encuentros personales y grupales, representan los de otros miles.

Supe por primera vez de Osvaldo en los últimos meses de la dictadura, a través de uno de sus grandes aportes a la historia política de nuestro país. La dictadura en su retirada había levantado la censura y en el cine muchos fuimos a ver a ver “La Patagonia Rebelde”. Gracias Osvaldo por la investigación que posibilitó esa película: Soy de los miles de docentes que a lo largo de estos años, la pasamos en nuestros cursos del secundario, buscando hacer algo de justicia con esa historia, escondida y silenciada en la lejana Santa Cruz hace ya casi un siglo, que tanto nos decía sobre nuestro ejército, nuestro vínculo con Gran Bretaña, nuestros terratenientes y nuestros radicales. También, sobre todo, nos contaba sobre esos maravillosos anarquistas de los que vos siempre te sentiste parte. Maravillosos seres fuera de cualquier tiempo y lugar pero que dejaron una huella tan fuerte en nuestra historia moderna.

Gracias Osvaldo por los relatos posteriores de esa película, como las valientes prostitutas de Puerto San Julián, que se negaron a acostarse con los soldados que tenían sus manos manchadas con la sangre de cientos de obreros argentinos y extranjeros que fueron fusilados por nuestro ejército.

Gracias Osvaldo por ese gran debate que descubrí y descubrimos tantos, en la vieja revista Crisis de los ochenta, con Álbaro Abos, sobre ese anarquista tan demonizado como fue Severino Di Giovani, fusilado por la dictadura de Uriburu, que vos, sin quitar ni endulzar ninguno de sus actos violentos, construyendo una crónica minuciosa de su vida, lograbas reivindicar. Ese debate cruzó y alimentó uno de los temas cruciales en los ochenta: la violencia política. La violencia política en los veinte y en los setenta, en años de hegemonía casi total de la teoría de los dos demonios.

Fuiste uno de los que marcaron con su presencia la ronda de los jueves de las Madres. A veces muy poblada pero muchas veces no.

Gracias por ese documental poco taquillero y olvidado en donde recorrías las calles de Buenos Aires en esos meses de fines de la dictadura y comienzos de la democracia, en donde pudiste capturar testimonios de  tantas personas “de a pie” que sirven para reconstruir el clima de época,mucho más que tantas reconstrucciones posteriores.

Gracias por recibirnos varias veces en tu casa algunos años después, en el marco de una joven e innovadora experiencia política como fue “El MATE”, de la que tuve la suerte de ser parte. Ahí con toda generosidad nos escuchaste, nos hablaste y te interpelamos sobre esos anarquistas y su condenada inviabilidad, hablamos de tu distancia con el peronismo aunque siempre aclarabas que no eras gorila, sobre la violencia, sobre los setenta, sobre tu obsesión tan justa y necesaria con Ernesto Sabato, al que con esa prosa tan clara, contundente y al mismo tiempo bella, lograbas, en los bordes de tu oficio de periodista y escritor, desenmascarar. A Sabato, el símbolo alfonsinista de los derechos humanos, refugio de la clase media que necesitaba una amnistía por su ceguera o complicidad con la dictadura y que había encontrado en él, su prócer, lo destrozabas sin piedad, junto con otro gran intelectual que ya se fue hace unos años como fue León Rozitchner.

Desde tu vida austera y en los márgenes de la política incidiste en miles y miles de militantes, en el sentido más amplio del término y, lo mejor, seguirás incidiendo.

Intelectual siempre contrahegemónico, que nunca buscó aplauso de poderosos, ni cargos ni privilegios. Tu ida nos deja un poco más solos en ese sentido.

Tu fuerte distancia con el peronismo no te impidió apoyar muchas cosas que se lograron durante el kirchnerismo que entendías, después de tantas derrotas sobre tus espaldas, que eran valiosas y había que defender sin perder la independencia de decir lo haya que decir siempre. Imposible que un relator tan importante sobre nuestra historia represiva y de impunidad no apoyara los juicios que impulsó el gobierno anterior, únicos en el mundo que hoy sobreviven a pesar de la oscuridad a la que retornamos hace tres años.

Hace pocos años te entrevisté durante algunos días para un libro sobre los 30 años de democracia. Ya tenías entrados ochentas, te olvidabas muchas cosas, se notaba en tu cuerpo el cansancio de una vida larga e intensa de trabajo, lucha, coherencia, persecución y exilio pero también, como nos decías y pocos tienen la suerte, reconocimiento en vida. A media mañana tomabas tu whisky que por supuesto convidabas y aceptábamos, como no podía ser de otra manera. Tu casa en Belgrano, austera, llena de libros y con ese mapa enorme de la provincia de Santa Cruz que Héctor Alterio usó en la película de 1973 para indicar los lugares donde mandaba a los soldados a cazar a peones rurales.

Hace muy poco en una plaza cerca de tu casa se festejó tu cumpleaños 90 en una fiesta pública, hermosa, llena de compañeros y compañeras de todas las épocas que pocas personas pueden juntar. Fui con mis dos hijxs, bebes aún, pero sentí la necesidad de que estuvieran y el día de mañana contarles quién fuiste.

Gracias Osvaldo, hasta la victoria.

* Sociólogo, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA, docente en la Universidad de Avellaneda.

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