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Mujeres con pelotas
Analía de Jesús, Higui para las amigas, lesbiana, de 42 años, se encuentra procesada por homicidio después de defenderse de una patota que planeaba aplicarle una violación correctiva y ya había atentado contra su vida en otras ocasiones. La cancha El Boli, en San Miguel, la misma en la que Higui se hizo fama de arquera maravilla, fue la sede de un partido a beneficio para que la familia pueda acercarle elementos indispensables para humanizar su estadía en una celda de dos por dos. Una red de vecinas, amigas, activistas, compañeras de equipo llenaron la cancha con un grito de justicia que se extiende por el territorio nacional: otro partido ya está programado en la Ciudad de Buenos Aires para marzo.
Algunas integrantes de Fútbol Militante.Algunas integrantes de Fútbol Militante.Algunas integrantes de Fútbol Militante.Algunas integrantes de Fútbol Militante.Algunas integrantes de Fútbol Militante.
Algunas integrantes de Fútbol Militante. 
Imagen: Sebastián Freire

La cancha El Boli se llenó de mujeres del barrio con bebés en brazos y otras con botines y medias de fútbol. La histórica cancha de tierra de Bella Vista adornada con los colores de Obligado y los campeonatos ganados, hierve a un pulso diferente. Allí, donde se definieron muchos torneos de fútbol femenino local, se llevó a cabo el sábado el “Campeonato Femenino de Fútbol Justicia por Higui - Analía De Jesús, presa por defenderse de sus abusadores homofóbicos”. Organizado por familiares y amigos de la arquera Higui.

Alambrado, redes en los arcos, iluminación a día, bancos de madera, cerveza y choris. Noche despejada, la temperatura no baja de 30 grados. El Boli es la cancha donde Higui contuvo muchas veces los tiros de Rocío Oliva y sus compañeras de Obligado, y se hizo famosa por la atajada escorpión.

La arquera escorpión

A los costados, las futbolistas se atan los cordones. A varios kilómetros de aquí, en un destacamento de San Martín, la procesada Analía de Jesús (42) -Higui- casi no puede respirar. En la celda de dos por dos, con ventanilla de 20 por 20 centímetros y doble puerta de hierro, no entra una gota de aire. Temperatura, 40 grados a la noche. Hay un baño pequeño donde las detenidas pueden ducharse y un pasillo donde reciben a la visita, sentadas sobre frazadas. Higui precisa un ventilador y la familia no puede pagarlo. 

En el destacamento no hay patio donde las detenidas puedan estirar las piernas ni caminar un poco. Higui intenta deshacer los malos pensamientos estudiando la Biblia, fabricando copas con botellas de plástico y portalápices con cilindros de cartón del papel higiénico. 

Mientras tanto, en el Barrio Obligado nadie puede creer lo que le pasó a la arquera del escorpión. En ese sector de San Miguel es inconcebible pensar que a una lesbiana se le puede faltar el respeto. Menos que menos sufrir los ataques sostenidos de una horda de diez tipos decididos a “sacarle lo tortillera”. Pero en Lomas de Mariló (la otra punta de Bella Vista, en el límite con el partido de Moreno) es falta de respeto a la hombría de los muchachos que una lesbiana decida darles la espalda y no considerarlos a la hora de enamorarse o de tener sexo. Los códigos los ponen ellos a piedrazos y facazos. Especialmente en las diez manzanas que flanquean al oeste el Golf Club de Bella Vista. El municipio de Hurlingham ya mostró su interés en el caso. Se trata de violencia de género muy grave, en su zona aledaña. Después de este campeonato en Bella Vista y de las gestiones de Defensorías de Género, se agregó la intervención del municipio de San Miguel. 

Higui tuvo que mudarse de Obligado a Mariló porque en Mariló podía acceder a la vivienda propia. Una vez instalada allí, sufrió una escalada progresiva de violencia lesbofóbica. Primero le tiraban piedras. Después le robaron varias veces la bicicleta. La tercera no fue la vencida, pero casi. Higui advirtió que una patota de varones la iba a atacar. Corrió, se aferró de una camioneta y le pegaron seis puntazos. Los más graves fueron tres, en la espalda. Temerosa de represalias contra su familia, Higui denunció el ataque como un robo, sin señalar a los agresores. Por eso decidió mudarse al barrio Barrufaldi, donde además podía cuidar a su hermana travesti, que estaba gravemente enferma.

Pero la tercera agresión no fue la vencida, Higui se defendió de una cuarta. Que habría sido mortal si no reaccionaba a tiempo. La patota de varones de Mariló se enteró el Día de la Madre que Higui había ido a visitar a su hermana Mariana. La acorralaron en un pasillo a las nueve de la noche, la golpearon a mansalva, le bajaron los pantalones, le desgarraron el bóxer y al grito de “Te voy a hacer sentir mujer, tortillera. Te vamos a empalar”, intentaron violarla. Analía De Jesús sacó un cuchillo -que llevaba por si la volvían a atacar- y le clavó un puntazo certero en el corazón al varón que dirigía a la patota y al que tenía acostado completamente sobre su cuerpo.

Estaba molida a golpes y desmayada. Con uno de los agresores muertos tendido a un costado. Higui había estado tomado unas cervezas durante la tarde y la noche. Por eso la policía no quiso creerle que habían intentado violarla entre diez tipos. Le creyeron a uno de los agresores que se presentó a la comisaría 2ª de San Miguel a declarar que Higui había intervenido en una pelea entre varones y le había pegado un puntazo por la espalda al fallecido. La autopsia revela que el occiso recibió únicamente una puñalada frontal.

El abrazo partido

Hoy Higui está callada en una celda. Ya lloró todas las lágrimas que le quedaban. Sabemos que en la cancha aprendió a estar sola durante el partido. Pero conoce el abrazo de las compañeras después que el árbitro marca el final. 

“La posición de arquera siempre es solitaria. El equipo se abraza a festejar los goles en el arco contrario y la arquera se queda sola. Puede hacer cientos de atajadas maravillosas y de golpe le hacen un gol y pasa a ser la villana del equipo”, dice Mónica Santino, que se acercó a la cancha de Bella Vista a ofrecer la solidaridad de La Nuestra, el equipo de futbolistas mujeres de la Villa 31. De este acercamiento surgió la iniciativa de convocar a un campeonato de fútbol femenino a beneficio de la familia y por la Libertad de Higui en Capital, frente a Tribunales, la primera semana de marzo, a coordinar con otras organizaciones feministas, de mujeres, lgbti y movimientos sociales que quieran participar. La familia necesita colaboración para visitar a Higui, alcanzarle los elementos indispensables para que pueda sobrevivir en prisión y mover el caso judicial.

“Nos hubiera gustado venir con las chicas de la 31, pero no tenemos movilidad. Ninguna de nosotras tiene auto. Bella Vista queda muy lejos y no hay plata para muchos pasajes. Por eso nos gustaría organizar un próximo campeonato en Capital y que haya actividades alternativamente en Capital y en provincia”, comenta Mónica Santino. 

El pedido de Justicia por Higui comienza a extenderse por todo el país: Carolina Abregú, de Defensorías de Género y una de las organizadoras del campeonato en Bella Vista, trabaja para que otras mujeres y feministas se hagan eco del reclamo en Mendoza, Salta y otras localidades del Gran Buenos Aires. Carolina llamó siete veces al área de Género del municipio de San Miguel. Seis veces le contestaron que “estaban ocupadas y no podían atenderla”. La séptima fue la vencida. Dijeron que no conocían el caso. Lo que ocurre en Lomas de Mariló es preocupante.

A la cancha El Boli se acercaron jugadoras de Fútbol Militante, que tomaron posición sobre el piso de tierra, colgaron su bandera en el alambrado y desplegaron el equipo. Otros tres cuadros de mujeres participaron en el campeonato. La encargada de la organización en cancha fue Karina (43), multicampeona de fútbol femenino con Obligado, “el equipo de Rocío Oliva”, en posición de defensora o arquera. Cantidad de veces, con Higui en la valla contraria. Karina ahora está retirada del fútbol, pero volvió al Boli por lo que considera una causa justa que afecta a una piba del barrio. “Rocío estaba invitada, pero no pudo venir”.

Otra amiga “de jugar al fútbol con Higui” es Marcela Gauna (43), en el equipo de Analía De Jesús en posición de 7 o de 9. “Jugamos juntas muchas veces, tanto en cancha de once como en cancha de cinco”. Y María (48), que la conoce desde años en Barrio Obligado. “Para que Higui haya tenido esa reacción, debe haber pasado algo muy grave. Sabemos que es cierto que estos tipos la acosaban y le gritaban ‘tortillera de mierda’. Nosotras nunca la vimos en una pelea, ni siquiera insultando a nadie. A lo sumo era una chica que podía salir, de vez en cuando, de copas con amigas. Pero es muy familiera. Por eso estoy acá. Porque puedo decir quién es Higui”.

También llegaron a Bella Vista militantes de la Colectiva Lohana Berkins y de Mala Junta de Hurlingham y San Miguel. 

En la cocina, las hermanas de Higui (Mariana De Jesús y Susana Díaz), la madre (Susana Reales), despachan cervezas y empanadas. El cuñado prepara los más deliciosos choris de zona Oeste, excusándose por no hacerlos mejor. En Obligado se huele el respeto de los varones hacia las mujeres. Es un barrio donde las mujeres se empoderaron, a lo largo de años, a través del fútbol. En Obligado, las mujeres no tienen que esperar a que los varones les dejen la cancha libre para entrar a jugar. El derecho de uso se reparte 50-50, según las necesidades de cada campeonato.

En cambio, en Mariló, las cosas siguen espesas. Azucena, la hermana de Higui más activa, sigue recibiendo amenazas de la familia de uno de los agresores. Alguien de esta familia le hizo llegar una amenaza de muerte a través de otra vecina, en una parada de colectivo. Otras amenazas son vía Facebook y la Justicia no quiere tomar la denuncia porque sostiene que “son incomprobables”. Claramente el concepto “dirección de IP” no figura en el diccionario del Departamento Judicial de Malvinas Argentinas.

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