Lecturas rebeldes
OCIO | Baja el ritmo de trabajo y estudio y suben las ganas de zambullirse en la lectura. El tiempo de descanso relaja la mente y el espíritu dispuesto a transformarse a través de la palabra. El descubrimiento del cuerpo y la identidad, poesía torteril, novelas disidentes, manifiestos ineludibles y reediciones de clásicos imprescindibles para la biblioteca feminista se reúnen aquí en once títulos que pueden torcer el rumbo del verano.

Lugares comunes de la lengua,

Luciana Caamaño, n direcciones

No es precisamente la lengua española, ni siquiera en su variedad rioplatense, sino la lengua torta, mojada y gozante, lo que Luciana Caamaño pone en práctica en Lugares comunes de la lengua. Es cada vez más infrecuente en la poesía argentina encontrar un libro que no solo use la lengua para decir sino que haga cosas con ella (mucho menos que a partir del lenguaje haga presente un cuerpo), y este libro hace. “El sexo y la poesía son ante todo ritmo”, dice Caamaño, y ejecuta: Lugares comunes de la lengua coge con todo el cuerpo y no distingue entre partes altas y bajas, el ritmo se marca con la boca, con la concha y con los pies. Y casi enseña, se podría decir, un goce que no estaba en la literatura argentina.

 

Irse, Daiana Henderson, 

Ivan Rosado

Hubo una época en que la poesía objetivista y una línea más queer como la de Belleza y Felicidad se percibieron como opuestos. Y lo eran, en las coordenadas de los noventa, pero pasaron veinte años y una nueva generación pudo venir a mezclar esas poéticas. Irse es un poco eso: el encuentro, no desprovisto de preguntas, de la poesía que construye la escena de la percepción y la memoria con esa otra poesía vital que le habla a los animales, a los colores, que celebra, antes que componer (“Magenta/ mi color en el mundo/ qué hermoso sos/ felicito a tus moléculas”). Henderson registra el conflicto: “Me veo envuelta en esta fe inocente y ridícula (...) / tengo una idea romántica de mí misma y enseguida la espanto”. Y ofrece un libro sólido, bello y también inteligente, que mantiene viva la rara tradición de pensar y escribir en términos de poéticas.

 

Por qué volvías cada verano,

Belén López Peiró, Editorial Madreselva

Este año circularon relatos de abuso como nunca antes. ¿Por qué leer un libro al respecto? Porque en la estructura polifónica que elige para contar los ataques sexuales a los que la sometió su tío entre los 13 y los 16 años, Belén López Peiró muestra en toda su profundidad y alcance la dimensión del daño que causa el abusador. El relato del abuso puntual, entonces, es imprescindible pero es solo la punta del iceberg, si es que se hace visible. Sin lágrimas, con furia y precisión, Por qué volvías cada verano ofrece en carne viva esa tierra arrasada que es una familia y una comunidad donde los vínculos se ordenan alrededor de cubrir al abusador, y la bomba atómica que es romper ese silencio. Este es un libro sabio además de verdadero, con la forma justa y el lenguaje cargado de intensidad, eléctrico.

 

Del otro lado, 

Gianina Covezzi. Tammy Metzler

Una banda de amigas pasa las vacaciones de verano en Uruguay. Escrita desde el corazón de la adolescencia, Del otro lado pone en escena a las chicas en su momento de máxima experimentación, esa fragua caliente y volcánica de la que salen teorías y prácticas sobre el amor, el sexo, la amistad, la maternidad, los vínculos. Las chicas de Gianina Covezzi se mueven en grupo, se enamoran del “chico tierno con problemas”, les basta con estar ahí para que los varones se acerquen como magnetizados, deciden si coger o no, aunque con pocas certezas, y como las Mujercitas de Louisa May Alcott, se las puede encontrar de repente con la cabeza apoyada en las rodillas de las amigas, trenzándose el pelo o llorando juntas. La de Covezzi es una prosa del futuro, que puede pasar de delicada a durísima en un segundo: “Me pone contra la pared, se baja los pantalones, se pone un preservativo y me coge. Unos minutos, pocos, acaba y se vuelve a subir los pantalones. Quizás me besa, más tengo la sensación de que nos abrazamos como dos amigos después de un partido”.

Alguien camina sobre tu tumba, 

Mariana Enriquez, Galerna

No hay mejor plan que recorrer cementerios desde la voz de Mariana Enríquez, asomadxs al fetichismo de esta cronista que ve la belleza en lo mortuorio y la transmite con una escritura voluptuosa y sensual. Desde una historia de adolescencia y erotismo desesperado en Staglieno, Génova, a una incursión fascinada por la cultura de los muertos en México, un relato con aires de western en un lejano pueblo patagónico o las catacumbas de Montparnasse, en París, la cuerda que Enríquez hace vibrar en sus visitas a cementerios es precisamente la de la mejor literatura: en las estatuas, lápidas, formas, recorridos, hay historias, o fragmentos de ellas, lo suficientemente sueltas como para que toda una tradición del relato oral, del narrador que quiere encantar y asustar, se haga presente. La escritura de Alguien camina sobre tu tumba (felizmente reimpreso por Galerna después de una primera tirada agotadísima del 2014) parte de la crónica y el periodismo, sí, pero la sensación es de que todo el tiempo está naciendo la literatura. 

Los niños,

Carolina Sanín, Blatt y Ríos

Una mujer encuentra un niño, o mejor dicho, un niño se le aparece, de un modo que hace de la pesadilla y la realidad dos instancias indecidibles. A partir de esta situación, Carolina Sanín hace que su narradora atraviese una experiencia que se parece a la maternidad pero distorsionada, como un rompecabezas sin armar, en un umbral donde el apego se funde con lo siniestro. En esta novela, las personas que quieren adoptar hacen cola frente a un hogar, o llenan álbumes con figuritas de lxs niñxs disponibles, y en un clima sutilmente irreal aparecen ráfagas de lucidez como ésta: “Pensó que haría como una madre: entraría en el mundo, se presentaría entre las mujeres y reclamaría un reflejo de agradecimiento a cambio de la gratitud que demostraría al criar a una persona humana”. 

Yo no, 

Eileen Myles, Mansalva

Esta es la primera traducción al español de una poeta lesbiana que, ya al borde de los setenta años, parece haber heredado algo de esa desesperación que los beatniks transformaban en una belleza rota. Con poemas largos y una voz que se desborda, que no pertenece al reino de la pequeña intimidad sino de la declamación en público, Eileen Myles habita la ciudad artísticamente, entre criaturas que brillan en sus rarezas, y por artístico quiero decir: poemas a los agujeros en la camisa, a las cicatrices, a los vagos, a su bicicleta, viajes en taxi, supermercados y televisores, fogonazos de ternura y vulnerabilidad en medio de todo eso.

Teoría King Kong, 

Virginie Despentes, Random House

La llegada del feminismo a la masividad se lee en la reedición de Random House de este texto de culto, antes publicado en nuestro país por Hekht: que Teoría King Kong se luzca en todas las vidrieras y encabece las listas de más vendidos es algo nunca visto y es una victoria de todxs. Teoría King Kong no ofrece, sin embargo, una teoría; se lee mejor como manifiesto o en su costado performático, en el gesto de una mujer tomando la palabra por escrito para decir aquello que lxs habitantes de un mundo intelectual y masculino siempre le dijeron que no debía decir: el cuerpo, el sexo, la violación, el deseo. Y decirlo con un megáfono, con el volumen al palo, bardera y punk. Una lectura imprescindible.

Cinco días en Colón, 

Pauline Fondevila, Ivan Rosado

Quizás porque entran a la literatura por otra puerta y se entregan con tanto gusto a lo menor, en los últimos años las mujeres vinculadas al mundo de las artes plásticas han publicado libros excelentes: María Gainza, con El nervio óptico (2014), María Guerrieri con Fuente de chocolate (Ivan Rosado, 2016) y Pauline Fondevila con Una casa y un tambor (Ivan Rosado, 2014). Fondevila publica ahora Cinco días en Colón, que como su libro anterior es el diario de un naufragio en una de sus tantas formas (uno que tiene en su centro a un artista que pintó el mismo cuadro todos los días de su vida). La narradora de Cinco días en Colón viaja guiada por ese porque sí del que nacen tantas historias y se entrega a esa experiencia que hoy parece tan excepcional: explora. Sus cinco días en un pueblo con palmeras tendrán una pequeña epifanía final, pero mientras tanto invaden a lxs lectorxs de un placer vitalísimo. La narradora de esta novela está en la vida con todos los sentidos, y cuando Fondevila escribe en su español elegante y atemporal, parece que las cosas existieran.

El viaje inútil, 

Camila Sosa Villada, Ediciones DocumentA/Escénicas

En una casa pobre de Mina Clavero, Córdoba, un niño aprende sus primeras letras y escribe su nombre de varón, el que le asignaron al nacer. Desde ese momento fundante hasta el presente literario de una escritora travesti, melancólica y furiosa, El viaje inútil va anudando el relato del descubrimiento de la literatura con el relato del descubrimiento del cuerpo y la identidad, que para Camila Sosa Villada son parte de la misma cosa. Porque acá la escritura no es una cómoda elección, sino un asunto de supervivencia: “El deseo de ser travesti, callado durante tantos años, vivido como un ‘salirse de la vaina’ perpetuo, la decisión de dejar atrás los privilegios de ser un varón y convertirme en una paria travesti, me mantuvieron viva y prolífica”, dice Camila con la prosa de una poeta. Esta es la intimidad de alguien que pasó por el fuego, conoció la crueldad y pudo transformarla en la escritura más delicada.

Contra los hijos, 

Lina Meruane, Random House

El cuestionamiento de la maternidad –quizás el mandato más fuerte y persistente para todas las mujeres– sigue siendo imprescindible en tanto no se separe a lxs niñxs del cuerpo de la mujer como un destino. Lina Meruane periodiza la evolución de la idea de maternidad a lo largo del siglo XX y, lo que es más importante, recopila las voces e historias de aquellas mujeres que frente la maternidad dijeron “No”, “No tengo ganas”. Llegará el día en que a ninguna mujer se le pregunte cuándo piensa tener hijos, como si fuera una cuestión de más tarde o más temprano; mientras tanto, voces como la de Meruane –incluso cuando está al borde de construir un modelo de escritora sin hijxs, tan problemático como cualquier modelo– son más que necesarias.

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