Del terror a la esperanza
La periodista paraguaya Noelia Díaz Esquivel sufrió un intento de femicidio por parte de su novio en agosto del 2015. El la estranguló, de noche, en la vereda de su casa, en Asunción. Y la rescataron unos vecinos que sacaron sus manos del cuello cuando ella ya casi no podía respirar. Ella hizo la denuncia. Él estuvo en prisión aproximadamente cuatro meses por intento de homicidio antes de la tipificación de femicidio. Salió en libertad por “suspensión condicional del procedimiento”. A ella el dolor la llevo a militar en el feminismo ahora para que haya una transformación política y social que pueda transformar la manera de relacionarnos.

Al principio tenía vergüenza, dolor y miedo. Era agosto del 2015. Amaneció y las marcas en mi cuello eran mucho más notorias que en la madrugada. Me dolía tanto que solo podía pensar en denunciarlo. Bien temprano, sin probar bocado, fui a casa de mis padres, todavía resuena en mis oídos lo que papá dijo: –Esta es la peor noticia que pude haber recibido. 

Aún siento el abrazo de mamá, cuando con lágrimas me susurro, abrazándome: Yo solo quiero que seas feliz. 

Mamá me acompañó a la comisaria especializada en violencia intrafamiliar y relaté el inmenso dolor que sentía... Esa madruga él me había estrangulado. Mientras sus manos se aferraban a mi cuello gritaba: ¡Te voy a matar!

Yo no pude, no intenté defenderme, solo le rogaba, mientras aun me quedaba aire, que me deje vivir y que piense en mis hijas. Cuando me animé a mirarlo, mientras sentía que casi ya no podía respirar, vi los ojos más aterrorizantes que jamás imaginé. El terror se convirtió en esperanza de vida, cuando unos vecinos, lo sacaron de encima mío. Él estuvo preso. Y yo estoy superándolo. Requirió terapia y la ayuda impagable de mis hermanos, amigos, colegas y esa fuerza que yo me regalaba cada vez que las miraba... Mis hijas me necesitan feliz y viva.

Ahora logré que mis sueños sean más grandes que mis miedos. Pero la violencia doméstica no es la única que vivimos las mujeres. Las periodistas también somos víctimas de acoso y comentarios misóginos en la calle, de parte de quienes entrevistamos, de colegas y hasta de los jefes. Cuando lo reprochamos, las “locas feministas” somos nosotras. Pero también hay hombres, muchos de ellos, que dieron y dan pasos gigantes para tratarnos con igualdad y respeto. Claro, aunque hacemos el mismo trabajo que ellos, seguimos ganando mucho menos y a la hora de elegir figuras periodísticas, los tienen en cuenta primero a ellos. 

No nos merecemos que nadie nos trate mal, nos merecemos admiración, respeto, amo. Y exigir que esto se cumpla. Tenemos la gran misión de educar hijos e hijas que busquen la justicia, la libertad y la igualdad. Mujeres y hombres, juntos luchemos por una sociedad nueva, libre de violencia hacia a las mujeres. Libre de violencia entre nosotros.

* Feminista, periodista de televisión y secretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay.

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