Las andanzas del joven Alexandre Benalla hunden la imagen de Macron en Francia
Un asesor que se disfraza para reprimir
Un permanente dolor de cabeza a la presidencia han causado el alejamiento de varios colaboradores muy cercanos al jefe del Estado, la intervención de una comisión parlamentaria y la apertura de investigaciones judiciales de alto nivel.
Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo.Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo.Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo.Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo.Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo.
Benalla (centro, con casco) junto a dos comisarios franceses durante la protesta del 1º de Mayo. 
Imagen: AFP

PáginaI12 En Francia

Desde París

Hay personajes secundarios que desencadenan grandes catástrofes en el primer plano. Alexandre Benalla, el ex asesor de seguridad del presidente Emmanuel Macron, es uno de ellos. Las andanzas poco ortodoxas de este joven de 26 años, íntimo del presidente, sin ningún cargo institucional en la policía, han acarreado un permanente dolor de cabeza a la presidencia, el alejamiento de varios colaboradores muy cercanos al jefe del Estado, la intervención de una comisión parlamentaria y, más tarde, la apertura de investigaciones judiciales de alto nivel. El episodio es una línea narrativa digna de esas llamadas repúblicas bananeras, pero es tan real que cuesta creer que un joven compulsivo e indiscreto haya podo sacudir a ese punto la esfera más intima del macronismo. La secuencia se abre en julio de 2018, cuando el diario Le Monde descubre en un video filmado en la Plaza de la Contrescarpe (París) que Alexandre Benalla se paseaba por la plaza medio disfrazado de policía golpeando a un grupo de manifestantes que participaban en las protestas del primero de mayo. Pero no era ni policía, ni representaba a ninguna autoridad, aunque sí andaba por la plaza con varios objetos policiales: un signo distintivo, un casco de plexiglás, walkie-talkie, etc, etc. 

Allí explotó un escándalo que arrastró a ministros, altos cargos policiales, militares, consejeros y funcionarios. El presidente Macron nunca dio la cara. En un momento se limitó a decir “que me vengan a buscar”. La frase explica por qué uno de los líderes del movimiento de los chalecos amarillos, Eric Drouet, llamó luego a ocupar el palacio presidencial. Oficialmente, Alexandre Benalla fue despedido en julio. Sin embargo, siguió muy relacionado con el entorno presidencial. Se planteó entonces un puñado de enigmas: ¿quien lo había autorizado a concurrir a la Plaza de la Contrescarpe disfrazado de policía, quién lo había cubierto y quiénes fueron los que, dentro de la presidencia, obtuvieron el video para protegerlo? Uno de los señalados, Ismaël Emelien, consejero especial de Macron y, a sus 31 años, artífice en la victoria presidencial de 2017, acaba de renunciar. Oficialmente lo hace por “ética personal” porque va publicar un libro sobre “el progresismo” cuya difusión es “incompatible” con el silencio que implicaba su cargo. Sin embargo, a través de una serie continua de revelaciones, Ismaël Emelien aparece muy enredado en las diferentes fases del escándalo Benalla. A esta renuncia se le suma la de Sylvain Fort, la pluma del presidente, y, antes, la del ex Ministro de Interior, Gerard Collomb. Las tribulaciones sospechosas del ex guardaespaldas de Macron son un camino de espinas para el jefe del Estado y el Ejecutivo. Benalla, de hecho, nunca fue arrestado y hasta tuvo tiempo de esconder sus tesoros secretos antes de que la policía realizara una perquisición en su domicilio. También, a pesar de que fue despedido en julio, siguió utilizando dos pasaportes diplomáticos para sus negocios personales y otro pasaporte de servicio. Entre otras (porque ya hay muchas), la justicia abrió una investigación contra él por uso indebido de documentos oficiales y falsificación. Su ex jefe en el Palacio del Elíseo, Patrick Strzoda, reveló que Benalla había “falsificado” una carta oficial para obtener esos documentos oficiales. 

Hasta acá ya era mucho, pero lo que sigue es peor y testimonia de un sistema exacerbado de privilegios reservados a una minoría de protegidos. Benalla pudo viajar a su antojo, instalarse en Londres, desplazarse a varios países de África para reunirse con jefes de Estado en el marco de sus negocios privados e, incluso, maniobrar para un contrato de seguridad privada con un oligarca ruso ligado a las mafias, Iskander Makhmoudov, mientras aun cumplía funciones en la presidencia, lo que está prohibido. Cualquier ciudadano normal habría ido preso, Benalla no. Hace unos días, el portal Mediapart difundió unas grabaciones secretas entre Benalla y otro de los investigados en estas causas, Vincent Crase (también presente en las manifestaciones del primer de mayo y bajo investigación judicial). Pero ocurre que no sólo Crase y Benalla tenían prohíbo verse por orden judicial sino que, además, las grabaciones revelan que los dos hombres se ponen de acuerdo para encubrir sus contratos de seguridad con el millonario ruso, hablan de destruir pruebas, de crear una empresa pantalla para tapar todo. Benalla dice en esas grabaciones que cuenta con todo el respaldo del presidente y de Ismaël Emelien. En vez de arrestar a Benalla y su socio, la justicia ordenó una investigación en los locales de Mediapart. Los culpables libres, los periodistas presionados. Y allí surge otra incógnita y más renuncias. ¿Dónde se vieron los hombres y quién grabó su conversación? La prensa afirma que Benalla y Crase se entrevistaron en la casa de la responsable del grupo de seguridad del Primer Ministro, Marie-Élodie Poitout, y que allí se hizo la grabación. La comisaria Marie-Élodie Poitout renunció a su puesto y su compañero sentimental, el militar y ex miembro de los servicios especiales, Chokri Wakrim, fue suspendido. Chokri Wakrim aparece como prestanombre en una de las empresas recreadas por Alexandre Benalla y Vincent Crase con el fin de diluir las pistas de los contratos con los rusos. Según Mediapart, la empresa de Vincent Crase, Mars, cobró en junio de 2018 294.000 euros. Se trata en realidad de dos contratos negociados por Benalla por un monto de más de dos millones de euros mientras trabajaba para Emmanuel Macron. Uno de los contratos preveía la “protección de la familia de Iskander Makhmoudov”. Este industrial ruso ultra millonario figura según la justicia española como miembro activo de una sólida organización criminal. El otro contrato negociado por Benalla después de que abandonara su cargo se hizo con otro oligarca ruso ligado a Vladimir Putin. Según filtraciones en los medios, Benalla recuperó el dinero de ambos contratos mediante la empresa France Close Protection encargada de la protección de personas en Francia y en el extranjero. 

El animoso Alexandre Benalla es una pesadilla en regeneración constante. No pasa una semana donde sus actos no causen nuevas sacudidas en los elegantes salones presidenciales. Es una serie por entregas con más y más revelaciones no sólo sobre la cadena de implicaciones de funcionarios y policías, sino también sobre la incontinencia de un hombre inmaduro y con mucho poder y las evidentes manos protectoras que lo cuidan. Y también están las otras manos, aquellas que grabaron sus conversaciones confidenciales y las entregaron a la prensa. Alguien lo quiere fuera de circuito, otros que no siga su incesante fuga hacia adelante porque en ella arrastra la imagen de Emmanuel Macron. Alguien terminará por imponer su opción. La historia de Benalla, la renuncia de colaboradores muy íntimos, la implicación de policías y militares de alto vuelo y los contratos con sospechosos rusos retratan una presidencia muy alejada de la imagen de un joven presidente, liberal, educado, rodeado por una elite refinada y financiera, con la cual, en contraste con otros tiempos más turbios de la política, Emmanuel Macron llegó al poder.  

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