Entrevista a Valentina Alazraki, invitada a disertar en el Vaticano sobre “La protección de los menores en la Iglesia”
¿Qué debe hacer la Iglesia ante los abusos?

Ser mujer en la Iglesia, tener un rol importante, nunca ha sido fácil. Y lo reconocen las mujeres que trabajan para el Vaticano. Algunas cosas comenzaron a cambiar con el papa Francisco. Y en este encuentro internacional sobre abusos sexuales, “La protección de los menores en la Iglesia”, que se está realizando en el Vaticano, tres mujeres fueron invitadas a exponer. Una europea, una africana y una latinoamericana. “Invitar a un mujer para que hable no es entrar en la modalidad del feminismo eclesiástico (...). No. Invitar a hablar a una mujer sobre las heridas de la Iglesia es invitar a la Iglesia a hablar de sí misma sobre sus heridas (…) Porque la Iglesia es mujer, esposa y madre”, dijo ayer por la tarde el papa Francisco después de que habló la primera mujer en el encuentro, la profesora Linda Ghisoni. Y luego agregó: “Se trata de integrar en nuestro pensamiento a la mujer como figura de la Iglesia”.

Valentina Alazraki, periodista y escritora mexicana, corresponsal de Noticieros Televisa ante la Santa Sede, es la latinoamericana que intervendrá esta tarde ante esta conferencia que cuenta con la participación de 190 obispos,  cardenales, monjas y prelados de todo el mundo. Autora de varios libros como En nombre del amor, La luz eterna, Viaje al corazón de la fe, México siempre fiel, entre otros, Alazraki, que conversó con Página 12, vive en Italia desde 1974 y es posiblemente la mujer periodista que más viajes ha hecho con los pontífices de los últimos decenios: 100 de los 104 viajes apostólicos de Juan Pablo II, todos los de Benedicto XVI y todos los de Francisco.

-¿Qué piensa de lo que está sucediendo en el Vaticano sobre el tema de los abusos?

-Lo que me parece importante es que por primera vez estén reunidos obispos de todo el mundo para tratar este tema. Porque, después de haber hablado con obispos de distintos países, me ha dado la impresión de que la sensibilidad respecto a este tema es muy diferente, muy variada. Hay países donde los obispos han tomado consciencia del problema y están tratando de resolverlo. Y hay naciones donde todavía hoy los obispos dicen que no es un problema de su país. Han estallado cientos de casos en algunos y en otros países la Iglesia ni siquiera asume el problema. Creo que esta diversidad crea graves problemas. No creo que por arte de magia saldrán de esta reunión en el Vaticano creyendo que el problema existe en todos lados. El primer paso es que asuman que se trata de un problema global. Si no ha estallado es que no se ha hablado porque las víctimas no han tenido el valor de salir a denunciar.

-¿Cuales son los puntos que usted considerarían imprescindibles para un futuro plan de trabajo de la Iglesia en este ámbito?

-Cada país es diferente. El Vaticano tiene normas ya elaboradas pero que no se aplican o se aplican mal.  Por eso es necesario el vademécum del que habló el papa Francisco el primer día del encuentro. Así todos entenderán cual es el procedimiento que hay que seguir. Es necesario que se aclare además un punto vital que es la colaboración con las autoridades civiles. Hay que dejar bien claro cuál es la responsabilidad del obispo ante al justicia civil. El otro tema es la relación con las víctimas. Si las víctimas no son la prioridad, no van a saber cómo enfrentar el problema. Las víctimas no son enemigos de la Iglesia.

-¿Cuál es la situación de México en materia de abusos sexuales?

-En México el gran problema fue Marcial Maciel (fundador de los Legionarios de Cristo, acusado de pederastia y de haber tenidos dos mujeres e hijos y obligado por el Vaticano a retirarse a una vida de oración en 2006. Murió poco después). Después de él han salido a relucir casos aislados. El presidente de la conferencia episcopal mexicana que se llama Rogelio Cabrera y que está en Roma, ha dicho que ha habido 152 sacerdotes alejados del sacerdocio. Pero no se conocen los nombres. Esta es la punta del iceberg.  Todavía no han salido a relucir todos los casos tal vez. No se sabe ni siquiera cuántos son porque cada diócesis tiene su jurisdicción. Nada sabe una diócesis de lo que ha pasado en la otra, aunque pertenezcan a la misma conferencia episcopal. Y éste es un problema porque cada obispo se arregla directamente con el Vaticano. Por eso en México se está pidiendo que la conferencia episcopal tenga una mayor autonomía respecto del Vaticano. Esta es otra cosa que habría que resolver para poder hacer un mapa de la situación en un determinado país.

-Después de todos estos años de su trabajo en el Vaticano ¿ha sabido de muchas denuncias?

- No tengo pruebas de que fueran muchas o pocas. Solo he conocido los casos grandes. Pero no tengo elementos como para decir que detrás de ellos haya habido otros casos. De todas maneras en la Iglesia existe un sistema, y en el Vaticano también, de arriba hacia abajo, que hace pensar que tal vez hubo más casos de encubrimiento. Pero esto es solo una teoría.

 -¿Cuál es según usted la medida inmediata que debería tomar el Vaticano?

-Hay varias, pero la transparencia es una de esas. En esta crisis uno de los problemas que hemos visto es el de la comunicación. Cuando no hay transparencia, la gente piensa que todas las acusaciones son ciertas aunque no estén probadas. La credibilidad de la Iglesia no solo ha sido puesta en tela de juicio  por los abusos y los encubrimientos de los abusos, sino también por la falta de transparencia en el momento de comunicar los hechos. Cuando se prefiere el silencio, la gente piensa que uno está escondiendo algo. Cuanto antes también hay que aclarar la relación con la justicia civil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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