El relato de la cesárea a la niña tucumana en el quirófano
“La nena jugaba con muñequitas”
La ginecóloga Cecilia Ousset y su marido realizaron la cesárea. Una vez en el quirófano, todos los médicos del hospital se declararon objetores de conciencia. La nena “fue torturada un mes por el Sistema de Salud Provincial”.
Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña.Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña.Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña.Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña.Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña.
Las antiderechos confrontaron contra la voluntad y la salud de la niña. 
Imagen: Juan Pablo Sánchez Noli / La Gaceta

“Se salvó la vida de una nena de 11 años que fue torturada por un mes por el Sistema de Salud Provincial”, detalló la ginecóloga Cecilia Ousset, una de las médicas que participó de la dilatada Interrupción Legal del Embarazo que le practicaron el martes por la noche a la niña tucumana a la que el gobierno provincial le denegó durante un mes el derecho a abortar. Ousset y su marido, Jorge Gigena, realizaron la intervención quirúrgica en el Hospital Eva Perón. 

En la cesárea, de la que participó porque fue convocada por el Sistema de Salud Provincial, Ousset ofició de instrumentadora, porque, explicó ayer, ya “agotada física y emocionalmente”, es “objetora pero no obstaculizadora”. En distintas entrevistas periodísticas a lo largo del día, brindó detalles estremecedores del procedimiento al que tuvieron que someter a la nena por la negativa del Ministerio de Salud provincial de acatar el pedido de interrumpir el embarazo cuando aún no tenía riesgo de vida. “Una nena de esa edad tiene peligro de muerte porque no tiene el cuerpo desarrollado para continuar el embarazo”, puntualizó la médica en diálogo con Radio Nacional Tucumán. 

Para Ousset fue impactante ver a la niña tan pequeña. “No alcanzaba los 50 kilos”, aseveró, en contraste con lo que había dicho el secretario de Siprosa, Gustavo Vigliocco, la semana pasada, cuando aseguró que ella quería llevar adelante el embarazo producto de una violación. 

“La nena jugaba con muñequitas. Cuando la vi, se me aflojaron las piernas, era como ver a mi hija menor. La chiquita no entendía del todo lo que iba a pasar”, explicó la médica, que fue convocada a realizar la intervención junto con su marido en el Hospital del Este. Para poder sacarle la ropa interior, dijo, tuvieron que dormirla, porque se resistía a hacerlo frente a otras personas, como suele suceder con los niños que sufrieron abuso.

Una vez dentro del quirófano, contó Ousset, menos ella y su marido, los demás profesionales de la salud allí presentes se declararon objetores de conciencia y se negaron a practicar la cesárea. Ousset calificó como “una tortura” el padecimiento que obligaron a pasar a la niña.

Para la médica, el gobernador tucumano, Juan Manzur, “por una cuestión electoral impidió que se realizara la interrupción legal del embarazo y se obligó a la nena a dar a luz”. 

Ousset confirmó que la operación fue exitosa y que la niña estaba luego “en buen estado general”. “A las 26 semanas el recién nacido tiene un 50 por ciento de probabilidad de vida”, destacó por otro lado en relación al feto, al explicar que “la interrupción se hizo a las 23 semanas”.

El año pasado, la médica Ousset participó activamente del debate público en torno a la legalización del aborto y apoyó el proyecto. En junio, una semana antes de la votación en la Cámara de Diputados, escribió un posteo en Facebook que se volvió viral. “Por dieciocho años en la práctica ginecológica, por mujer, por católica, por trabajar permanentemente mi interior para lograr la coherencia y abandonar en la mayor medida posible la hipocresía, digo: QUIERO ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO para todas las mujeres que se encuentren en una situación desesperante e íntima”, había advertido, tras contar distintos casos que había conocido en la práctica cotidiana. “Me repugna un país donde después de un aborto las ricas se confiesen y las pobres se mueran, donde las ricas sigan estudiando y las pobres queden con una bolsa de colostomía, donde las ricas hayan tapado la vergüenza de su embarazo en una clínica y las pobres queden expuestas en un prontuario policial”.

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