Gabriela Olguín llamó a la unidad "para enfrentar al enemigo común"
"Con represión nadie cosecha nada"
Olguín, en entrevista exclusiva con Página/12, describió el conflicto en la feria de artesanos, un llamado a no pelear entre trabajadores y a unir filas contra la represión.
Gabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEPGabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEPGabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEPGabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEPGabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEP
Gabriela Olguín, de El Adoquín, integrada a la CTEP 
Imagen: Guadalupe Lombardo

"Nosotros queremos que los artesanos tengan su propio convenio, su propio mecanismo legal que garantice su derecho a trabajar, para que nadie pueda desalojarlos y para terminar con la represión". En diálogo con Página/12, Gabriela Olguín, de la cooperativa El Adoquín, nucleada en la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), aseguró que la represión ocurrida el domingo en San Telmo, contra los artesanos de la calle Defensa, fue el resultado "de una operación orquestada en la que todos quedamos entrampados en la estrategia divisionista del gobierno" que llevó "a una represión feroz de la que nadie cosecha nada ni de la que nadie puede sacar un rédito". Explicó que el convenio que El Adoquín firmó con el gobierno "nunca intentó perjudicar a los artesanos", en respuesta a las críticas que recibió respecto de ese acuerdo. Olguín llamó "a la unidad entre nosotros para enfrentar al enemigo común que tenemos, que es el poder fáctico que tiene intereses sobre las cuadras en las que nosotros estamos trabajando".

Olguín sostuvo que los 220 trabajadores de la cooperativa están dispuestos a trabajar, legalmente, sobre la calle Chile, "aunque en ese lugar no están garantizadas nuestras ventas como cuando estamos en la calle Defensa, pero preferimos quedarnos allí porque no queremos enfrentamientos entre trabajadores y queremos que los artesanos, en Defensa al 700, tengan su propio convenio, como lo tenemos nosotros, aunque todavía no hemos podido festejar porque nos están prohibiendo a todos el derecho a trabajar".

Olguín recordó que la calle Defensa "fue incorporada a la ley 4121, de 2011, que regula las ferias de manualistas, en las que pueden estar incorporados los artesanos, aunque ellos tienen otra regulación, como ocurre en Plaza Francia, por ejemplo". Comentó que "entre nosotros nos decimos artesanos, pero yo sería manualista porque soy bordadora". Explicó que la mayoría de los 220 trabajadores agrupados en El Adoquín "somos manualistas, aunque nos parece una denominación anticuada, porque las nuevas ferias se modernizaron, sobre todo las que tienen un público joven".

La cooperativa comenzó a organizarse "como todos los trabajadores buscando un espacio para trabajar, en forma espontánea, porque somos el producto típico de la economía popular porque los de mi generación casi ninguno tuvimos un trabajo formal y tuvimos que salir a ganarnos la vida porque el sistema nos dejó afuera del mercado laboral". Señaló que hacía la aclaración porque "afirman que el de artesano es un oficio calificado, mientras que nosotros somos manualistas, revendedores o microemprendedores, a veces en forma despectiva, cuando estamos orgullosos de ser eso".

Dijo que todos, artesanos y manualistas, están unidos porque "disputamos el espacio público y aunque es cierto que hay productores y comercializadores, a la hora de la represión, el Estado liberal nos trata a todos de la misma manera, como ocurrió el domingo, porque todos ocupamos un espacio que el Estado liberal lo quiere todo para él".

Olguín sostuvo que las diferencias se producen en las grandes ciudades porque "debajo de la autopista está la señora que vende Avón, con la que vende un par de medias o unos pañuelitos, y también están el manualista o la señora que teje, el artesano o el que hace collares para perros". Estimó que "las cosas han cambiado mucho y nosotros respetamos a los artesanos, como espacio cultural, lo que queremos es un espacio para trabajar sin perjudicar a nadie". La ley 4121 "incorporó a la traza de Defensa que se hace peatonal los domingos, desde Plaza de Mayo hasta la calle Chile, y nosotros quedamos afuera entre gallos y medianoche", cuando "todos habíamos peleado juntos por tener un lugar donde trabajar".

Ellos se incorporaron a la CTEP, creada en mayo de 2011, mientras que otros optaron por seguir otros caminos, pero "de todos modos siempre creímos que todos somos trabajadores que vamos para el mismo lado, aunque por distintos caminos". Desde 2011 abrieron varias instancias de diálogo con el gobierno porteño, pero la iniciativas fracasaron. El cambio llegó a partir de una sentencia del Juzgado 10 de la Ciudad "en la que fuimos sobreseídos en una causa en la que estábamos acusados de ocupación indebida del espacio público". Lo importante del fallo fue que reconoció que "no se trataba de un conflicto en el plano penal sino que debía ser tratado en el plano laboral e instó al Estado a solucionarlo en ese marco".

Con ese aval iniciaron un largo diálogo de un año y siete meses con las autoridades de Espacios Públicos del gobierno porteño "para legalizar nuestra actividad en las cuadras que estábamos ocupando". Las conversaciones avanzaron hasta que un grupo de empresarios asistió al programa del periodista Jorge Lanata a cuestionar el acuerdo y el gobierno volvió todo atrás. Ante esa situación, basándose en el fallo que los consideraba "trabajadores", abrieron una "negociación colectiva de trabajo, aunque no tenemos un patrón, con el apoyo de distintos actores políticos y sociales". En reuniones tripartitas con Espacios Públicos y Trabajo, se logra "un convenio ejemplar, pero todavía no podemos festejar".

Olguín consideró que el problema se debe a que si bien "nos reconocieron a los 220 integrantes de la cooperativa como trabajadores, nos dieron una respuesta tramposa que nos llevó a una controversia entre trabajadores y trabajadores", porque los obligan a compartir el mismo espacio. Aunque ella cree que se podría haber llegado a un acuerdo con los artesanos "las cosas se complicaron porque el tema se politizó en un año electoral y el gobierno lo aprovechó para generar un conflicto entre sectores que, con sus diferencias organizativas, lo único que queremos es trabajar".

Ante la situación, luego de la controversia, resolvieron instalarse sobre la calle Chile "para dejar que los artesanos mantuvieran su lucha, manteniendo un diálogo que se hizo tenso". La situación se mantiene desde hace dos meses, sin solución, hasta que se llegó al domingo, "cuando todos nos vimos entrampados en la estrategia divisionista del gobierno" que llevó "a una represión feroz de la que nadie cosecha nada ni de la que nadie puede sacar un rédito". Fue una represión "que nunca se vio en San Telmo, en la que detuvieron a 18 compañeros, a turistas, gasearon a vecinos, niños, con un nivel de salvajismo registrado en las redes sociales".

Lamentó que haya habido "enfrentamientos entre trabajadores" e hizo un llamado "a la unidad, para trabajar juntos contra el enemigo común que tenemos y que es el poder fáctico que tiene intereses sobre las cuadras en las que nosotros estamos trabajando, porque se quieren quedar con esa pequenísima renta con la que nosotros nos quedamos y no les importa que seas, artesano, manualista o vendedor".

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