Una casa que es un tesoro literario

Durante décadas y décadas, muchos han sido los entusiastas que han especulado acerca de cuál pudo ser el lugar que inspiró a una de las fincas de campo inglés más famosas de la literatura gótica: la archicélebre Cumbres Borrascosas, hogar del huraño Heathcliff, uno de los escenarios principales de la inoxidable novela homónima que publicó Emily Brönte allá a lo lejos en el tiempo, año 1847. Por las descripciones de la autora, además de una seguidilla de coloridas coincidencias, la especulación encontró su sitio en Ponden Hall, casa de West Yorkshire, Inglaterra. Una finca sobra cuya puerta principal (pista 1) aún se yergue cierta placa conmemorativa con la fecha 1801, que celebraba una renovación de la propiedad; misma fecha, dicho sea de paso, en la que comienza la historia de Cumbres borrascosas. No es el único detallito que alimenta la presunción de que aquella casa podría haber servido de inspiración a Emily Brönte: se sabe que tras pedirles asilo durante una tormenta especialmente rancia de 1824, tanto ella como sus hermanas Charlotte y Anne hicieron buenísimas migas con los pudientes dueños de Ponden Hall, los Heatons. Tanto así que esta familia ricachona dejaba que las hermanas visitasen su lustrosa biblioteca y tomasen prestados sus libros: desde novelas góticas y títulos de necromancia y magia negra hasta, ojo, un Primer Folio de Shakespeare. Pues, cinco siglos después de haber sido construida, la histórica propiedad –irremediablemente ligada a uno de los grandes títulos de la literatura– está a la venta, y muchos son los fans a lo largo y ancho que se golpean el marote intentando descifrar cómo diantres reúnen el 1,25 millón de libras que piden los actuales propietarios –Julie Akhurst y Steve Brown– por desprenderse de su hogar. Hogar que han regenteado como exitosísimo y muy recomendado hostal, dicho sea de paso, destino favorito de peregrinos literarios con sus dos hectáreas al borde de un páramo, vestíbulo, nueve dormitorios, baño, salón-comedor, cocina, lavadero, cámara frigorífica. ¿La habitación más requerida por turistas? El cuarto Earnshaw, que coincide a la perfección con la descripción que Brontë hizo del cuarto al que la Cathy fantasma intentaba entrar, rasguñando los cristales de la ventana con ahínco. “Es un lugar mágico en una locación increíble”, dicen los prontos a jubilarse Akhurst y Brown, fanáticos de Brönte ellos mismos, y esperan que los próximos dueños cuiden del legado con símil cariño y dedicación.  

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