Quejas de cineastas por la política del Incaa
Otro capítulo de la crisis
Los directores de documentales que se producen mediante la vía digital denuncian que cada vez tienen menos espacios de exhibición.
En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad.En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad.En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad.En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad.En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad.
En el Gaumont, la llamada “quinta vía documental” vio reducida sus funciones a la mitad. 

La crisis que atraviesa el sector cinematográfico argentino sumó un nuevo capítulo. Ahora, las entidades que agrupan a los directores denuncian un desdén de parte del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) por los documentales que se producen mediante la vía digital, a los cuales quita pantalla en el Gaumont, sin tampoco ofrecer otros espacios de exhibición. En concreto, en otros momentos se les otorgaba, como mínimo, dos funciones diarias a lo largo de dos semanas. Este plazo quedó recortado a una semana y un único horario. “Es una decisión discriminatoria, que muestra a las claras cuál es la política del Instituto”, expresa Virna Molina, referente de Realizadores Integrales de Cine Documental (RdI). “Estas son las películas que menos cuestan al cine argentino y las más jugadas en términos experimentales y estructuras de producción, las que se animan a tratar temas molestos para muchos sectores de la sociedad”, define.

La vía digital para la producción de documentales –también llamada “quinta vía documental”– ha sido un logro del sector. Creada en 2007, tiene dos particularidades: es la única a la que pueden postularse realizadores sin antecedentes y los jurados que aprueban los proyectos son elegidos por asociaciones de cineastas. Abarca la mitad de la producción audiovisual nacional y no llega a implicar el 5 por ciento del presupuesto del Incaa. Desde que se inauguró, a los estrenos se les otorgaba en el Gaumont dos semanas y dos funciones diarias. El plazo quedó recortado a una semana y un solo horario. “Buscan cerrarnos las puertas. Las autoridades consideran que los documentales son para cable o Internet”, explica a Página/12 Ariel Borenstein, director de Entre gatos universalmente pardos, recientemente estrenada con horarios en los que sus hacedores ven un “boicot”. “No nos consideran cine. Promueven uno de tipo más pasatista y comercial. Al ajuste económico se suma esta censura. Es obvio que lo nuestro es cine: así lo entienden los críticos y medios; y así lo entiende la gente, que quiere ver estas películas en una sala, en el marco de una experiencia colectiva”, destaca el realizador.

La exhibición en salas para la vía digital no está regulada por ninguna norma ni presente en las vigentes. Es decir, no es exigencia para el Incaa, y éste es un punto sensible. “En esto se amparan para que los documentales vayan a la televisión”, dice Molina. En efecto, a un año de la presentación de la copia de un material de este tipo ante el Instituto, el organismo dispone de ella para emitirla por la plataforma o el canal Cine.Ar, ambos oficiales. Así lo establece la resolución 1477, que es la que regula el fomento de la quinta vía.

Debido a que los documentalistas deben hacer “malabares” para poder estrenar y tener cierta permanencia en el Gaumont, realizaron una movilización a la sala de Congreso el jueves de la semana pasada. En ese entonces, a Entre gatos… le habían otorgado una semana de cartel –ahora se le sumó otra– y otro material, titulado Kollontai, apuntes de resistencia, directamente quedaba excluido de la programación. Participaron de la concentración en medio del diluvio distintas asociaciones, como Directores Independientes de Cine (DIC), Documentalistas Argentinos (DOCA, que fue la que la promovió), RdI y la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de Argentina (ADN). “Este es un problema político”, analiza Borenstein. “Hay una plata que el Incaa subejecuta, y que serviría para que no nos amontonemos todos en el Gaumont. Para que haya más espacios de ese tipo”, sugiere.

Todas estas decisiones e intenciones no son comunicadas a los realizadores por las autoridades. Son los empleados de la sala los que terminan haciéndolo. En diálogo con este medio, el gerente general del Incaa, Juan García Aramburu, dijo “no estar en el detalle” de la programación del Gaumont. “El documental digital es una vía de subsidio que no exige al productor el estreno en una pantalla. Cuando producís una película nacional, para terminar de cobrar el subsidio tenés que acreditar su estreno en salas. En el caso del documental digital no”, comparó. Y aseguró, entonces, que la “naturaleza” del documental producido por quinta vía es ser distribuido mediante otras plataformas. Sus palabras confirman lo que los manifestantes saben por otras fuentes. Ocurre que lo que ellos consideran un ninguneo, para la gestión es “natural”.  “Técnicamente, esos productos no están destinados a la pantalla. No están considerados ‘película nacional’. Nacieron para tener difusión en otro circuito”, detalló Aramburu, quien negó la subejecución presupuestaria denunciada. “El tratamiento del producto es diferente y por eso tiene un objetivo diferente. No considero pertinente el reclamo. Lo veo con sorpresa”, concluyó, y dijo estar dispuesto a reunirse con las agrupaciones.

A largo plazo, el reclamo del sector es por la apertura de más salas que garanticen el encuentro entre estos films y su público. Un dato que grafica la situación es que en el último trimestre del año pasado se agolparon en el Gaumont 67 estrenos nacionales. “La movilización del jueves es el primer paso de una lucha bastante larga que vamos a encarar. En la Argentina es muy difícil estrenar cine documental. Muy pocas distribuidoras quieren exhibirlo, en general lo hacen directores y productores. En el caso de las vías digitales, todo se hace a pulmón”, dice Molina. 

“No vamos a aceptar esta decisión discriminatoria. Vamos a iniciar un plan de lucha sistemático para recuperar el Gaumont y generar nuevos espacios de exhibición. La crisis del cine argentino fue creada por el Instituto; no se provocó por situaciones externas. El año pasado gastaron 150 millones en el mes del Cine Nacional. El Gaumont le costó a la gestión anterior 72 millones de pesos al cambio de hoy. Es decir que con la plata que se gastó el año pasado en promocionar no más de diez películas, se podrían haber construido dos Gaumonts. Es un muy mal negocio para el pueblo argentino”, argumenta la cineasta. En medio de la tensión, lo que está por comenzar es una campaña por más cines estatales y a precios populares.

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