El azul, un año más, colmó las calles de la Ciudad de Buenos Aires y del mundo para conmemorar el Día Mundial y Nacional de Concienciación sobre el Autismo. “Hay veces que el azul es brillante y calmo como el mar en un día de verano, y otras veces, ese azul oscurece y se disipa como un mar de tempestad. Un poco es lo que le sucede a las personas y familias que se encuentran recorriendo este camino con tantos desafíos”, explicaron los familiares de chicos autistas autoconvocados en el grupo TGD Padres TEA sobre el color que pintó edificios históricos y monumentos en distintos rincones del mundo. Este 2 de abril, frente a la Plaza del Congreso, se realizó un acto y una movilización para concientizar sobre el Trastorno de Espectro Autista (TEA) y luchar por una mejor calidad de vida en una sociedad más informada y menos discriminadora. 

La multitud vestida de azul comenzó a llegar pasadas las 15.30. Mientras los padres se asesoraban sobre las múltiples caras del autismo, los chicos –y no tan chicos– aprovechaban el sol de la tarde para pintar, dibujar, saltar en la cama elástica o posar para la foto sentados en un skate mientras una tela azul los envolvía como una ola. 

“Queremos crear conciencia sobre la realidad que vivimos. Es una condición físicamente invisible y muchas veces nuestros hijos son juzgados por personas que no entienden por lo que están pasando”, explicó Claudia, de TGD Padres TEA. “Queremos que la sociedad entienda que las personas con autismo tienen los mismos derechos a la escolaridad, la vida social y laboral”, agregó. 

El encuentro fue organizado por TGD Padres TEA y contó con la participación de otros organismos como la Asociación Argentina de Padres de Autistas, el centro cultural terapéutico Otzma y la Fundación Brincar. “Es importante que la sociedad aprenda a reconocer las diferencias y encuentre la belleza en esas diferencias. Que pierda el miedo, porque informarse es la primera manera de ayudar a las personas con autismo que tienen tanto para aportar”, dijo a   PáginaI12 Soledad Zangroniz, mamá fundadora y vicepresidenta de Fundación Brincar, que trabaja para mejorar la calidad de vida de personas con autismo. 

Mientras finalizaban los últimos talleres y juegos recreativos, desde el escenario empezaba la cuenta regresiva que dio inicio al acto central. Con los brazos y globos azules en el aire, muchos cantaban y bailaban al ritmo de la música, mientras otros se tapaban los oídos o salían corriendo.

Luego de un video institucional, en el que varios miembros de TGD Padres TEA resaltaron la necesidad de una “educación inclusiva, profesionales capacitados y una sociedad que no le tenga miedo al autismo”, se dio inicio a la ronda de chistes, festejados a carcajadas por la multitud.

“Vinimos acá sobre todo para pedir que se garanticen todas las terapias que corresponden, porque son muy pocas las que cubre la obra social”, dijo Gabriela, que fue a la marcha con su hijo Ciro, de 7 años. 

Emilio, papá de un chico autista de 13 años, había llegado esa misma mañana desde Río Gallegos por un estudio médico que allá no pueden realizar por falta de aparatología. “Queremos que la gente se pueda informar para saber con qué está lidiando, para que dejen de mirarlos raro o de tratarlos como malcriados por su forma de comportarse”, explicó Emilio.

A un costado del escenario, agarrado de la mano de sus papás, estaba Lucas, un nene de 9 años con autismo e hipoacusia. “Es la primera vez que participamos de la marcha. Queremos que se sepa que esto no es una enfermedad, sino que es una condición de vida diferente”, dijo Soledad, su mamá, quien contó que acumula varias lágrimas y noches de angustia pero que con las terapias adecuadas están logrando grandes avances. 

El acto, que cerró con una marcha alrededor de la plaza, contó con la presencia de varias bandas musicales. Entre ellas, la de Iván, un joven autista de 19 años que hace 5 años y medio formó una banda. “Hoy son testigos de que el autismo no suspende el verdadero desarrollo de las personas. Es en las fortalezas donde nos tenemos que apoyar”, alentó desde el escenario Ricardo, el papá de Iván.