¿Hasta dónde puede llegar la avanzada neoconservadora? Entrevista a Daniel Borrillo, Doctor en Derecho, profesor e investigador de la Universidad de París.
Al fondo, a la derecha
Acaban de entrar en vigencia en Brunéi, pequeño estado de mayoría musulmana situado en el sudeste asiático, las leyes que castigan las relaciones homosexuales con la pena de muerte por lapidación. La avanzada neoconservadora no es un fenómeno privativo de culturas islámicas. SOY analiza desde el punto de vista del Derecho hasta qué punto los derechos adquiridos en las zonas más progresistas del mundo corren el riesgo de desdibujarse.
Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti.Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti.Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti.Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti.Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti.
Daniel Borrillo, especialista en Derecho, Bioética y Derecho lgbti. 
Imagen: Sebastián Freire

Daniel Borrillo es profesor de derecho privado en la Universidad de París Oeste Nanterre La Défense y miembro del Centro de Investigación y estudios de los derechos fundamentales. La biografía de Borrillo se liga tempranamente a su producción y militancia: forjó una obra que pudiera pensar estrategias contra los prejuicios sociales. Proveniente de sectores populares, se recibió de abogado en los años ochenta, resistiendo desde la facultad de derecho de la UBA en los años de la dictadura militar. Algunos años antes se había enamorado de un compañero de colegio.

“Fue una historia de amor truncada en esa época. Lo más desesperante era la ausencia de referencia. Que el hecho de enamorarse aparezca como maravilloso por un lado y terrible por el otro. Yo vengo de una familia católica. Y él también. Fernando se llama. En ese momento las cosas no se podían vivir de la misma manera. No había acceso a nada, no había lugares de encuentro, no había revistas no había novelas, no había cine”. En febrero de 1988, mientras hace su tesis en Estrasburgo, Pablo, su mejor amigo, muere por complicaciones por el VIH: “Para mí fue un shock. No me pude despedir de él ni ir a su entierro y fue muy traumático no poder verlo por última vez. Pablo pertenecía a una familia burguesa homófoba que siempre lo negó, que ocultó todo, que quiso incluso fraguar el certificado de defunción para que no apareciera la causa de su muerte. Es entonces cuando decido abrir un espacio académico en la universidad de Estrasburgo para reflexionar sobre el sida. Eso me conectó con discípulos de Foucault y con el compañero de Foucault, Daniel Defert, que acaba de crear la asociación AIDES de investigación y lucha con el Sida”. 

Desde entonces sus investigaciones se centran en la homofobia, el sexismo, el antisemitismo, el racismo y otras formas de marginación social y cultural lo cual lo constituye en referente ineludible de esos temas. Años más tardes junto a Didier Eribon fue además uno de los promotores de las luchas que culminaron en la sanción del matrimonio igualitario en Francia.

¿Es un disparate desde el punto del Derecho pensar que los logros adquiridos en cuestión de derechos humanos pudieran retroceder? 

–No. La historia no es lineal y siempre se puede volver atrás. La bisexualidad era normal en la Antigüedad greco-romana y se convirtió en un crimen abominable durante la Edad media (la sodomía). Berlín era la ciudad más gay friendly y cosmopolita del mundo hasta la llegada de los nazis que han deportado y matado millares de homosexuales hombres y mujeres. En los últimos años se ha penalizado la homosexualidad en varios países africanos y en América Latina los evangélicos consideran la homosexualidad como una perversión que hay que erradicar de la sociedad. 

¿Y eso se traduce en reforma de leyes?

–En las Bermudas, un año después de haberse adoptado el matrimonio igualitario por la Corte Suprema, el gobernador ha firmado una ley prohibiéndolo. A penas asumió el poder Bolsonaro suprimió la Secretaria de la Diversidad y la Inclusión, dejando sin crédito a las políticas LGBTI y de género. Estamos viviendo momentos inquietantes. Un clima que hace pensar a los años 30… El comisario para las cuestiones LGBT de Naciones Unidas, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, el Parlamento Europeo y las ONG (Amnesty, ILGA…) no cesan de alertarnos acerca de la homofobia creciente…. La intolerancia se expande en Europa y no es un fenómeno nuevo. A inicios de los 70, la extrema derecha se convierte en el segundo partido de Dinamarca y en los 80 llega el Frente Nacional de Le Pen al parlamento francés. El caso de Austria es paradigmático: el Partido de la Libertad de Jörg Haider pasa del liberalismo económico al nacionalismo identitario. Luego asistimos con estupor al Brexit, la victoria de Trump y la llegada al poder de Salvini y Bolsonaro. Jean Wyllys, el primer diputado abiertamente gay de Brasil, renunció a su mandato y tuvo que dejar el país por las amenazas y violencias de la que es víctima. El sexismo y su corolario, la homofobia, no son más que la reactualización de las formas más arcaicas de la dominación. El nacionalismo convirtió a Europa en el principal cementerio del siglo XX, el ultraconservadurismo puede hacer lo mismo en el siglo XXI…

¿Qué lugar ocupa el nacionalismo en la avanzada reaccionaria?

Todos estos movimientos conservadores consideran que las cuestiones de género y orientación sexual son contrarias al nacionalismo. Viktor Orban en Hungría, por ejemplo, inventó el concepto de “democracia iliberal” en la que el feminismo y el movimiento LGBTIQ aparecen como los principales enemigos de los valores cristianos de la nación húngara. Se han cerrado universidades y censurado programas de estudios sobre género. En Polonia, el ejecutivo conservador intenta controlar la Corte Suprema para garantizar la restricción del aborto. El ministro de la familia italiano, Lorenzo Fontana, que idolatra a Putin, ha declarado que el matrimonio igualitario y la inmigración destruyen al Pueblo italiano. Es evidente que ha comenzado un proceso de regresión primero en el discurso y luego vendrán los hechos (supresión de subvenciones para las asociaciones LGBTIQ, abrogación de las leyes contra la homofobia, supresión de programas escolares, obligación de la condición de diferencia de sexos para el matrimonio….). En Verona se prohibió un congreso universitario sobre el asilo para gays y lesbianas. Putin es el modelo (así como su marioneta musulmana, el presidente checheno Ramzan Kadyrov) y aunque sea difícil adoptar en Europa occidental leyes contra la “propaganda homosexual” como ha hecho el dictador ruso, se trata de crear un clima de hostilidad, no solo contra el colectivo LGBTQI sino contra las mujeres, los inmigrantes, los judíos. La homofobia va acompañada siempre de xenofobia, sexismo y antisemitismo… 

¿Y estas políticas tienen su eco en las calles?

–En los países gobernados por la extrema derecha se constata un aumento de la violencia contra las personas LGBTI resultado directo de la incitación al odio proveniente del Estado. Desde la toma de poder de Bolsonaro no han cesado de aumentar los insultos, las agresiones, las intimidaciones y la persecución. Recordemos que en el día de su nominación, la ministra de la familia del Brasil, Damares Alves, pastora evangélica, ferviente opositora al matrimonio igualitario y a la IVE exclamó: “atención, atención, una nueva era se abre en Brasil: los nenes se visten de celeste y las nenas de rosa”. Bajo la presión de los evangélicos, en Brasil se han eliminado de los manuales escolares todas las referencias a la diversidad sexual y el pastor Marcelo Crivella, intendente homófobo de Río de Janeiro, ha suprimido las subvenciones para las asociaciones LGBTIQ, sin embargo las manifestaciones del orgullo gay siguen siendo numerosas. Como decía Foucault: donde hay poder hay resistencia al poder. Por eso, no quiero dar la impresión que todo está perdido…. Pienso también en ONGs como Helem, en el Líbano; Shams, en Túnez o Iraqueer, en Irak, donde los militantes corren peligro de vida pero siguen luchando.

¿Les conviene a los gobiernos neoconservadores dar pasos atrás?

–La cuestión es más compleja de lo que parece. El neofascismo en Europa cambió de estrategia y ahora instrumentaliza la cuestión LGBTIQ a su favor. En Francia, por ejemplo, Marine Le Pen ha utilizado un argumento gay friendly y el apoyo al feminismo contra la “cultura musulmana” a la que presenta como esencialmente homófoba y machista… Trump, menos sutil que Le Pen, ha nombrado como jefe de gabinete interino a Mick Mulvaney, personaje abiertamente homófobo que participó de muchas propuestas legislativas anti-lgbt en los últimos diez años. Trump ha prohibido a las personas transgénero integrar el ejército y la batalla judicial al día de hoy ha confirmado dicha decisión. Los jueces de la Corte de Columbia se hacen de ese modo cómplices de la política anti-trans del presidente estadounidense. Al mismo tiempo se considera la cuestión LGBTI contraria a los valores morales pero cuando se trata de atacar a la minoría musulmana se instrumentaliza aquella en contra de ésta. 

¿Qué relación o puntos en común podés encontrar en cuanto a estrategias de los gobiernos neoconservadores con respecto a inmigrantes, a clase social (pobres) y a género e identidades sexuales?

–Asistimos a una verdadera revolución conservadora, a una alianza de la extrema derecha con la religión. Fíjate el papel fundamental que ha jugado la iglesia ortodoxa rusa para despenalizar la violencia doméstica en Rusia. Del otro lado del mundo, el sandinista Daniel Ortega, le prometió a los evangélicos y a la iglesia católica mantener la prohibición total del aborto en Nicaragua. En la Turquía islamista de Erdogan, los derechos de las mujeres y las minorías sexuales son violados permanentemente. La religión cualquiera fuere es instrumentalizada por los extremistas que la ponen al servicio del odio. El Vaticano ha orquestado una verdadera contrarrevolución sexual contra todos los avances sociales y lingüísticos de las mujeres y las personas LGBTIQ. Los estudios de género han sido calificados como doctrina diabolicum… En Europa y Estados Unidos la cuestión es más bien identitaria que económica. La extrema derecha alimenta el miedo a la “invasión musulmana”. La cuestión del peligro de la pérdida de la identidad cristiana de Occidente aparece como más grave, en los discursos de la extrema derecha, que el desempleo y la pobreza. Es, sin embargo, paradójico que las asociaciones musulmanas francesas no dudaron en asociarse a los cristianos e incluso a la extrema derecha para luchar contra el matrimonio igualitario y la homoparentalidad (¡para las autoridades musulmanas el enemigo es el homosexual!)

¿Qué papel juegan las izquierdas en este contexto?

–Sería deshonesto no advertir que una parte de la izquierda ha responsabilizado a las políticas profeministas y prolgbt de la victoria de la extrema derecha, diciendo que como la izquierda en el poder se ocupó más de los gay que de los obreros es obvio que estos últimos ahora votan por la extrema derecha y no por el Partido Comunista. Oponer la cuestión social a las cuestiones de género y sexualidad me parece extremadamente peligroso. Las dos están imbricadas y son complementarias. También la izquierda es responsable al poner en la misma bolsa (de basura) al neoliberalismo y al liberalismo, cuando en realidad la filosofía liberal fue la que permitió al individuo emanciparse del poder absoluto del monarca y proclamar la libertad soberana del individuo. Se ha pasado muy rápido de la crítica al liberalismo económico (que me parece legítima) al rechazo del liberalismo moral olvidando que fue este último la conditio sine qua non, de la privacy, que permitió la emergencia de derechos para la mujer, primero, y para las minorías sexuales luego.

¿Por qué obtiene votos la extrema derecha? ¿Quién los vota?

–Yo no puedo conformarme cuando veo que el electorado pobre que más ha sufrido del neoliberalismo vote por candidatos de extrema derecha que proponen suprimir subvenciones, cerrar hospitales y escuelas públicas. Vemos resurgir nuevamente la vieja alianza del liberalismo económico más salvaje con el conservadurismo moral más reaccionario, algo que conocemos muy bien en América Latina, basta pensar en las dictaduras de los años 1970 y 1980… Milton Friedman convivió muy bien con el Opus Dei… Otra explicación es el resentimiento, la frustración, el machismo y quizás también la miseria sexual explican el voto en favor de la extrema derecha pero esos elementos psicológicos no deben hacernos olvidar que el neofascismo es una ideología política que ha mostrado su nocividad. Parece que no aprendemos nada de la historia, aunque toma ribetes nuevos el fondo es siempre el mismo.

¿Cómo consiguen conquistas justamente a los sectores más marginados de la población, víctimas tanto de la exclusión social de las políticas neoliberales, así como parte de las llamadas diversidades sexuales?

–Los ultraconservadores actuales, contrariamente a los militares, han sabido manipular la situación política para ganarse el voto popular. Por un lado instrumentalizaron el odio, orientándolo hacia las élites (Washington, para Trump, los tecnócratas de la Unión Europea para el Brexit o para Salvini) y por otro, han substituido la lucha de clases por la guerra cultural en la que los valores morales priman…. El puritanismo ha ocupado el lugar del humanismo. La decadencia está asociada a la feminización de la sociedad por eso el neofascismo considera al feminismo y el movimiento LGBTIQ como sus principales enemigos.  Hoy día los dictadores llegan al poder por el voto popular. Pero ¿podemos considerar democráticos los gobiernos de Hungría, Polonia, Italia, EEUU, Brasil, Egipto…. que cotidianamente violan los Derechos Humanos?  Yo creo que la gente que vota a la extrema derecha no son víctimas que hay que disculpar sino responsables a los que habrá que pedirles que comiencen a rendir cuentas del retroceso de derechos fundamentales de las minorías antes de que sea demasiado tarde.

Sebastián Freire
Las leyes homofóbicas aprobadas en Brunei que habilitan la pena de muerte generaron repudio en todo el mundo.

LOS SUJETOS DE LA RESISTENCIA

Si no son las izquierdas, si no son los sectores o las clases sociales más vulnerables, ¿quiénes te parecen hoy los sujetos o actores políticos de la resistencia?

–La resistencia a los nuevos autoritarismos pasa por la gente, por formas de democracia participativa en la que la que no se espere un hombre o una mujer providencial sino que cada uno se sienta actor de la política. Entonces la resistencia a la “democracia iliberal” de Orban o a los denominados “autoritarismos competitivos” como China, Rusia o Turquía, sea justamente volver a la raíz de la democracia, a la soberanía popular de todos y no solo de una parte: la resistencia en esos países pasa por la afirmación de un principio que a menudo olvidamos: nada es superior a la libertad individual, a la singularidad del sujeto político.

En este sentido, ¿qué opinás del papel que están jugando hoy los feminismos?

–Justamente, el feminismo hace a la democracia realmente universal. Fijate que la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano de 1789 se pretendía universal pero la mitad de la humanidad no participaba, lo mismo sucedía con los esclavos o los habitantes de las colonias. Las nuevas formas de fascismo emergentes tienen en común una política antigénero, son profundamente reaccionarios pues pretender volver a formas arcaicas de dominación y la dominación de género es la más primitiva. 

Sigamos con otros posibles actores de resistencia, ¿qué ejemplos en el mundo hay de organizaciones queer que han logrado a partir de sus luchas las despenalizaciones de la homosexualidad o del aborto?

–Pienso en el Festival de Cine Queer de Mawjoudin en Tunés, Mawjoudin significa existimos, me parece una de las manifestaciones más valientes en un mundo homófobo como es el mundo árabe. Pienso también en el referéndum histórico en Irlanda donde casi 65% de la población de uno de los países más católicos del mundo dijo si al aborto legal y por supuesto a los pañuelos verdes de Argentina. 

Para Foucault, las prácticas BDSM eran prácticas liberadoras. ¿Qué opinás al respecto? 

–Tuve la suerte de militar con Daniel Defert, el compañero de Foucault durante varios años y me contó cómo veía él esas prácticas... Lo que le interesaba a Foucault no era el morbo pues lo mismo le daba ir a un templo budista en Kyoto que a un dark room en San Francisco. Lo que le interesaba eran las experiencias límites, poder observar del mismo modo un monje que un adicto al sadomasoquismo sin juzgar con las categorías morales tradicionales, en ese sentido Foucault era profundamente nietzscheano, estaba más allá del bien y del mal en el sentido literal del término. Foucault en el fondo ha intentado desacralizar la sexualidad, ponerla en el lugar que corresponde es decir en el que no hay una verdad del sexo por eso nunca creyó en la liberación sexual ya que no pensaba con las categorías del marxismo o del psicoanálisis que son en el fondo categorías morales sino a partir de la noción de subjetivación es decir cómo nos construimos como protagonistas de nuestras propias vidas: lo que aprendí de Foucault es que el punto de apoyo de la resistencia es el de convertirse en sujeto de su propia existencia, ser el escultor de su propia vida (como una obra de arte), construir su propio estilo de vida, una ética y estética propias sin consumir los tantos estilos impuestos por la sociedad de consumo y los libros de autoayuda que son algunas de las formas que toma el capitalismo para asimilar la subversión, mercantilizarla y hacerla entrar dentro de su órbita.

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