“tragaperras”, lo último de mosquito sancineto
Vida de perrxs
Por qué Aurora y Roque, en vez de mortificarse mutuamente, no se separan es la pregunta que atraviesa “Tragaperras”, el último e imperdible trabajo de Mosquito Sancineto.

Lleva más de 30 años trabajando con la Compañía de Teatro de Improvisación. Hizo “Copi”, en el Teatro Cervantes, “Discépolo”, con Pompeyo Audivert, en el San Martín, y “Las destructoras: Una historia de bailanta”, entre otras obras. Hace poco se lo vio en la serie “El Marginal 2”, mientras graba la tercera temporada, pero se lo sigue relacionando con el under; quizás porque Fabio Mosquito Sancineto elaboró mucho teatro queer en Ave Porco, y en lugares under, siguiendo la tradición de Alejandro Urdapilleta, Batato Barea, Humberto Tortonese, y las “Gambas al ajillo, entre otrxs.

Con un escenario íntimo, en una de las principales salas del Teatro de la Cooperación, Sancineto irrumpe con tres personajes que interpreta en un unipersonal onírico. Es la historia de Aurora, una travesti que, entre líneas, reivindica su condición de travesti, así tal cual es, sin sacarse ni ponerse nada (interesante mensaje que el personaje creado con autenticidad y pregnancia viene a transmitirnos); después de tres décadas de espectáculos, Sancineto, tiene algo para decir. En “Tragaperras”, así llaman a las máquinas tragamonedas en España, una travesti, con una vida de casada, poco feliz, y sin clichés ni estereotipos, se entretiene jugando en las máquinas tragaperras, donde deja su vida cotidiana para ingresar a un mundo de fantasías, como se entra a un libro fantástico o se hace un viaje con drogas (como ella también lo hace de vez en cuando). La obra protagonizada por Sancineto, escrita y dirigida por Alfredo Megna (director de “Bengalas”, “Macbeth: Crónica de los siameses”, “Las destructoras”, que viene haciendo obras desde 1975) está llena de escenas introspectivas donde el pensamiento más genuino y la primera sensación que aflora quedan a la vista y percepción del espectador. Roque, su pareja, sueña con levantarse de la silla de ruedas que lo habita, y volver a caminar. Mientras espera que su pareja vuelva de sus viajes en el tragaperras, él también hace sus propios trips al tomarse el frasco de jarabe o beber la petaca de un saque. También está la mesera del lugar nocturno, como testigo que las luces de los juegos que invitan a los jugadores a pasar a otra dimensión; entonces una realidad y la otra quedan separadas. 

La actuación de Sancineto, conectado con su memoria emotiva, pasa por distintos estados, creando una atmósfera que pesca al espectador como un pez que se mueve con absoluta libertad en el escenario; la creatividad y sensibilidad de Mosquito quedan al descubierto. “Los ensayos fueron una verdadera obra de arte en sí mismos. Intensos. A veces encontrados. La mayoría disfrutables. Quienes vieron mis piezas anteriores ya conocen las obsesiones que me animan. Sólo puedo parir personajes que profesen la ternura, el humor y las utopías, claro”, dice. La obra termina con la respuesta a la pregunta que quedó flotando en el onírico escenario: “¿Por qué Aurora y Roque, con realidades que los carcomen, no se separan?” 

Los sábados a las 20.30 en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1454.

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