Los gestos de época de Hoy Dormís Afuera: sacan un disco al año y casi no tocan en vivo
"La escena no se recuperó mucho"
Cultores del hardcore punk, dicen que fuera del indie no hay mucha actividad y denuncian la pasividad del público de rock.
"Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican."Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican."Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican."Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican."Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican.
"Todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos", explican. 
Imagen: Guillermo Soria

La condición humana es el título de una novela de André Malraux, cuya historia transcurre durante la guerra civil china. Algo creyeron ver ahí los integrantes de Hoy Dormís Afuera, al revisar las letras de su último disco de estudio, bautizado como la ficción de 1933, al cabo de una pausa de tres años. “Me di cuenta de que todas las letras reflejaban sentimientos y relaciones humanas”, desviste el bajista Maxi Ruina, a propósito de uno de los tantos lanzamientos del cuarteto de hardcore/punk/skate rock. “Son más que nada mensajes pesimistas, siempre con alguna veta de optimismo. Me pareció que el libro tenía que ver con el disco, se lo conté detalladamente a los pibes, y el concepto cerró.”

El grupo se formó hace más de diez años, entre amigos del barrio de Villa Devoto, y sostuvo en ese tiempo un alto índice de productividad, hasta llegar al coeficiente de un disco por año, entre EPs y LPs. Por eso, la presentación de La condición humana de mediados del año pasado en el Salón Pueyrredón también fue registrada y editada bajo el nombre de La transmisión. “Si no editás, morís”, sentencia Maxi. “Antes no éramos una banda de vivo, para cada disco grabábamos teclados, cuatro o cinco guitarras, efectos, secuencias y muchos coros. Pero después los temas no sonaban. Entonces le dije al productor Rodrigo González-Scherbak que quería que el sonido fuera como una pared, para que en vivo fuera lo mismo pero con más fuerza. Grabamos dos guitarras, bajo, batería, una voz y a lo sumo un coro, sin más misterios.”

No conforme con esto, la banda ya entró nuevamente a estudio para grabar un nuevo trabajo que, según sus protagonistas, será consecuencia lógica de la transición bocetada en La condición humana: “Los tres años de separación nos sirvieron para madurar; no dejamos la raíz de la distorsión y el fuzz, pero hay una evolución en cuanto a la simpleza”, opina el bajista. El entusiasmo de una actividad tan prolífica refracta en la ahora reducida actividad en vivo, explicada por un fuerte escepticismo: “Me parece que no es el momento para hacer muchas fechas. No hay ánimos de parte de la gente, ni de las bandas, porque todos quieren hacer fechas pero nadie quiere ir ni organizarlas. Si nos invitan a tocar, tocamos”, se explaya.

“Me molesta que haya propuestas artísticas que no se vean acompañadas. Viene una banda de afuera no tan conocida, toca en un lugar como Gier, y van trescientas personas, mientras que vos hacés recitales todos los fines de semana y van diez. ¿Dónde están las trescientas personas que pagan una luca la entrada? La escena no se recuperó mucho después de Cromañón, aunque crecieron ciertos estilos, como lo considerado ‘indie’. La movida hardcore punk, que es donde más participamos, está en terapia intensiva. El público se fue renovando pero la gente está en otra. Hoy tocar en vivo es cargarse una mochila: si todo el mundo escucha música por la computadora o el celular.”

Los cuatro integrantes se conocen desde chicos, cuando además de colegio compartían su afición por el coleccionismo musical. Eso los llevó a buscar permanentemente formatos alternativos para lanzar sus materiales en forma física, como hicieron para La condición humana, editado en un pendrive con forma de cassette, dentro de un boxset con otros materiales. Como eternos pululantes del under hardcore y punk, supieron tomar al mítico Salón Pueyrredón de Palermo como natural punto de encuentro, donde finalmente grabaron dos discos y un dvd en vivo. “En su momento, tocar en el Salón fue subir un escaloncito. Es un lugar que amo, que logró una mística under parecida a la que tenía Cemento, donde podías tomarte una birra y conocer una banda, pero que está pasado. No quiero tocar nunca más ahí. Como público está bárbaro; como músico, me quedé un poco con las ganas.”

* Hoy Dormís Afuera toca el sábado 20 desde las 19 en La Gran Jaime, Aráoz 832, junto a Autoagresión, El Alba, Disuelve Monstruos y Lazos de Amistad.

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