Las empresas esgrimen razones ecológicas y económicas a favor del sistema
Ya hay apps para alquilar un auto desde el celular
Pese a que la mayoría de estos temas parecen lejos de la agenda del país, varias empresas desembarcaron en el área metropolitana con el servicio de car sharing o auto compartido.
El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano.El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano.El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano.El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano.El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano.
El car sharing es otro intento de mejorar el tránsito urbano. 
Imagen: Jorge Larrosa

Las grandes ciudades del mundo implementan desde hace años políticas orientadas a la movilidad sustentable, a través de la integración de los servicios públicos de transporte, la reducción de las emisiones contaminantes por medio de vehículos eléctricos, el uso de la geolocalización para una gestión de los recursos más eficiente y la desincentivación del auto particular, al que se considera un resabio del viejo modelo de movilidad urbana. En este contexto, y pese a que la mayoría de estos temas parecen lejos de la agenda del país, varias empresas desembarcaron en el área metropolitana con el servicio de car sharing o auto compartido. Para algunos, un granito de arena en el camino hacia la  movilidad inteligente en las ciudades.

El sistema permite alquilar un auto por minutos, horas o días con el celular y sin el tradicional papeleo, y devolverlo en otro punto de la ciudad. Además, el servicio está disponible las 24 horas, los siete días de la semana.

La modalidad no es nueva, funciona desde hace tiempo en muchos países, y es un producto más del entrecruzamiento de la información y la tecnología que permite a través de diversas plataformas digitales el acceso a bienes compartidos, como viviendas (bajo la forma de intercambio o alquiler para viajeros), o vehículos: compartiendo viajes, para optimizar el uso del auto (car pooling) o, como en el caso de las empresas que pusieron flotas en la ciudad, MyKeego y Awto, alquilándolos.

El proceso es simple. El primer paso es descargar la aplicación, ambas  están disponibles para Apple y Android, y registrarse: con DNI, la licencia de conducir vigente y una tarjeta de crédito. El alta demora máximo 24 horas. Después, mediante la app se localiza el punto más cercano para retirar un vehículo, que puede ser devuelto en otra de las terminales  predeterminadas por las empresas. La app también permite abrir la puerta del auto, que tendrá la llave en su interior, y localizar los puntos de entrega. Al devolverlo, se cierra el vehículo con la misma aplicación y el pago se debita de la tarjeta asociada. 

Los hermanos Pérez Terra fueron los primeros en poner el servicio en la calle a través de MyKeego, en febrero del año pasado, después de haber trabajado varios años en una franquicia de alquiler tradicional de autos. “Es un modelo que vimos que estaba obsoleto. Tiene mucho papeleo y poca flexibilidad. Si necesitás el auto por un día, ir a un lugar a firmar papeles es engorroso, poco práctico”, explicó a PáginaI12 Rodrigo Pérez Terra, quien detalló que la empresa cuenta con una flota propia de 32 vehículos multimarca.

“Todo lleva a la movilidad compartida. La gente cada vez se pregunta más para qué tener un auto, que en promedio se usa dos horas por día. Y si hacen la cuenta de los costos que tiene mantenerlo para usarlo, en muchos casos, sólo los fines de semana, la ecuación no cierra. Pagar patente, seguro, cochera, nafta, a lo que se suma la depreciación del vehículo y, en la situación actual, lo que dejás de percibir por un plazo fijo, claramente no conviene.”

Por otra parte, señaló que el auto compartido permite reducir la cantidad de autos que circulan por la ciudad. “Es un servicio sustentable porque incentiva a usar el vehículo sólo cuando lo necesitas. El que tiene auto propio lo utiliza de forma más intensiva. En lugar de caminar o usar una bici, es probable que se suba para hacer trayectos cortos.” Y remarcó que se estima que “por cada auto compartido hay 14 vehículos menos en las calles”.

A diferencia de MyKeego, Awto tiene una flota constituida por 30 vehículos de la marca Nissan. Dispone de 60 estaciones en CABA y alrededores en puntos clave como universidades, shoppings, supermercados, aeropuertos y estacionamientos. 

Voceros de la empresa explicaron que “se trata de un sistema sustentable dado que reduce la cantidad de dióxido de carbono al ser unidades 0 Km. Y al haber menos autos en circulación, mejora notablemente la calidad del aire que respiramos. Además, compensamos la huella de carbono por el dióxido de carbono que emiten nuestros autos”.

“Nuestro público –explicaron– son los jóvenes entre 20 y 45 años que están evaluando la compra de un vehículo o quienes ya tienen un auto personal y pueden replantearse los gastos inherentes a su mantenimiento. Gran parte de los ciudadanos de Buenos Aires y Gran Buenos Aires usan el auto sólo los sábados y domingos, por lo que podrían llegar a ahorrar una gran cantidad de dinero.” Y aclararon que “si bien en Argentina la modalidad es aún muy incipiente, se está consolidando. Este año vamos a tener 50 autos operando y con la expectativa de llegar a 500 en los próximos cuatro años sólo para la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente, estamos lanzando el servicio en Buenos Aires, principalmente en CABA y parte de GBA. Y para fin de año analizaremos el lanzamiento en ciudades del interior, Córdoba, Mendoza y Rosario”.

De acuerdo al último informe del Berkeley’s Transportation Sustainability Research Center (TSRC), en el mundo hay más de 157.000 vehículos y alrededor de 15 millones de usuarios que hacen uso de esta modalidad de auto compartido. El 40 por ciento de la flota global se encuentra concentrada en Asia, mientras que Europa registra el segundo lugar, con el 37 por ciento de la flota mundial.

Para el decano del Instituto del Transporte de la Universidad Nacional de San Martín, José Barbero, si bien el sistema de auto compartido es “básicamente positivo” tiene “un impacto limitado”: “La región metropolitana de Buenos Aires tiene 14 millones de habitantes, y unos 30 millones de viajes diarios, dos viajes por personas en promedio. En un contexto en el que hay problemas enormes de congestión de tránsito y deficiencias del transporte público, hemos crecido en la movilidad individual en detrimento de la colectiva. Y esa tendencia en crecimiento es inviable. La mitad de los viajes se hacen en transporte individual, autos, taxis, remises, motos, bicicletas, y el resto en el sistema público: trenes, subtes, colectivos. En ese sentido, el car sharing puede tener un sentido positivo al reducir un poco la cantidad de autos en la calzada. Pero el impacto es marginal, y en una ciudad como la nuestra puede ser nulo”.

Los cambios más fuertes, según el especialista, vendrán de la mano “del vehículo eléctrico, del autónomo y el compartido. El eléctrico no resuelve la congestión, pero sí la contaminación. El autónomo es un cambio más radical, porque el vehículo, que se maneja solo, hace un uso más eficiente de la infraestructura y puede tener ventajas en materia de seguridad. Pero para que haya este tipo de vehículos se necesita una estructura vial de buena calidad y con muy buenas comunicaciones”. Por otra parte, señaló que el compartido, gestionado a través de plataformas, “va a depender del nivel de adopción de la gente”. Porque “venimos de una generación en la que el auto propio tiene un significado profundo”, una tendencia que, según el especialista, está cambiando entre los más jóvenes.

Las empresas tecnológicas son las que están a la cabeza de esta reconfiguración hacia la movilidad inteligente, pero también las empresas automotrices tradicionales se posicionan como proveedoras de estos servicios. En el país, Toyota lanzó su sistema de alquiler a través de  Toyota Mobility Services, mientras que Mercedes Benz implementó un sistema de car pooling corporativo.

“No hay que subestimar el car sharing, es una pequeña ayuda pero no la solución”, remarcó Barbero. Y como ejemplo, explicó que el car pooling, que alguna vez también se pensó como una gran alternativa, tuvo efectos muy limitados. “Existe desde hace treinta años (en países centrales) y en aquellos años había una preponderancia mayor a que el viaje fuera de casa al trabajo y del trabajo a casa. Pero la estructura de viajes ha cambiado y se tornó mas compleja. La gente va al trabajo y después hace otra cosa, y al expandirse la ciudad (no sólo la residencial sino los empleos), que los vecinos vayan y vuelvan al mismo lugar se torna más remoto. Cuanto 

más progresan las ciudades, la gente se mueve y desplaza más. Atiende salidas, ocio, vida social, salud, va a estudiar, los diagramas de movimiento diario se complejizan y combinar es difícil. Por eso el car pooling no tuvo éxito. En Estados Unidos hay carriles exclusivos y consideran car pool que vayan dos personas.”. Por otra parte, remarcó que las autoridades tienen un desafío: resolver las tensiones que generan estos nuevos servicios y los marcos legales que las regulan.

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