La equinoterapia, un trabajo para tratar distintas discapacidades
Un tratamiento para chicos discapacitados
Un Centro de Actividades Ecuestres fue abierto en el municipio de Carlos Casares. Asisten adultos mayores con discapacidades, chicos y el equipo de Los Topitos.
En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia.En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia.En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia.En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia.En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia.
En el Ce.MA.E, en Carlos Casares, en plena actividad de equinoterapia. 

“Cuando te enterás de que tenés un hijo con discapacidad te desesperás, sentís que estás sola”, recordó Soraya Avendaño, presidenta de la Comisión de Madres de Equinoterapia. Cuando su hijo Joaquín tenía 3 años, fue diagnosticado con hipoacusia y los médicos le dijeron que era poco probable que pudiera hablar. “Los médicos del Hospital de Clínicas me recomendaron equinoterapia y yo todo lo que me recomiendan y que le pueda hacer bien a Joaco lo llevo y pruebo”, contó. Y así es que Avendaño llegó al Centro Municipal de Actividades Ecuestres (Ce.MA.E), ubicado en la localidad bonaerense de Carlos Casares. “En este lugar no sólo encontré una terapia para mi hijo, sino a personas que pasaban por lo mismo que yo. Yo digo que hablamos el mismo idioma”, afirmó.

El Ce.MA.E fue creado en 2011 con el impulso de una familia de Casares. “Viajaban más de 50 kilómetros para llevar al nene a hacer equinoterapia y (por eso) trajeron a un profesor de Olavarría y empezó un curso de equinoterapia”, dijo a PáginaI12 Leandro Madera, kinesiólogo y director del área de discapacidad de Carlos Casares. “En 2012 entra el intendente Walter Torchio y forma el centro en el predio San Esteban, que es un polideportivo municipal”, explicó Madera. 

Hoy el Ce.MA.E recibe a 51 chicos, adultos mayores con discapacidades de un centro de día y a Los Topitos, un grupo de adultos no videntes. Madera contó que el centro cuenta con 5 caballos, una combi de traslado y 7 profesores, entre los que hay docentes de educación física, veterinarios y una estudiante de psicología, “todos con sus cursos de equinoterapia”. “Desde el Municipio le damos respuesta a todos porque Provincia y Nación no les dan atención. El 70 por ciento del sustento de esta terapia alternativa es municipal y hoy con los recortes presupuestarios (en el área de salud) se hace difícil”, afirmó el director de discapacidad municipal. Al no estar cubierta por las obras sociales, cada sesión de equinoterapia tiene un costo de entre 500 y 800 pesos, pero en el Ce.MA.E se brinda el tratamiento de forma gratuita.

La equinoterapia es una técnica que llegó a la Argentina en la década del ‘70 de la mano de María de los Angeles Kalbermatter, presidenta de la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Discapacitados (Aaaepad), quien había sufrido la amputación de una pierna y eligió hacer su rehabilitación mediante la equitación. Este tipo de terapias sirve para tratar distintos tipos de discapacidades y el caballo es una de las herramientas en el proceso terapéutico. “Nosotros tenemos chicos con problemas neurológicos, auditivos, visuales, motores y cognitivos”, detalló Madera.

Los chicos del Ce.MA.E tienen sesiones de equinoterapia los miércoles por la tarde y los viernes a la mañana. “Una clase consta de 15 alumnos, 3 profesores por caballo y un niño arriba del equino. Cada uno tiene 10 minutos de estímulo arriba del caballo y ese estímulo se repite 3 veces. Los chicos van rotando para subirse y hay juegos y actividades en el predio que permiten que los chicos estén coordinados esperando su respuesta”, explicó el director.

Madera afirmó que, en los casos de chicos con autismo se trabajan los aspectos cognitivos. “Intentamos que el chico aprenda que a cada pregunta del profesor él tiene que responder con un ejercicio o movimiento. También intentamos acercar a los papás para que su hijo responda al estímulo y a la voz del padre –sostuvo–. En lo motriz se busca liberar la parte del cuerpo que se necesita movilizar, mientras que en la parte auditiva se trata de hablar de espaldas para que (el niño) no te lea los labios y aprenda a interpretar el movimiento que se le pide y que ejecute la actividad”.

“Me sorprendí cuando vi la cara de felicidad de mi hijo arriba del caballo”, aseguró Avendaño. Joaquín tiene dos implantes cocleares y puede hablar, escuchar y leer los labios, pero aún así va a la fonoaudióloga, psicopedagoga, maestra de hipoacúsicos –ya que no necesita asistir a una escuela especial– estimuladora y equinoterapia. “Las terapias son siempre en consultorio y me costaba llevarlo, en la fonoaudióloga siempre ponía cara de obligado y no intentaba corregir las palabras que le salían mal, en equinoterapia sí. Entre juegos, risas, el caballo, el aire libre, se corrige y no se enoja. Va porque realmente le gusta”, afirmó.

La Comisión de Madres de Equinoterapia realiza actividades para juntar fondos y promover la participación de la comunidad de Casares. Las madres venden tortas fritas, hacen rifas e incluso desfiles de moda (ver aparte) para juntar fondos y hacer modificaciones en el predio. Quieren, en principio, ampliar el SUM y construir dos cubículos para que los profesores puedan realizar la devolución del tratamiento de los niños con los padres en forma privada.

Avendaño aseguró los padres con hijos con discapacidades deben luchar constantemente para superar trabas burocráticas o conseguir la cobertura de tratamientos y medicaciones. Y es en el grupo de equinoterapia donde las familias encuentran un espacio de contención tanto para ellas como para sus hijos. “Cuando te enterás de que tu hijo tiene una discapacidad se te rompe algo adentro, pero volver a pararte y pelear es fundamental. Y con el grupo nos unimos todos porque no es lo mismo que luche una persona a que luchen todos”, aseguró.

Informe: Ludmila Ferrer.

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