Tras la serie de atentados que causaron 290 muertos
Sri Lanka apunta a un grupo jihadista
La organización islamista radical National Thowheet Jama’ath estaría detrás de los sangrientos ataques del domingo de Pascua.
Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses.Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses.Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses.Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses.Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses.
Los atentados supusieron un cimbronazo para los esrilanqueses. 
Imagen: EFE

Las autoridades de Sri Lanka detuvieron ayer a 24 personas por los atentados suicidas que causaron 290 muertos y 500 heridos el domingo. Aunque ningún grupo se atribuyó los ataques, el gobierno apunta a un grupo islamista radical local con posibles conexiones internacionales. 

El portavoz del gobierno de Sri Lanka, que señaló como responsable al grupo  National Thowheet Jama’ath (NTJ), indicó que no entendía cómo una pequeña organización en su país podía hacer todo eso. “Estamos investigando sobre una posible ayuda extranjera y sus otros vínculos, cómo forman kamikazes, cómo han producido estas bombas”, agregó. 

La incriminación del NTJ supone una notoriedad inusual para esta organización extremista poco conocida, cuya principal hazaña hasta ahora fue la vandalización de estatuas budistas en diciembre. A la policía le llegó una advertencia hace diez días según la cual el grupo estaba planeando ataques contra iglesias y la embajada de India en Colombo.

“Los servicios de inteligencia señalaron que hay grupos terroristas internacionales detrás de los terroristas locales”, afirmó el presidente Maithripala Sirisena durante un encuentro con diplomáticos extranjeros, y pidió ayuda internacional. Hasta ahora, las autoridades esrilanquesas anunciaron la detención de 24 personas e indicaron que ya el FBI e Interpol estaban asistiendo en la investigación. Las dos principales organizaciones jihadistas internacionales, Al Qaida y el grupo Estado Islámico (EI), intentan desde hace años reclutar en las comunidades musulmanes del subcontinente indio, alegando a las persecuciones de las que dicen son víctimas los musulmanes de la región.

El domingo por la mañana se registraron seis explosiones en un corto lapso  y por la tarde dos más, en hoteles de lujo y en iglesias. Ayer por la mañana, en la morgue de Colombo, la capital, se vivieron escenas de desolación. “La situación no tiene precedentes”, apuntaba un responsable que guardó el anonimato. “Pedimos a los familiares proporcionar el ADN para ayudar a identificar algunos cuerpos demasiado mutilados”, agregó. 

Janaka Shaktivel, de 28 años y padre de un niño de 18 meses, perdió a su esposa en la iglesia de San Antonio. Él se salvó porque salió a la escalinata para consolar a su bebé que lloraba. “Reconocí su cuerpo por la alianza que todavía llevaba”, dijo, pálido y abatido.  

Si bien se proclamó el estado de emergencia en aras de la seguridad pública, los habitantes de Colombo, conmocionados, comenzaban poco a poco a volver a las calles de la capital, donde la seguridad fue reforzada. 

Imtiaz Ali, un conductor de tuk-tuk –los típicos triciclos motorizados del sudeste asiático–, perdió a su sobrino en la explosión ocurrida en el Cinnamon Grand Hotel. “El chico solo tenía 23 años. Era empleado en el hotel y debía casarse la próxima semana”, dijo. “Habíamos hecho todos los preparativos para la celebración de la boda en casa, pero hoy es un lugar de luto”, agregó.

Ranjan Christopher Fernand, conductor de taxi de 55 años, que tiene un amigo que perdió a su hijo de 11 años, subrayó: “Es la primera vez que los cristianos son atacados de esta manera en Sri Lanka”. Unos 1,2 millones de católicos viven este país insular, una nación con 21 millón de habitantes, 70 por ciento de los cuales budistas. Sri Lanka cuenta también con 12 por ciento de hinduistas y 10 por ciento de musulmanes.

Los atentados del domingo supusieron un cimbronazo para la sociedad de Sri Lanka, que no había visto tanta violencia desde el fin de la guerra civil hace 10 años. El conflicto, que durante más de 30 años enfrentó a la mayoría cingalesa y a la rebelión independentista tamil, costó la vida a más de 100.000 personas entre 1972 y 2009, según las estimaciones de Naciones Unidas. Sin embargo, no hay datos oficiales del gobierno.

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