“The Long Night”, un episodio inolvidable
Game of Thrones hizo historia
ADVERTENCIA: esta columna está llena de SPOILERS sobre “The long night”, tercer episodio de la octava temporada de Game of Thrones... y uno de Avengers: Endgame.
Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio.Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio.Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio.Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio.Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio.
Arya Stark (Maisie Williams) tuvo un peso especial en este episodio. 

En un capítulo que fue pura épica, fue el momento de paroxismo, miles y miles y miles de personas pegando un salto en su sillón en hogares de todo el mundo, liberando la angustiosa tensión de ochenta minutos para la historia de la TV. Y en todas las bocas un solo nombre, el de Arya Stark. Jaqen H'ghar debería sonreír orgulloso: cuando pintaba derrota nivel catástrofe, A Girl convirtió al Night King en hielo para el Campari.

“Yo sobreviví a la Larga Noche”, decía la chapita que se colgaron orgullosos los técnicos y actores de la serie al terminar los tres meses de filmación nocturna y bajo cero cuyo producto se estrenó el domingo en HBO. Unos cuantos personajes no pueden decir lo mismo. Si en los primeros dos episodios de la temporada final hubo más diálogo que acción, “The Long Night” apenas dio respiro y despidió a al menos seis nombres que se extrañarán. Adiós a Dolorous Edd, tras salvarle el pellejo a Sam Tarly; a la durísima Lyanna Mormont, con un final heroico liquidando a un gigante-muerto-vivo; a Beric Dondarrion, esta vez ya sin el querido borrachín Thoros de Myr para traerlo de vuelta (oiga, Lady Melisandre: ¿qué le costaba hacer un esfuercito ahí?); adiós a la misma hechicera del Señor de la Luz, en un final de alta poesía visual... y a otros de los que se hablará oportunamente.

(Ah, y un pequeño detalle: adiós a TODO el malón dothraki y unos cuantos Inmaculados. El ataque a King’s Landing acaba de complicarse un poco)

Dirigido por Miguel Sapochnik -el mismo de “Battle of the Bastards”- este episodio de Game of Thrones hizo historia no solo por la batalla (que por momentos fue visualmente confusa, y la iluminación no ayudó) sino por el peso narrativo, por el destino de sus personajes, por el modo de anudar hilos de historia plantados a lo largo de siete temporadas. “Veo oscuridad en vos, y en esa oscuridad me miran ojos azules, ojos marrones, ojos verdes. Ojos que cerrarás para siempre”, le dijo la Dama Roja a Arya Stark allá lejos y hace tiempo, en un cruce casual con la Hermandad Sin Banderas. Donde fracasó Daenerys, incrédula ante un “Dracarys” que esta vez no sirvió para nada; donde fracasó Jon Snow / Aegon Targaryen, que intentó el heroico “mano a mano” pero terminó rodeado de ex compañeros pasados al bando de los que no respiran; donde se sacrificó Theon Greyjoy, alcanzando al fin la redención (“Sos un buen hombre”), Arya ejecutó el mismo truquito que ya le había jugado a Brienne en un entrenamiento la temporada pasada y se cargó al Rey de la Noche con la misma daga que inició la Guerra de los Cinco Reyes. Cersei Lannister, primera en la lista de la asesina sin rostro, debería empezar a preocuparse.

Corren días de gloria para el apellido Stark (hola, Thanos), pero la batalla de Winterfell fue la masacre que se preveía. La casi insoportable tensión de la primera media hora, el curso de derrota aparentemente inevitable que fue tomando, fueron una prueba de fuego para el fan. Precisamente, ni el fuego de los dragones –que tuvieron una brutal y coreográfica pelea en el aire- pareció servir de mucho; como un Ramsay Bolton de ultratumba, el Night King llevó siempre la delantera, movió las piezas que debía y cuando debía, fue copando la parada y en un momento clave levantó los bracitos... y los ilusos que creían estar a salvo en el sótano entendieron la desventaja de estar en una cripta, ese lugar donde suelen almacenarse muertos. Menos mal que a Eddard Stark lo dejaron sin cabeza, hubiera sido todo un golpe que reapareciera con los ojitos (más) azules.

Por eso todo el cerco se fue reduciendo al árbol de los dioses y el Three Eyed Raven con su frialdad habitual (¿para qué te fuiste a volar con los cuervos, Bran?) esperando lo inevitable. Por el castillo andaba Jon reducido a gritarle al dragón zombie (?); en el campo de batalla, Ser Jorah finalmente daba su vida por Daenerys en un pasaje desagarrador; Brienne, Jaime, Tormund y Podrick empezaban a resignarse; el revuelo en la cripta dejaba a Sansa y Tyrion casi al borde del pacto suicida, y la suerte de Missandei, Varys y Gilly era toda una incógnita; The Hound volvía a demostrar que en las paradas bravas y si pinta fuego tiene menos valor que Samwell. Y entonces, cuando el Night King hizo su entrada triunfal, se plantó frente a “la memoria del mundo” y preparó el sablazo... entonces Arya Stark, “not today”, y los brazos en alto de millones de fans en todo el globo. El momento “llegan las águilas”, el Anillo del Destino quemándose en Mordor.

Quién sabe lo que reservan David Benioff y D. B. Weiss para los tres episodios que cerrarán una serie esencial del fantasy. Pero la Larga Noche de fines de abril de 2019 ya es un cacho grande de historia en la televisión de todos los tiempos. Y la nena quilombera de 2011, la fugitiva, la copera de Tywin Lannister, la rehén del Perro Clegane, la cieguita de Braavos, se convirtió al fin en la guerrera más pulenta de Westeros. A Girl lo hizo.

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