Exposición colectiva Paisaje Argentino Contemporáneo, en el CEC

Como un territorio de experiencia

Veintitrés artistas de todo el país exponen juntos y el riesgo estético se pone al servicio de la representación de la geografía más inmediata.
Donde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemadoDonde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemadoDonde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemadoDonde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemadoDonde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemado
Donde vive el tío Sam (2018). Pintura en poliuretano quemado 
Imagen: Federico Leites

Hasta el 19 de mayo puede visitarse, de jueves a domingo de 16 a 20, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC, Bajada Sargento Cabral y el río), la exposición colectiva Paisaje Argentino Contemporáneo, que con investigación y curaduría de Lila Siegrist y co curaduría de Roberto Echen presenta obras de veintitrés artistas de todo el territorio nacional que se encuentran en plena producción.

Para saber cuál de ellos hizo qué, es imprescindible emprender el recorrido con el plano de la muestra que puede obtenerse en el mostrador de entrada. Esto exige tener que ubicar el propio cuerpo en el espacio del antiguo galpón portuario y situarse obra tras obra en él, como si se estuviera explorando un territorio: una experiencia de recepción estética nómade en vez de las cómodas cartelas que como notas al pie permitirían una lectura sedentaria, al modo del libro. Sonidos ambientales envuelven al público y crean un ambiente propicio a la mirada, una ilusión de presencia real para cada objeto o imagen. Un "como si" del in situ.

La primera estación del viaje es la videoinstalación El rancho cósmico, de Virginia Negri. Profundizando su permanente búsqueda de una fusión entre arte y vida que articule la naturaleza, la espiritualidad y lo social, la artista y poeta despliega un álbum de registros de su obra como gestora cultural de regreso en Federal, su localidad natal en la provincia de Entre Ríos, al que aportan más mística aún unas vistas aéreas embellecidas con efectos especiales.

Georgina Ricci
Posibles Faders (2009). Dibujos en fibra sobre papel

En su metáfora visual Sintonía del horizonte, Paula Senderowicz (CABA, 1973) explora con elementos mínimos una mirada urbana sobre el paisaje isleño o pampeano, traduciendo la vegetación, y su reflejo, a la captura de un diagrama de frecuencias de ondas de radio. La rosarina Laura Glusman, en su video Banquito (2007), da a contemplar una imagen cinematográfica del paisaje litoraleño que es puro tiempo, y donde los acontecimientos se reducen al leve agitarse de una hoja de camalote en la brisa o al temblor de la mano que sostiene la cámara.

En las afueras de Santa Fe capital, Maximiliano Peralta Rodríguez (radicado con Cintia Clara Romero en un paraje silvestre de San José del Rincón, donde gestionan las residencias Curadora) rescata restos de tala en la laguna Setúbal, reserva natural que está siendo deforestada por el desarrollo de countries, y los trabaja con técnicas de carpintería y ebanistería para crear mobiliarios e instalaciones que diluyen los límites entre arte, diseño, activismo ecológico y reciclaje.

"Una idea del paisaje concebido ya no como objeto lejano de contemplación sino como territorio de memoria y acciones transformadoras de lo social".

Georgina Ricci (Rosario, 1981) valoriza humildes materiales escolares para recrear con ellos los paisajes serranos al óleo de Fernando Fader (1882-1935), autor de la primera pintura adquirida para el Museo Castagnino. El fotógrafo jujeño Marcelo Abud nació y vive en Perico, un pueblo de frontera al que recorre como turista del propio exotismo. Gastón Herrera (La Plata, 1974) dibuja sobre madera en el lenguaje del cómic y resuelve los claroscuros con la solvencia técnica de su formación académica. Su relación con el paisaje es la del documentalista, y se basa en prolongadas excursiones al monte.

Román Vitali juega con el doble sentido de la palabra "Estrellas" y rinde homenaje a actrices argentinas en la obra de ese título. Para ir de las oníricas dunas fotografiadas por Eugenia Calvo hasta la crueldad del hombre contra el animal que con potente sutileza registra fotográficamente José Villalonga, hay que pasar por un objeto casi abstracto de Federica López. El rosarino Hugo Cava expone dos estampas de su serie Rastros (1989). Entre el final de la dictadura y el exilio económico, Cava tomaba muestras directas de paredes y veredas del paisaje urbano, que se expresaba a través de sus marcas, heridas y huellas, en una arqueología de lo reciente.

Sonidos de Rosario (Adolfo Corts y equipo) ofrece un soundscape o paisaje auditivo que ausculta el presente de la provincia de Santa Fe; Sofía Noble cruza los materiales del land art con las formas disciplinares básicas del modernismo académico (el rectángulo, el cubo) y también hay ecos del land art en la delicada y casi imperceptible instalación efímera, procesual, auditiva y táctil de Alejandra Veglio. Dos esculturas caladas en madera de Andrés Veglio, un video de 120 horas de duración (sí, 120 horas) por Gabriel Baggio, una foto que integra la serie de caballos de cartonero de la cordobesa Adriana Bustos, una pintura en gran formato de Jorgela Argañaras y textiles por Alejandra Mizrahi, Ángeles Ascúa y Federico Leites completan este viaje por una idea del paisaje concebido ya no como objeto lejano de contemplación sino como territorio de experiencia, memoria y acciones transformadoras de lo social. En resumen, se trata de redefinir el paisaje como espacio de lo posible.

 

 

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