Casi que no lo puede creer. Levanta la vista y descubre, en los alrededores del Alto Palermo Shopping, a dos de sus compañeras de la selección argentina de fútbol femenino, Estefanía Banini y Ruth Bravo, en gigantografías de la flamante publicidad de Nike. Ellas, que llegaron a estar dos años sin entrenador, que en 2017 hicieron paro en reclamo de mejores condiciones de trabajo y en la última Copa América, en 2018, en Chile, reiteraron su reclamo con esa famosa foto del equipo con las manos en las orejas “a lo Riquelme”, hoy son protagonistas de una campaña publicitaria que, con el slogan “Parece una locura hasta que lo hacés”, cuenta las dificultades que enfrentan las mujeres de los equipos de primera división y las más niñas también, para poder jugar a la pelota en la Argentina. “Es histórico”, destaca sobre la publicidad la socióloga estadounidense-argentina e investigadora del Conicet Gabriela Garton, una de las tres arqueras que pueden viajar a disputar el Mundial en Francia, el mes próximo, después de doce años de ausencia de la Argentina en una copa de mundo de mujeres. “Hay clubes que se oponían a invertir en el fútbol femenino porque lo veían como un gasto y no veían posibilidad de sacar ganancias. Con el involucramiento de las marcas eso puede cambiar”, se ilusiona Garton, que fue parte del plantel de River Plate y UAI Urquiza, líder del torneo local. Su vida transcurre entre el arco, la cancha, y la academia: a fin de mes, cuando estará ya por pisar suelo europeo, se publicará su tesis de maestría “Guerreras. Fútbol, mujeres y deporte”, donde, con mirada etnográfica, analiza el tema, desde las trayectorias que enfrentan las jugadoras de UAI Urquiza. Ahora está cursando un doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, para profundizar su análisis a partir de los cambios que está experimentando el fútbol femenino, en forma vertiginosa, en el país, y su impacto social.

“El nivel de visibilidad que está viviendo el fútbol femenino no existía en 2013, cuando vine a vivir a la Argentina. En ese momento, me cruzaba con gente o familiares y me decían: ‘No sabía que tenía fútbol femenino River’. Hoy deben ser muy pocos los que no están enterados de que hay un torneo de AFA. El cambio se dio en el último año sobre todo: dos o tres años atrás todavía había ese desconocimiento”, apunta Garton en una entrevista con PáginaI12. 

Nació en Minnesota, Estados Unidos, de madre argentina y padre norteamericano, pero se crió en el estado de la Florida. A los 23 años, cuando se graduó en Estudio Hispanos, en la universidad, decidió instalarse en Buenos Aires, para sumarse a algún equipo local y seguir estudiando. Hace casi dos años vive en San Luis, adonde se mudó por el trabajo de su esposo, y está luchando para que la liga puntana le permita jugar en un equipo amateur de varones, Sol de Mayo, donde entrena habitualmente. 

“Hoy si una nena le pide a su papá que quiere ir a jugar, son cada vez menos los que le van a decir que es un deporte para varones. Se está volviendo más aceptable. Es imposible separar este cambio de la lucha por los derechos de las mujeres, de su ingreso a espacios antes vedados, como la fuerzas armadas, entre otros”, analiza en diálogo con este diario.

–Por primera vez se van a vender figuritas de las jugadoras de este mundial…. 

–Es algo que no sé si yo esperaba vivirlo como jugadora. Va a ser muy lindo, no sólo para la nenas chiquitas sino también para los nenes. Coleccionarlas, cambiarlas, y que sean jugadoras. Veremos si se copan tanto como con las de los mundiales masculinos.

Heroínas

La participación de la selección femenina en el Mundial de Francia, que empieza el 7 de junio, es el resultado de la lucha de las propias jugadoras, por momentos muy en soledad y sin sponsors ni apoyo de la Asociación Argentina de Fútbol. Entrenamientos en canchas de pasto sintético, cuando los torneos internacionales se juegan en césped natural, botines gastados, ropa deportiva de talles más grandes, incluso, usada –la que sobraba de los planteles masculinos, lo que les llegaba a ellas–, tener que pagar para jugar, giras de partidos amistosos en bondi, con pernocte en el mismo bondi porque no les pagaban hotel: son postales de la historia reciente. 

Al llegar a la Argentina, seis años atrás, Garton se sorprendió por la enorme “grieta” entre el fútbol masculino y el femenino. “No pensé que acá el fútbol iba a ser tan desarrollado como en los Estados Unidos, sabía que había una diferencia, pero me shockeó que fuera tan grande. En Estados Unidos te tratan como un deportista profesional, en la universidad no te pagan, pero te becan para estudiar. Las instalaciones a las que tenés acceso, tanto como la indumentaria, es profesional. Llegué acá y me llamaba la atención que las jugadoras tenían botines viejos, la ropa no era de ellas, les quedaba enorme y la tenían que devolver después de jugar. Solamente en Boca les daban botines, un par por año. El torneo se cancelaba por cualquier motivo, a veces jugaban, a veces no. Tenía 14 equipos y duraba más de un año. Me sorprendieron mucho esas condiciones porque el fútbol masculino tiene un lugar muy destacado en el país”, dice la arquera. 

En 2017, la AFA les daba a las jugadoras de la selección apenas 140 pesos de viáticos por día por jornada de entrenamiento para ir al predio de Ezeiza. Y no les dejaban usar la cancha de pasto natural. Cuando hicieron paro, fue porque la AFA ni siquiera cumplía con ese pago. Desde ahí vienen. El feminismo que también se milita en las canchas convirtió en un hito el partido de ida del repechaje para ir al Mundial, en el estadio de Arsenal, de Sarandí, donde jugaron contra Panamá y ganaron por goleada 4 a 0, ante 11 mil espectadores, la mayoría mujeres. El partido, el 8 de noviembre, fue transmitido por televisión –otro hito– y las redes explotaron con el hashtag #LaHoraDeAlentar. “¡Ahora que sí nos ven!” como se canta en las marchas del movimiento de mujeres lesbianas, travestis y trans… se abre un proceso lento de profesionalización del fútbol femenino en el país, a partir del reclamo legal de Macarena Sánchez; ahora que si las ven…  los rostros de las jugadoras de la selección serán parte del primer álbum de figuritas de un Mundial de mujeres y los partidos del equipo argentino en Francia se podrán ver por la TV Pública Argentina.

“La profesionalización del futbol es un gran primer paso. Queda mucho por mejorar. Son solo ocho contratos por equipo. Más que una liga profesional va a ser una liga semiprofesional. Pero es enorme el cambio en relación a lo que había, donde algunas jugadoras tenían que pagar para jugar. Son cambios que se están dando muy rápido y ojalá que desde las bases, las inferiores, empiecen a tener equipos formativos, lo que va a generar también el crecimiento del futbol en sí”, señala la investigadora del Conicet. 

En estos días están llegando al país las jugadoras que forman parte de equipos del exterior, la mayoría en España y una, en Francia, la delantera Soledad Jaimes, desde enero en el Olympique de Lyon, que peleará por su cuarto título consecutivo de la Champions League femenina, contra el Barcelona. El martes, el equipo que entrena el DT Carlos Borrelo empieza a concentrar en el predio de Ezeiza de la AFA. Los fines de semana, las jugadoras pueden regresar con sus familias. Otra de las arqueras, Vanina Correa, de Rosario Central, es madre de mellizos, que están en jardín de infantes. Y Lorena Benítez, mediocampista de Boca, acaba de ser mamá no gestante.  

“Antes los medios nos hacían notas de fascinación, por el hecho de mostrar que una chica jugaba a la pelota. A muchas de mis compañeras les costó mucho que sus padres las dejaran jugar o conseguir equipo. Cada vez se están abriendo más oportunidades y éste es un puntapié para el crecimiento del futbol femenino”, dice Garton.

A ella siempre le encantó el deporte. “De chiquita me juntaba con amigos varones y jugaba al fútbol americano. También jugué al básquet, y al beisbol y era la única nena en un equipo de varones. Esa tal vez es la experiencia que se asemeja a la de compañeras argentinas de la selección: igual que ellas, llegó cierta edad en la que no podía jugar más porque era la única mujer. Cuando quise arrancar a jugar al soccer tenía unos 8 años: les dije a mis padres, me llevaron a un club de barrio y empecé jugando en una liga de nenas, con unos diez equipos, todos de nenas de mi edad”, recuerda. 

–¿Y cómo llegaste al arco?

–Era grandota, la más alta, y como había hecho otros deportes donde se involucran las manos, tenía un poco más de coordinación y no le tenía miedo a la pelota. También me costaba al comienzo jugar con los pies. Así que me terminaron poniendo en el arco y después, a los diez años, me empecé a apasionar mucho, me dediqué al futbol y mi meta a partir de ahí fue jugar en mi selección y ser becada para ir a la universidad.

La fascinó ver la final en 1999, entre la selección femenina de Estados Unidos –en ese momento, su país– y China, en un estadio de California ante 90 espectadores. “Yo quiero estar ahí”, se dijo. Pasaron veinte años de aquel partido. Y aquel sueño ya es casi realidad para ella. En 2013 se nacionalizó argentina y ahora su orgullo es llevar los colores celeste y blanco.

En pocas semanas, el 10 de junio, la selección –donde ella será tal vez titular, aunque todavía no se anunció– debutará contra Japón. El Grupo D, que le tocó al equipo argentino, es bien difícil, con Inglaterra y Escocia. “Estamos confiadas. Nos tocó una zona muy difícil. Jugando nuestro mejor juego, nuestra meta es tratar de ganar un partido y poder pasar de ronda. Eso ya sería histórico para Argentina.”