Entrevista a Pablo César, director de cine y docente
“Ver la vida a través del cine”
Viajero constante, formador de nuevos realizadores en distintas partes del mundo para que generen su propia escuela de cine y sus obras. Recorrió países como Angola, Túnez, Mali, Cabo Verde y Etiopía, además participó en la creación de una escuela de cine en la ex Unión Soviética. Fue un gran amigo del cineasta Jorge Polaco y participó de la comitiva que encabezó Cristina Fernández de Kirchner en Angola.

–Todo empezó cuando su hermano en 1975 le regaló una máquina de filmación ¿Cómo fue ese primer estímulo para hacer el primer guión del corto Del Génesis?

–Me permitió muchas cosas porque mi adolescencia fue robada por la dictadura, yo tenía 12 años y a los pocos meses que mi hermano me regala la cámara, a fines del 75, el país se transformó y eso fue un arma donde volqué mis sueños, mis pesadillas. Como todo estaba prohibido, con toda la ignorancia de cómo contar una película, porque no había escuelas de cine, salvo la de Avellaneda, pero mi madre durante 1979 no quería que yo viaje hasta allí porque te paraban a cada rato, no había nada, había que salir y filmar.

–Salía a la calle…

–A la calle no era tan fácil, en parques o casas-quintas y el único espacio que existía en esa época era la Unión de Cineastas de Paso Reducido (Uncipar) que en la sede de Unione e Benevolenza los sábados a la tarde hacíamos cine debate pasábamos cuatro o cinco cortometrajes, se armaban grandes discusiones y se votaba qué película quedaba para la final, una película por sábado, fue algo increíble en una Argentina gris y en ese lugar había una luz de color. Una vez presenté un corto llamado “La máquina” donde alguien armaba un robot y le daba vida y el robot se le iba de las manos y empezaba a matar gente. También era una metáfora con lo que pasaba en el país porque era algo de dar vida a algo que no vivía.

–¿Del Génesis de qué trataba?

–Era una película experimental que mostraba una Apocalipsis y una búsqueda de un mundo mejor, mostraba un Apocalipsis, un Armagedón como el que estamos a punto de vivir y el personaje salía al mundo después de tanto desorden y encontraba una luz. Esa película la hice al poco tiempo que el hermano que me regaló la cámara falleciera en un accidente de autos…Del Génesis tuvo un recorrido de premios y festivales. Fue la primera película con la que empecé a ganar premios.

–¿Cómo surgió la idea de ser docente? ¿Fue a la par de su producción?

–Yo estudiaba ruso en la Sociedad Argentina de Relaciones Culturales con la URSS (Sarcu), le tenía mucho cariño como idioma, quería conocer la Unión Soviética, de hecho la conocí y ahí me propusieron hacer una escuela de cine y la hicimos, se llamaba por supuesto Serguei Eisenstein, la experiencia duró tres años y con lo que pasó con la URSS, Sarcu se disolvió pero al año siguiente se abrió la Universidad del Cine dirigida por Manuel Antín en Buenos Aires y desde el año 1992 estoy dando clase.

–¿Qué le trasmitió a nivel humano y en el plano estético en la tarea docente?

–A mí me gustaba y me di cuenta que un verdadero docente no tiene que hablar de lo que le gusta a él, es decir yo les puedo mostrar películas de directores de acuerdo a mi gusto pero tal vez a los alumnos no le gusten, entonces tuve que aprender muchas cosas, sobre todo cuando evaluaba los guiones de los alumnos independientemente de si la temática o el tratamiento fuera de mi gusto personal o no…

–Usted estimula y da elementos para que cada uno encuentre su propia voz, su propia manera de expresarse…

–Exacto. Esta experiencia me hizo plantear un Seminario de Cine de Autor en el cual los primeros treinta minutos el auditorio está a oscuras y se escucha una música, cada semana aborda un género diferente de distintos lugares del mundo, luego se lee un poema, después se proyecta una película completa y hay una charla donde trabajo en el campo de los sentidos: qué nos pasa frente a las imágenes que estamos viendo, cuántas estructuras o pre conceptos hay para comprender o disfrutar de imágenes que estamos viendo. Paso todo tipo de películas y de distintas estéticas, no busco que le guste al alumno sino que busco que el alumno trabaje desde un lugar y estilo personal.

–¿Filmar en Túnez, Mali, Angola, Etiopía fue una opción para cambiar el punto de vista, para salir de la cultura occidental, cómo fue filmar en esos sitios?

–Nunca fue fácil pero a mí siempre me fascinó desde chico, me encantaban los idiomas y los aviones comerciales, de hecho una vez me colé en un Boeing 747 de Air France a los 14 años y lo filmé con mi cámara de Súper 8. Lo conté a mis compañeros en el colegio y a la semana siguiente quisieron ir también y nos detuvieron en mayo de 1976, nos tuvieron cuatro horas detenidos con un arma en la mesa para ver si la tocábamos y nosotros queríamos visitar aviones. Ya quería conocer, viajar y hay un mundo que nos muestran a través de la publicidad para que compremos, consumamos, pero yo quería conocer algo distinto y natural. Hay países donde filmé donde no tengo mucha afinidad ideológica y donde hay mucha presencia religiosa…

–Como los monasterios coptos ¿Qué son y qué actividades realizan?

–Son los primeros cristianos, los más ortodoxos, que tienen rezos que se escuchan por las calles como cuando en los países musulmanes se escuchan los rezos de las mezquitas cinco veces al día, tienen un método, un lenguaje. En Etiopía estábamos filmando “Los dioses de agua”, hay once monasterios que son como una cruz, lo ves desde arriba. Habíamos hecho una remera con el nombre de la película vino un señor, un monje, y al rato regresa con un corrector líquido y borra la “s” de la remera de uno de los técnicos y dijo “Hay un sólo Dios”. Fui a filmar a lugares difíciles, no fui a filmar a las capitales, filmamos en las Cataratas de Kalandula en Angola y fuimos a buscar un chamán que estaba a 30 kilómetros de la frontera con el Congo. Ibamos por un camino de tierra roja y al costado un follaje verde y alguien quiso orinar y el chofer le dijo que tenía que hacerlo al lado del auto porque el campo podía estar minado y también podía haber leones. El chamán participó en la película, él conocía el dibujo que yo le llevaba. Ese dibujo es de la etnia chokwe que tienen un secreto y que fueron estudiados por  etnomatemáticos. En esos dibujos se esconde un lenguaje y una información del pasado sobre matemáticas y geometrías, algunas teorías afirman que en esos dibujos está el Teorema de Pitágoras. Lo que propone la película es si somos creadores o estamos redescubriendo. Hoy nuestros sistemas de comunicación son todos digitales es un sistema binario 1 y un cero pero ya el I Ching es un sistema binario, los antiguos lo conocían, entonces estamos descubriendo y redescubriendo las cosas, hubo mundos desarrollados hace millones de años.

–¿Cómo fue la experiencia de participar como productor en La sagrada familia y Kindergarten de Jorge Polaco, película prohibida en democracia?

–También querían prohibir La sagrada familia. La persona que hizo la denuncia dijo en un programa de TV que él prohibiría la película de Pablo César, en esa época justo se produjo un cambio político importante, fue en julio del 89, cuando se adelantaron las elecciones y Alfonsín dejaba la presidencia y venía Carlos Saúl... de un día para otro alguien se molesta con unas fotos de Annemarie Heinrich en Callao y Quintana y hace una denuncia y le cierran el local porque se mostraba un pecho. Lo mismo pasó con estas películas, eso fue un intento con volver al pasado. Kindergarten jugaba un poco con lo sagrado y lo profano y La sagrada familia es un película sobre el abuso de poder donde se juntan los poderes religiosos, económicos políticos y militares, en el afiche estaba el Tío Sam, el militar, la imagen de las investiduras fatales flotando entre nubes.

–Clases y capas sociales que no quieren perder sus privilegios.

–Eso es lo que muestra la película, se armó una gran debate en un Festival en Portugal donde ganó un premio compartido con la película El maestro de música de Gérard Corbiau y cuando subí la mitad aplaudió y la otra abucheó (risas).

–Sus obras tuvieron un recorrido por festivales de los países socialistas ¿Cómo fue esas experiencias?

–Quería ir a toda costa, para mí fue algo increíble y fue algo que ya no existe que fue maravilloso. Estuvimos en Hungría, cruzamos el Muro de Berlín, se mostró en la organización de cine de Alemania Democrática (RDA) y se exhibieron cortos míos en el otro Frankfurt del lado este, allí está el río y del otro lado está Polonia y en el 85 cuando exhibí mis cortos en la Georgia soviética me invitaron. En esa época la visa para la Unión Soviética era separada del pasaporte para que no quedaras marcado de que habías estado ahí. Fui al Festival de los Pioneros de las quince repúblicas socialistas. Recién estaba por comenzar el video, todos los niños entre 6 y 17 años con sus cámaras de Súper 8 y 16 milímetros hicieron un documental sobre el Festival y lo proyectaron el último día, lo habían revelado, editado y sonorizado. Me encontré con un cineasta que había trabajado con el gran Parajanov y él decía: “sigo un poco los pasos del maestro” y me explicaba que al Estado le gustaba un cine más popular pero él hacía un cine donde planteaba la idea del hombre y la imagen y le hacían 1200 copias de cada una de sus películas y hacía una por año. Yo estaba contento cuando me hacían cinco.

–¿Cómo resultó la recepción de sus películas?

–Ellos me dieron una gran devolución porque vivíamos mundos diferentes, porque ellos tenían una estructura de pensamiento distinta, si bien había un control del Estado había mucha inversión, el niño iba a la escuela a la mañana y a la tarde  el que quería ser atleta o artista o científico iba a la escuela de Pioneros.

–En el año 2012 viajó en la comitiva de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner a Angola ¿Cómo fue filmar allí y representar a nuestro país?

–Me sentí muy contento ya que vengo desarrollando un vínculo con las culturas africanas hace mucho y un día le envié un mail a la presidenta del Incaa y le pregunté si iban a participar en la misión comercial en Angola y me contestó que sí y que le encantaría que yo estuviera con ellos. Luanda estaba colapsada por el tráfico, hacíamos un kilómetro en una hora y había un Stand de cine argentino y el stand del Ministerio de Cultura de la Nación. Hay un video con la gente haciendo cola para comer un choripan. Para mí fue muy importante que la Argentina mire hacia otro lugar, que miremos hacia países donde tenemos algunas afinidades, entre otras cosas que los imperios nos sacaron lo mejor, nos robaron. En Angola la guerra civil terminó en 2003 y en el 2006 descubrieron cientos de pozos de petróleo y ahora descubrieron canteras de diamantes, pero los trabajadores de la cultura y los científicos o se fueron o murieron. Estar con la presidenta fue muy importante, tengo una gran admiración por muchas cosas que hizo por la gente y esto no lo voy a olvidar nunca. Después vino a Buenos Aires la Ministra de Cultura de Angola. Para un acto religioso fue a Luján a entronar una virgen que la trajeron de Angola, esa procesión fue lo más lindo que pasó en la Basílica, entraron cien mujeres negras con sus paños y canastas con ofrendas con frutos cantando sonidos africanos con textos cristianos, los ritmos del tambor le dieron color, le dieron vida. Muchos piensan que se bajan del avión y hay leones en África.

–¿Cómo recuerda hoy a su amigo y colega Jorge Polaco?

–Difícil porque fue toda una historia con él desde el primer largo metraje en súper 8, “Las caras del espejo”, donde él debutó en cine como actor y asistente mío hasta ver la lucha que él tuvo con una de las enfermedades más crueles que es el Parkinson, fueron 10 años de degradación y se arriesgó a hacer tres películas muy fuertes como Diapasón, En nombre del hijo y Kindergarten, En el nombre del hijo una película muy irreverente para una sociedad enquistada en un pasado del Medioevo. Lo que más quisiera es que se puedan masterizar sus películas, que se puedan mostrar porque tiene un legado, es un cine bastante atípico, muy original, no tiene un solo plano que alguien diga “esto se lo copió”. Aprendí de él muchas cosas porque él ya tenía un bagaje cultural, me ayudó mucho cuando yo estaba haciendo De las caras del espejo. Me ayudó a modificar algunos textos, él estaba haciendo asistencia en una obra de teatro y ahí se enamoró del cine, hicimos un corto juntos Esta ciudad nuestra, la historia de Buenos Aires contada a través de las calles y cómo se fue transformando. Ahí Jorge Polaco hizo su primer corto, Margotita, con su actriz fetiche y yo hice la cámara, la fotografía, pero él fue el director.

–¿Cómo evalúa el trabajo en Fuego Gris con textos de Spinetta?

–Lo vi a Luis un año antes de que falleciera porque me convocaron como jurado en un concurso de guiones para cortometrajes sobre el tema de Ecos (N. de la R.: la tragedia de los chicos que murieron en un accidente de ruta 11 en Santa Fe cuando regresaban de realizar trabajos solidarios al Chaco) estaba Vera Spinetta en el jurado. A Luis lo volví a ver muchos años después y fue un lindo reencuentro él siempre fue muy cariñoso, lo vi más flaco que de costumbre él fumaba mucho, mucho…Le conté como era la idea una película un poco surrealista y le pregunté si quería componer un par de canciones nuevas, le leí el guión después de una hora de lectura apaga su cigarrillo me mira y me dice: “¿Vos qué tomás que no lo conozco?” y dice “Este pibe está muy loco” (risas) me dijo que lo iba a pensar y charlamos un poco más. A la mañana del día siguiente me llamó y me dijo que iba a hacer toda la música de la película, casi me desmayo y compuso 17 canciones para la película.

–¿Viajar le sirvió para ejercitar tu ojo de cineasta, lo estimuló para crear su obra ser un gran viajero?

–El viaje es por afuera y por adentro eso es lo maravilloso que tienen los viajes, a mi me modificaron mucho, modificaron mis guiones, conocí autores, a mi me sirvió para ampliar mi mundo y cambiar muchas cosas de lo que estaba haciendo, conocí civilizaciones perdidas en el Africa que aún se cree que usan taparrabos y tocan un tambor como en las películas de Tarzán pero sin embargo hay todo un lenguaje, un mundo por conocer.

–¿Cómo influye en usted el trabajo de obras literarias dentro del cine en especial la obra de Victoria Ocampo?

–Yo había hecho un corto sobre Memorias de un loco, de Nokolai Gogol y me interesó el vínculo de Rabindranath Tagore con Victoria Ocampo, Tagore llegó a la Argentina en 1924, su salud no era buena y Victoria que una admiradora de él y que gran parte de su vida dentro de una sociedad de la aristocracia donde ella vivía se modifica gracias a la literatura de Tagore hace una gran difusión de su obra en la revista Sur y cuando le dicen que está enfermo sale a buscar una casa para él, hermosa frente al río. Se vuelven a encontrar en el año 1930 en París lo va a buscar a la Costa Azul y como él hacía garabatos cuando escribía ella le dice “Esos garabatos son muy bonitos” y hacen una exposición en la Galería Le Pigalle, él le propone ir a la India pero ella va a Estados Unidos a buscar un sponsor para la Revista Sur. Victoria no terminó pobre pero fue vendiendo todo lo que tenía para solventar la Revista, lo único que le quedó fue la casa y la donó a la Unesco de hecho es la única propiedad que la Unesco tiene en el mundo en Villa Ocampo aquí en San Isidro. Siempre hay que discernir entre aristocracia y oligarquía.

–¿Cómo evalúa las políticas del gobierno en el sector audiovisual?

–Miro con preocupación lo que está pasando. Admito que cada uno tenga una mirada sobre la sociedad, pero no se puede destruir todo lo que se construyó, no podemos regalar los satélites, no se pueden regalar los sistemas de comunicación, porque la comunicación es poder. “Cuenta una mentira mil veces y la tomarán por verdad” dijo un ex jerarca nazi. No se puede someter a una sociedad a cuatro aumentos por año con la luz o el agua y el gas. Cerraron bares históricos con esta política económica. Viví la discriminación en su película Orillas donde hablo de las raíces negras de la población en Buenos Aires. Pero se instaló el negro como algo malo, lunes negro en los mercados, trabajo en negro, tuve un día negro en los medios en los títulos de diarios y en la TV. Algo bueno es que el Incaa se está encargando de restaurar las películas y se ha dado lugar a que se forme la Cinemateca Argentina lo quiero destacar entre tantas turbulencias como el intento de sacar el impuesto al Cine. Si lo llevan a la práctica ¿de dónde va a venir los fondos para el Incaa?


¿Por qué Pablo César? 

Los sueños en celuloide

Pablo César nació en 1962 en Buenos Aires, a los tres años hacía historietas y las tuvo que aprender a través de un curso por correo porque no había una escuela donde formarse. En 1984 estudió Semiología y Semiótica del Cine en la Universidad de París 8 en Saint Denis. Fue uno de los primeros docentes de la Fundación Universidad del Cine que dirige Manuel Antín en el barrio porteño de San Telmo y en los países que recorrió ayudó a la formación de cineastas africanos. Filmó Equinoccio el jardín de las rosas, Unicornio (el jardín de las frutas), primera coproducción con la India; Orillas, primera coproducción con Benín; Afrodita (El jardín de los perfumes), primera coproducción con Mali. Obtuvo distinciones en nuestro país y premios internacionales en festivales de Francia, Canadá, Bélgica, Burkina Faso. En 2017 se estrenará Pensando en él sobre el vínculo entre Victoria Ocampo y Tagore con Eleonora Wexler y el actor indio Víctor Banerjee. “La travesía del descubrimiento no consiste en buscar paisajes nuevos, sino en poseer nuevos ojos”, escribió Marcel Proust y ese es el espíritu que animó su vida de cineasta. Fue docente de Jorge Polaco y aún recuerda cuando en los años de dictadura en horas del amanecer veía zapatillas tiradas en la calle, una imagen fuerte y disparadora para próximas películas, son recuerdos de un hombre que en su caso viaja para filmar y construir proyectos para que el cine de autor no quede en el olvido.