Entrevista a Martín Jaite, ex número diez del mundo
El hombre que respira tenis
Pilar fundamental del equipo de Copa Davis tras el retiro de Vilas, es organizador del Argentina Open desde 2001, forma parte de la dirigencia de la AAT, trabaja como comentarista y atesora una carrera de primer nivel. Un multifacético que jamás se alejó de la raqueta.
El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia.El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia.El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia.El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia.El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia.
El tenis ocupa todos los espacios de la vida de Martín Jaite, y su oficina lo evidencia. 
Imagen: Alejandro Leiva

En aquella pequeña oficina, ubicada debajo del Court Central Guillermo Vilas del Buenos Aires Lawn Tennis Club, no se respira otra cosa que no sea tenis. Al meterse en las entrañas del mítico estadio, se puede ver una pared cubierta con imágenes de jugadores y momentos de la historia. Una vez en el despacho, la mesa se encuentra rodeada por cuadros de victorias memorables, raquetas colgadas una al lado de la otra y pelotas por doquier. Y no es para menos: retirado del profesionalismo hace más de 25 años, su vida sigue tan ligada al deporte como en los viejos tiempos. O quizá un poco más, porque todas las actividades del ex número diez del mundo parecen exceder las veinticuatro horas del día.

“Hago varias cosas pero todas están conectadas. Organizo el Argentina Open desde hace muchos años, trabajo en TyC Sports, ayudo a la nueva dirigencia de la Asociación Argentina de Tenis –integra la comisión fiscalizadora– y dirijo una carrera universitaria de gestión deportiva. Todo tiene que ver con esto que hago en mi vida post tenista”, cuenta el todoterreno Martín Jaite, en una entrevista con Líbero que se extenderá durante una hora y que atravesará todos los tópicos: del jugador al organizador, del tenista al deportista jubilado y de los cambios del ATP de Buenos Aires a la actualidad del tenis argentino.

–¿Está preparado el tenista para ese momento?

–Cuando el tenista se retira inicia una nueva vida, porque forma parte de ese grupo de personas que se jubila a los 30 o 35 años. Cuando la gente arranca una carrera el tenista ya la está dejando. No puedo decir cómo es la vida de una persona que se jubila a los 65 años, pero sí puedo decir que es atípico jubilarse con 30. Y por eso es complicado estar preparado. En la mayoría de los casos no te retirás del tenis, el tenis te retira y te va alejando por los resultados. En un deporte colectivo todo pasa por el gusto del técnico, pero en el tenis te marca el ranking. El tenista está acostumbrado a competir en determinado nivel. Cuando empezás a jugar en una categoría inferior, y te ganan los que antes vos podías superar más fácil, te vas sacando solo.

–¿Cuando te retiraste tenías idea de lo que ibas a hacer?

–Yo me retiré en septiembre de 1993. Empecé a pensar en el retiro un año antes. Ya había nacido Sol, mi primera hija, y los viajes empezaron a cambiar. Coincidió también con que yo bajaba en el ranking. No tenía decidido lo que iba a hacer pero cuando jugaba me gustaba organizar. Con mis amigos organizaba los torneos de truco y en mi carrera organizaba mis propios viajes. Era fanático de los aviones, pero no de volar, era bastante enfermo y me conocía todos los horarios de los vuelos. Yo armaba mi propio circuito. Y me retiré cuando dejó de haber torneos en Argentina, entonces ocupé un lugar que estaba vacante.

–El rumor es que te retiró Daniel Jakubovic…

–Es verdad. En la última gira le pedí a mi mujer que me acompañara con Sol, que era chiquita. Fuimos a jugar un torneo a Venecia y perdí en primera ronda con el español Juan Gisbert, que un par de años antes era como un peloteador para mí. Me quedaban tres torneos y esa noche me llamó Jaku, me contó que tenían los derechos para transmitir la Copa Davis de fines de septiembre en Budapest (NdR: derrota 4-1 de Argentina ante Hungría por la reclasificación del Grupo Mundial) y me preguntó si me gustaría comentar con Bonadeo. Me puso en un compromiso porque me estaba retirando y no tenía mucho tiempo para pensarlo. Decirle que sí significaba dejar la gira. Entonces acepté y aquél fue mi último partido. En realidad después jugué en San Pablo pero fui a acompañar a Miniussi y jugué la qualy.  Después de esa Davis quise tomarme un año sabático para pensar qué hacer pero me duró tres meses. Estuve en Punta del Este, volví a Buenos Aires y empecé a trabajar los sábados en la Rock and Pop con Marcelo Gantman. Así me fui metiendo como comentarista.

–¿Y cómo nació el Argentina Open?

–A veces hay que tener suerte. Cuando me volví a la Argentina en 1983, un par de días antes de que el gran Raúl Alfonsín asumiera la presidencia, no sabía si podría jugar al tenis porque no tenía un peso. Junté guita y me tiré el piletazo: fui a jugar la qualy de Roland Garros y en la última rueda le gané 7-6 en el tercero al israelí Shahar Perkiss. Ahí me definí como tenista profesional. Me pasó igual con el Argentina Open. Organicé un Challenger en 1995 en Mendoza y al año siguiente no lo pude hacer por falta de sponsors. Pero cuando hacés un torneo ATP queda un registro. En 1996 el norteamericano Butch Buchholz, que era dueño del torneo de Miami, tenía la fantasía de hacer un Masters 1000 en Sudamérica y se le ocurrió armar un circuito de Challengers para despertar al tenis de acá. Entonces preguntó en ATP quiénes fueron los últimos organizadores y en Argentina era Jaite. Me gustó el proyecto y así hicimos la Copa Ericsson durante cinco años. En el quinto año se abrió una licitación para comprar la plaza del ATP de Atlanta y Buchholz decidió traerlo a Buenos Aires. Peleamos contra los brasileños y ganamos la plaza. Buchholz fue dueño del Argentina Open de 2001 a 2009 y se lo vendió al puertorriqueño Miguel Nido, que a su vez le vendió hace casi dos años un porcentaje mayoritario a Tennium, una empresa que tiene base en Barcelona y también es dueña de Amberes.

–Siempre se habló de subir de categoría el torneo o pasar a cemento, ¿es factible en una economía tan volátil?

–Entender este país para los que no son de acá es casi imposible. El nuevo dueño, mayoritariamente belga, no puede creer cómo el dólar se va a la concha de la lora de un día para el otro. En medio de esa inestabilidad el torneo es estable, pero se complica proyectar un crecimiento. Para tener un cambio grande habría que pasar de 250 a 1000; pasar a 500 no cambia porque el cuadro siempre nos acompaña. Nos favorecemos por la semana porque estamos antes de Río, que es un 500 y tiene prácticamente los mismos jugadores que nosotros más allá de tener mejores premios. Hace unos años era fuerte la idea de pasar a cancha rápida; sigue en pie pero antes estaba más caliente. Vamos de la mano de Río, si Río cambia a nosotros nos haría bien cambiar porque el tenis de hoy es más homogéneo y casi no tiene especialistas.

El equipo argentino de Copa Davis venía de ascender al Grupo Mundial en 1989 tras ganar la reclasificación ante Gran Bretaña, en Eastbourne y sobre pasto. Jaite, Luli Mancini, Javier Frana y Gustavo Luza, el plantel. La misma formación luego vencería 3-0 a Israel por la primera rueda en 1990. Y Alemania aparecía en cuartos. Sin Boris Becker, el rival llegó al BALTC con Jens Woehrmann, Carl Uwe Steeb, Eric Jelen y un desconocido Michael Stich, abocado sólo para el doble.

Mancini destrozó a Woehrmann y lo dejó fuera de la serie. Jaite arrancó el viernes y terminó de caer el sábado ante Steeb. Stich la rompió en el doble, entró el domingo por el desgarrado Woehrmann y descolló ante Jaite. El alemán de 21 años ganaba 3-1 en el quinto set y, en una pelota decisiva, tiró un passing que pegó en el soporte de la red y se le metió por atrás a Jaite. Todo parecía perdido. Pero el argentino jugó el tenis de su vida, remontó y cerró el último parcial 6-3. Mancini completó la faena el lunes contra Steeb y desató la fiesta: Argentina era semifinalista mundial por primera vez desde 1983. “Mi mayor sensación como jugador fue aquel partido contra Stich. Ese día dije ‘qué bueno haber sido tenista’. El triunfo me hizo sentir que el tenis ya me había dado todo y que lo que viniera después sería yapa”, rememoró Jaite, un hombre que sintió la Davis como pocos, respecto de la emotiva victoria ante un jugador que luego llegaría al número dos del mundo y ganaría Wimbledon, el Masters en Frankfurt y la vieja Copa Grand Slam.

–¿Cómo viviste la conquista de la Davis en Zagreb?

–Creo que la ganamos en el momento menos pensado. Si hacemos retrospectiva, la Copa Davis debimos haberla ganado muchas más veces. Las posibilidades habrían crecido si hubiésemos jugado más en equipo. Ganarla en 2016 fue sorprendente porque se recuperó Del Potro, que no venía jugando. Pero el gran logro de ese grupo fue que los que acompañaron a Del Potro jugaron por encima de su nivel. Cuando Mayer, Pella y Delbonis tenían que ganar lo hicieron.

–Ahí tuvo que ver Orsanic, que puso el equipo por encima de todo.

–Hay una realidad: evidentemente Orsanic trabajó bien. Uno siempre dice que son los jugadores los que ganan o pierden, pero también la conducción tiene que ser buena. A juzgar por el resultado la conducción fue muy buena. Después podemos criticar ciertas actitudes pero los resultados fueron muy buenos.

–¿Y cómo lo ves a Gaudio en ese rol de capitán?

–Lo veo muy bien a Gastón, está muy enganchado. Es un tipo que sabe mucho de tenis. Tiene mucha sensibilidad; a veces uno lo ve volátil, y lo es, pero creo que va a hacer un buen trabajo en esta etapa.

–¿Qué te genera el nuevo formato?

–Tenemos que ver cómo funciona. Como todas las cosas, el tenis también se tiene que aggiornar, es parte de la nueva era. La idea de juntar a tantas figuras en una semana es muy buena. Y este cambio responde a un pedido, porque los mejores no estaban jugando con el otro formato. Con las exigencias de hoy, jugar la Copa Davis cuatro semanas al año quizá es mucho. Acá tienen que apoyar los jugadores; si ellos no apoyan no hay formato que sirva.

–El apoyo es una incógnita: Nadal confirmó que va a estar en Madrid pero ahora se suma la Copa ATP en enero y también está la Laver Cup de Federer.

-Esas cosas le pasan al ser humano cuando hay poderes y plata de por medio: en vez de unir se pelea. La ATP ya tuvo competencia con la Copa Davis porque hizo la copa del mundo por equipos. Y esta Laver Cup, que es una especie de Ryder Cup de tenis, también puede ser una competencia. Igual yo siempre digo que la Davis es la Davis y va a ser muy difícil suplantarla.

–¿No pierde la esencia sin la localía, por más que mantenga el nombre?

–Si tenés suerte una vez al año podés ser local en la ronda preliminar. Igual la Davis sigue siendo la Davis. Sí, algo se perdió, es verdad, pero yo veía la NBA cuando los jugadores usaban las All Star y ahora usan zapatillas tecnológicas. ¿Perdió la esencia? No sé. Al tenis se jugaba con las Stan Smith y ahora no podés jugar con esas zapatillas. Estos cambios van de la mano con eso.

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